Mientras respiremos, nada está mal

19.9.15

Yo para vos, vos no para mi

Una y otra vez, la misma historia se repite en mi cabeza, en mis sueños, en mis duchas, y en cualquier momento de desconexión con el mundo. Vos, yo, juntos. Y es lindo, porque aunque el escenario cambie y vos también, siempre se mantiene esa fiel escena en la que vos me demostrás a mí cuánto me amás, y en ocasiones, hasta me querés más vos a mi que yo a vos. Esa escena tan lejana a mi realidad, tan perfecta como imposible, para mí. Como si ninguno de tus muchos roles pudiera quererme, en la vida real. Y valorarme, y darme besos, y abrazos, y estar para mí cuando lo necesite. Es duro de aceptar, pero es así. Yo para vos, vos no para mí. Mi eslogan característico. Así que mientras me baño y se me escapan unas lágrimas modestas, no puedo evitar largar un suspiro caliente como el agua que me está dando en la espalda, y tan profundo como lo que siento por vos. Y entre la resignación por no encontrarte en este mundo (y si en el de mis sueños) y la triste realidad de saber que ese hermoso amor mutuo no existe, intento cambiarte la cara, e imaginar que es otro el que me ama como yo a él, porque quizás así sea más posible.
Pero no consigo suspirar, y me doy cuenta que siempre, por más idas y vueltas que tenga(mos), y por más lágrimas que yo exteriorice por tu culpa, siempre, pero siempre siempre, va a ser más lindo imaginar esas historias, con vos. Con TUS ojos celestes y tu facilidad para hacerme reír a carcajadas aunque todo lo que me rodee sea una mierda. Y CON VOS, aunque nada sea real. Vos. Siempre.

11.9.15

Ya no sé lo que me pasa cuando estoy con vos.

No sé. Ni idea qué es lo que me pasa cuando te veo a vos. Tampoco sé con él, ella o conmigo. Sólo sé que pasa. Te miro, me mirás, sonreímos y no nos importa nada más. Me destruiste, y lo asumiste el mismo día que acordamos que si yo no te hablaba nunca más, vos respetabas mi decisión. Porque sabías lo que habías hecho y entendías mejor que nadie mi dolor. Pero a ninguno de los dos nos importó. No sé cómo, ni por qué, pero estando con vos, pasa. Sonrío, disfruto, vivo. Y aunque por dentro esté rota todavía te quiero. No sé de qué manera, pero sé que te quiero. A vos, a él, a ella, y extrañamente, a mí.

Seré así con todo o el mundo que pasa por mi vida sólo a romperme. Me destruyen, me rearmo, me completo y logro ser yo de vuelta. Hasta que alguien igual de cruel y humano me hace llorar y reprocharme a mí misma por qué mierda lo conocí, y peor, por qué todavía lo quiero.

Pero nada de eso importa. Ni mis lágrimas pretéritas, ni mi corazón roto, mucho menos mi palabra. Lo prometido no se cumple, como tantas otras veces, y no puedo evitar (aunque deshonre a mi orgullo) tomar, bailar y reír cuando estoy con vos. Como si me construyeras en un segundo lo que yo siempre tardé años; como si en una noche me hicieras volar, y al volver a casa, me empujaras vos mismo al vacío.

Me soy infiel a mí y a vos te amo. Y aunque destruyeras todo lo que me completa, te seguiría queriendo, a menos que fueras capaz de destruirte a vos mismo.