Mientras respiremos, nada está mal

26.2.15

Cruel resignación

Juntada grupal. Había sido preparada perfectamente. No podíamos estar más manijas. Puerto Madero, casa sola, escabio y amigas. No necesito nada más, gracias. Habíamos encontrado a un amigo en puerto, que venía con dos amigos. "Parecen confiables", pensaron algunas de nuestras mentes. A ese pensamiento lo acompañó el muy obvio flash de invitarlos a escabiar a la casa de mi amiga. Menos para nosotras, pero un par de pibes no venía nada mal para nuestra muchachada cien por cien femenina. Tres chicos - cinco chicas. Impar. Desigual. Pero eso no importaba en el momento de la invitación. Estaba totalmente descartada la posibilidad de que NOSOTRAS, estuviéramos con ESOS chicos. Osea hello, ¿no nos ves?.Empezamos a tomar alrededor de las diez. No habíamos cenado porque paja cocinar. Y más con pibes. Además menos comida para nosotras, y ESO NUNCA. Tipo doce, a algunas debiluchas del alcohol ya nos había empezado a pegar. Quizás era por no comer nada por pajeras. O quizás habíamos tomado demasiado junto. O las dos cosas. Demasiada ilusión frente a tanto alcohol en una sola mesa. Mucha gloria. Lo que viene después, son obviedades o cosas que tranquilamente pueden pasar en un grupo de 8 personas en pedo. O bueno, 8 personas con algunos en pedo: vino en la pared, baile todos juntos, fotos que quién sabe cuando fueron sacadas, cama rota, una amiga y un pibe en una cama, un pibe y yo en la silla de la computadora (yo arriba de el. Sí.), "Te quiero yo y tu a mi.." de Barney de fondo, una amiga en el piso o caminando a lo más torpe y un par medio conscientes cocinando.
Ya se habían hecho las dos y media. El alcohol ALGO, aunque sea un poco, nos había pegado a todos. La condición que había dado la que era dueña de la casa para que fueran los pibes era irse tipo doce. Eran las dos y media. Ya no había música, ningún valiente ponía ninguna canción, ya no había la onda del principio. Había dos parejitas (), una medio que medio con otro, y las que cocinaban. Era momento de que se fueran, y así lo hicieron. Había terminado todo de cualquier forma, pero no estaba en nuestros planes que todo fuera así. Ojo, no habíamos hecho nada malo. Ningún pecado había sido cometido esa noche. Fuimos unas pibas más tomando con unos amigos. De esas banditas hay muchas. La habíamos pasado bastante bien para ser de nuestras primeras noches así. Solamente que medio cualquiera chapar con pibes que recién conoces. Pero un pedo y un poquito de ganas todo lo pueden.
El hambre nos carcomía el estómago a todas y el olor a milanesa flotaba por la casa. Una de las que cocinaba salió disparada de la cocina hacia la habitación sin pronunciar palabra, enojada. O por lo menos a mi. Quedábamos cuatro en el living y una que tenía confianza con la que se había ido a consolarla. Quedamos tres. Dos éramos de las que habían estado con dos de los pibes; la otra era una que estaba cocinando. Se escuchaban gritos entre sollozos, con algunas gotas de alcohol. En el living, la conciencia empezaba a atormentarnos. O por lo menos a mi. La que suele pensar todo intensamente. Que exprime cada aspecto de un problema. Cada posible causa. Y ese era un problema.
Pasaban cinco, o quizás diez minutos y se seguían escuchando gritos. Todo se estaba yendo medio de las ramas. La idea para nada era esa. Ni en el palo le pegaba. La que pensaba todo, necesitaba hacer algo. Yo, necesitaba hacer algo. Quedarse de brazos cruzados nunca.
Y después de muchos intentos por entrar, pude. Ya estábamos las cinco en un mismo cuarto. Ahora había que hablar y arreglar las cosas, nada más.

**

T,J,L,M y yo estábamos en el cuarto. T consolando desde la cama de al lado a L, la que llora en una cama donde está ella sola. J, M y yo en la cama donde está T, la de al lado. El problema era con la que piensa todo y necesita resolver sus quilombos: yo. Era un cara a cara con opiniones intermedias a favor y en contra, un debate. Contar parte por parte es largo y en vano. El motivo de la pelea fue que me besé con un pibe al que L le tenía ganas. O ese fue el motivo principal (porque después, eso cambió). Estaba mal lo que había hecho, ponele. Pero qué, ¿te vas a enamorar de un pibe que conociste esa misma noche? Además, ella me había dicho que me lo comiera, que me lo comiera, que estaba buenísimo, y yo no quería; hasta que el pedo me consumo y bueno. Todas estábamos medio idas, incluso yo, la pensativa; y más que todas, L, la que lloraba. Le había pegado medio tarde a diferencia de las demás. Pero la gota de conciencia la teníamos todas en esa habitación, y eso es algo asegurado. Como dije antes, es largo y en vano contar parte por parte la discusión. Parecía todo haber empezado por el pibe, pero con el paso de los minutos y de las cosas que decía, se fue pareciendo más a una descarga. Una mochila que llevaba en la espalda y quería descargar. Un resentimiento, cruel y profundo. Una verdad guardada. Las cosas que me dijo, fueron terribles y la palabra queda chica. Nunca me había sentido así en mi vida. Cada lágrima era un noventa y nueve por ciento sentimiento, y uno por ciento agua. La pelea duró desde las dos y media hasta las seis, cuando todas nos dormimos. Todas ahí presenciamos su descargo. Todas. Pero ninguna, podía sentir la sensación que yo sentía. Era un vacío, gigante. No podía creer lo que escuchaba. Por lo general, yo asocio el vacío con la decepción. No sé por qué. Pero quizás eso sentía: vacío y decepción. Juro que la sensación me invadía el alma completamente. Me sentía tomada. Débil. Frágil. Inmune. Indefensa. Vacía. Decepcionada. Usada. Traicionada. Pelotuda, por haber sido tan buena amiga con alguien así. Yo contestaba, aunque fuera lo último que dijera y lo dijera llorando como nunca antes. Porque soy así. Y contestaba con el alma. Con razón. Con verdad. En sus frases había odio. Y yo lo sentía. Había resentimiento. Odio. Cada cosa era una flecha dentro mío. Cada cosa me debilitaba más y me hacía sentir más vacía.

Quizás para algunos las partes en las que digo que me sentía completamente vacía, con el alma destrozada, y decepcionada, sean solo palabras. Quizás nunca hayan sentido algo así y sienten que exagero. Pero cuando se quiere tanto y después uno se desilusiona así, se siente exactamente eso: el alma rota. No es exageración bajo ningún punto, y el día que se siente es el día que se entiende.

**

En un momento, me abrazó. De la nada. Yo la abracé. Aunque hubiera llorado terriblemente, aunque me sintiera de la peor manera. Correspondí ese abrazo. Me tragué todo lo que le podría haber dicho. Me tragué el empujarla y no abrazarla, o por lo menos evitarla. Pero no, seguí fiel a mi estilo. Seguí siendo buena con ella. Pensé estaba en pedo. no pensaba nada de eso de mi. por ahí ahora se duerme y se calma: aunque no me la creía nada, tenía la esperanza prendida, como siempre. Pero un rato mas tarde, seguiría. Otra vez. Yo ya estaba destrozada. No podía estar peor. Hubo un momento que ya ni lloraba. Y es hasta hoy que no lloro. Porque ya no tengo por qué llorar. Porque ya entendí. Porque ya estoy resignada.
Quizás meses antes, le escribía en un testamento por su cumpleaños "Pasamos tantas juntas". Porque cada una de las que pasamos me hizo quererla más. Cada día, mi amistad con ella aumentaba. Porque así soy con todo el mundo. No importan las peleas acá. Soy una persona muy conflictiva, sí, pero se diferenciar entre peleas grandes y peleas chicas. Y ese día, no importaron las muchas que pasamos, No importó todo el tiempo que pasamos juntas. En un día, en un segundo, se podía derrumbar todo. Con una palabra me rompía. Con una sola palabra, me podía destrozar. No solo por lo que decía, sino de quien venía. Es cuando el "forra" o "hija de puta", se siente de verdad. No lo escuchas, lo oís. No mirás, lo ves. Porque no es en joda o de buena manera. Viene del alma.
Sé distinguir entre peleas de las que se sale con charlar un rato cuando se pasa la calentura, y peleas que quién sabe cuando dejan de sentirse en el alma. Porque sé de peleas. Y tanto se distinguirlas, que esta es la primera. Sé diferenciarlas perfectamente, no por que crea que me las se todas, sino porque lo experimenté. Porque experimenté la sensación de una pelea así y por ende, me di cuenta que esa fue la primera vez que me sentí así. Fue la primera vez en mi vida que sentí una pelea irremediable. Y ahora estoy resignada. Estoy rendida. No espero ni busco nada. Hablamos normal. Pero ya no siento ganas de nada. Y es una de las cosas más tristes que dije en mi vida. Pero es así.
Ojo. Semanas después (sí, semanas), me explicó que un par de cosas eran ciertas, que no se acordaba de muchas y que no me odiaba ni nada. Que seguramente había sido en pedo. Le expliqué exactamente cómo me sentía. Quedó todo "ok". En esos días me hablaba, como si estuviera todo bien. Y yo igual. Obviamente no nos decíamos que nos queríamos ni nada, ni tampoco sentía confianza o ganas de hablarle pero igual lo hacía. Soy una persona muy pensativa, y esto de escribir me hace serlo más. Relaciono muchas cosas con frases popularizadas o que se andan diciendo por ahí. O que conozco y cuando leo pienso cuánta razón en una sola oración.
Hay una frase, conocida, que dice que los borrachos, los niños y los locos dicen la verdad. Es subjetiva. No se puede generalizar así tampoco. Encerrar a todos los nenes, locos y borrachos en una misma bolsa. Pero esa vez, me guié más por la frase que por las explicaciones que me pudiera dar ella después. Y no sólo por esa frase; sino también por lo que yo sentía. ¿Y quién no se guía por lo que siente?. Cada palabra sonó tan verdadera y tan salida del alma, que es hasta el día de hoy que sigo guiándome por la frase y por mis sentimientos. Aunque quiera, no puedo creerle. Es triste. Quisiera creerle, pero uno siempre quiere tantas cosas, y pocas se cumplen.
Quizás espero al tiempo pero a la vez no lo espero. Pretendo que algún día vuelva a ser todo como antes. Pero a la vez, me quedaría así con ella para siempre. Como si nunca hubiera pasado por mi vida.



23.2.15

Especial I

¿Quieren la corta o la larga? (estoy volviendo a mirar Casi Ángeles, sepan entender). Igual no importa, total aunque diga que voy a hacer la corta siempre hago la larga: No sé de qué escribir y quiero escribir, así que decidí hablar un poco sobre mi. Nací un 14 de junio, no importa el año, por cesárea a último momento. Supuestamente a último momento me di vuelta o una cosa así porque inquieta y revoltosa de la panza al cajón. Pero a pesar de eso, mi vieja no tuvo complicación en nada, según ella, mientras le cortaban al medio charlaba lo más campante con los médicos -anestesiada, obvio-. Y en el embarazo nunca tuvo antojos, ni estuvo sensible, ni nada de eso. No sé a quien salí por ese lado -chiste malo-. El parto fue tranquilo, con tiempo. Fui la primera, la buscada, deseada y recibida con los brazos sinceramente abiertos. Si me preguntás algo de mis tres o cuatro años, poco me acuerdo. Si me decís algo que sepas que hice y en verdad lo hice, por ahí me acuerde, como por ahí no. Según mi mamá siempre fui tranquila de bebé. Fui a un jardín las dos primeras salitas, y a la de 5 me cambié a una escuela que sería prácticamente mi vida hasta séptimo grado. De ahí me llevo una vida entera. Personas increíbles es poco, no solo por los amigos que hice sino por todo lo demás. Y la contención, ni hablar. Para primer año, me cambié a una secundaria en la que todavía estoy estudiando. También conocí personas increíbles, aunque al principio pensaba que nada igualaría o superaría mi anterior escuela. Ojo, no los comparo ni los mezclo. Frutas con frutas, verduras con verduras. Fue un mundo distinto. Ese año fue un año de un cambio de 180º -y eso que para mi cada día es algo nuevo-. Caí y entendí muchas cosas. Crecí. Razoné usando más la razón. Empecé más con las jodas y toda la bola -TODA la bola-. Hubo un pibe que la verdad no sé describir qué generó en mi. No sabría usar palabras para contar qué me atrajo, gustó, enamoró, pareció lindo, o algo así. El fue mi clic. Fue el clic que supongo toda mina tiene, pero en fin, para más sobre eso hay más blog. Experimenté en carne propia o ajena un par de tantas realidades subjetivas pero objetivas a la vez que por desgracia son infaltables en cualquier entorno numeroso, como la falsedad, los códigos, los garcas, etc. Me encontré a mi. Fue un año de conocimiento tanto exterior como interior. Sé que queda más por conocer, pero espero lo que la vida me depare. Muchas veces me sorprendo yo misma con mis cosas, mi forma de ser. Así que para encontrarme o conocerme tenés que leer entre líneas. O verme en pedo. 1/2. Soy geminiana con ascendente en acuario. Y sí, sí. Creo en toda la boludez de los signos porque o la flashean exageradamente tan bien que la re pegan o tienen la bola de cristal, pero: es un dilema que no quiero pensar ahora. Futura periodista -sueno segura y optimista pero rareza-. No sé qué quiero ni por qué ando por acá, pero que sea lo que tenga que ser. Soy impulsiva, cambiante, y sé lo que querés que te digan. No soy insensible, o no piadosa. Pero con tal de sacarte una sonrisa, cualquier cosa. No entiendo de remates, por ahora. Cada oración es un mundo. Soy más cómoda que tu sillón. Hincha de River nivel tan hincha como para gritar hasta quedarme afónica cuando Barovero atajaba el penal de Boca, pero no tanto como para saberme su historia entera. Eso. Tengo una filosofía, creo. No es que siempre que me pasa algo, malo o bueno, la piense y me calme o me controle. O cambie algo. Pero, igual ahí te va: Nada es tan terrible o tan increíble. Todo pasa, aunque creas que esa es la catástrofe más catastrófica de tu vida, o la felicidad más grande de todas: siempre hay más.
Puedo ser la más tímida del mundo, pero cuando tomo confianza, agarrate fuerte. No soy para nada cerrada, ni terca. Si hay algo que me jode que me digan como "insulto", u ofensa son alguna de esas dos cosas, simplemente porque son lo que menos me caracteriza. ¿A quién no le gusta tener la razón? A nadie. Y menos, cuando en la discusión, el debate, o lo que sea hay multitud -aunque también haya unos que estando uno a uno no se lanzan al perdón-. Porque a nadie le gusta quedar como el pillo. Además de que después se aprovechan de eso y te toman como el/la gil/a. Está bien asumir errores, pero de la gota de orgullo que te prohibe pedir disculpas frente a muchos no se salva nadie. Si no fuera como son los pibes y pibas de mi edad hoy en día, me animaría a admitir que me confundí frente a mil personas. Ponele. Si yo sé que me equivoqué, sea cuando sea, lo admito. Si me la mandé, pido perdón. Siempre estoy totalmente abierta a escuchar opiniones, SIEMPRE QUE TENGAN FUNDAMENTO. Pero si vamos a pelear por pelear, sin lógica y sin fundamento, dale, tranqui, vaya y pase, es bienvenido. Y SIEMPRE que me lo digan de buena forma y no haciéndose los capos, tratándome como pelotuda o de ignorante. Hoy en día cualquiera opina de cualquier cosa. No hace falta mucho para soltar tu forma de mirar las cosas, ser un filósofo, un lector de años, un profesor o un escritor "profesional" (que valgan las comillas eh). Así que por ende tampoco me gusta que me digan ignorante. Soy demasiado indecisa, insegura y vueltera. No podría fingir amistad o amor con alguien que NO. Tampoco podría no tener amigos, y esa es una parte importante en mi vida. No planeo casamiento o hijos, aunque me encantan los nenes. Pero bueno, quién sabe, todavía soy chica. Nada en mi vida es firme o seguro. Amo la joda, aunque muchas veces elijo mi cama, una peli y un kilo de helado antes que salir -pero después me obligan y olvidate-.
Empecé a mirar series, empecé a escribir novelas, empecé un canal en youtube, tuve tumblr, una página en Facebook, otro blog, empecé libros, empecé un cuaderno de dibujos, diarios íntimos, y más. Muchas de esas series todavía me esperan en los favoritos para ver sus finales, las novelas sin terminar ahí están, guardadas en los documentos para darles un final; el blog, creo que fue eliminado por no tener nada de actividad; los libros, intactos y pacientes ahí me esperan, fuertes y firmes en los estantes. Los cuadernos y los diarios, quizás estén en los roperos llenos de garabatos y palabras que intentan formar oraciones coherentes. El canal de youtube, bueno, quién dice que debe tener final, pero no pasa de los 10 videos. La cuenta de tumblr, ni me acuerdo el nombre, mucho menos la contraseña, ni su temática. Soy más de lo espontáneo. Lo que nace del fondo de mi alma y crece hasta que para en la emoción y la ansiedad: y ahí lo concreto. Soy y tengo muchas cosas. Un día si, un día no. Lo único que hago siendo constante y rutinaria en mi vida es el colegio, y es por obligación. Quisiera ser periodista, escribir algún libro, viajar, llegar a lo más alto en un futuro. Quizás suene muy idealista, pero no está mal soñar mientras se pueda. 


Para más yo, acordate de leer entre líneas.

22.2.15

Auriculares enredados

Todos duermen menos yo. Y es lógico, siendo las cinco de la mañana. La computadora ya no me divierte. El  control de la tele quién sabe donde está y levantarme la veo difícil. Mi whatsapp está más muerto que mi vida sentimental. La única e inigualable salida a estas horas cuando el aburrimiento me sobrepasa es la música. Todo parece haber sido estratégicamente hecho para mi dificultad: tengo que buscar los auriculares. Pero para eso si me levanto, obvio. Los encuentro. No podrían estar más enredados. Y la verdad cero ganas de desenredarlos. No quedó otra.

Auriculares enredados y el aleatorio que no ayudan mucho. De repente suena "El mareo", de Cerati. La emoción puesta en esa canción me hace recordar y hasta sentir por mis venas historias pretéritas, algo olvidadas, anécdotas que reviven y salidas perfectamente planeadas.

"Así son las cosas: amargas, borrosas. Son fotos veladas de un tiempo, mejor". Nunca mejor dicho. En mi mente comienza a pasar una vieja cinta algo oxidada. Vieja no por el año en que sucede la historia. Sino vieja porque desde esos tiempos agridulces e inocentes, pasaron por mi vida innumerables cosas, más agridulces aún y menos inocentes. Si contamos la vida en momentos diría que pasó una eternidad desde esos tiempos mejores que ahora inundan mi cabeza, mientras la voz de Cerati me perpleja. Si contamos en meses, son unos 12. Aunque hacía 12 meses eran los últimos tiempos, porque si me pongo a recordar desde el 2006, ufa.

Termina la canción, pero de vez en cuando no está mal recordar y volver a sentir, así que me determino a ponerla de vuelta. Sí. Re gede. O re quema-canciones, pero soy así. Esta vez soy yo la que pone la cinta, no mi conciencia. Ahora soy yo la que cierra los ojos por voluntad propia y decido recordar en forma de película blanco y negro momentos ocurridos hace poco más de un año.
No sé si antes fue mejor o peor que como estoy ahora. Simplemente fue diferente. Creo que estaría mal comparar mi hoy con mi ayer, porque mi ayer fueron cosas, personas, tiempos, entornos totalmente distintos a los de ahora.

Que la pasé bien con esas personas, es indiscutible. Que la paso bien ahora con otras personas, también. Ponele. No puedo mezclarlas. A veces las mezclas no necesitan más ingredientes. Y creo que así es ahora. Lo de ayer, ayer se queda. Y si algo tiene que unirnos, el destino se va a encargar, como lo hizo siempre.

"Ya no me da pena, dejarte un adiós". Las despedidas son quizás más dolorosas que el recuerdo. Es el momento en el que por más que no quieras tenes que aceptar que se tienen que dejar ir, el uno al otro. Porque es ahora o nunca. Sino te despedís ahora, no va a haber otra oportunidad. Y quizás no estés preparado para despedirte. Por ahí todavía no asumís ese adiós. Por ahí no caés, que después de tanto tiempo juntos, tanto tiempo siendo uno, una unidad fuerte e insuperable, tengan que decirse chau, adiós, hasta siempre y buena vida. Porque no querés. ¿Y si no querés por qué tenes que hacerlo? Y si es así. La vida te empuja sola. Te lleva por la corriente y el camino que se le antoja. No podés decidir o cambiarlo. Pero volviendo, las despedidas son de lo más triste que hay, porque son a la fuerza. En algunos casos, decidimos aprovechar ese momento que alguien caracterizó como "despedida", para justamente eso, despedirnos: nos abrazamos, nos besamos, lloramos en el hombro del otro, nos separamos y nos volvemos a abrazar. Pero en realidad, la despedida no es esa. La despedida entre dos o más personas, no es cuando ellos no quieren despedirse e igual tienen que hacerlo porque alguien así lo dispuso. La despedida es cuando asumimos que ya no hay un día a día juntos. Ya no hay rutina que nos una, ni obligaciones que cumplir juntos. No hay trabajos en equipo ni excursiones opcionales. Cuando verdaderamente caes, cuando lo podés razonar. Cuando te das cuenta. Y ese día, no llorás. Porque ya lloraste. Tod...Aia. Se terminó la canción de vuelta. Replay. Quiero recordar de vuelta.


Todavía los quiero. Si. Quiero ese pasado feliz e inocente que algún día fue mi mejor presente. ¿Si lo extraño? Obviamente. Pero sé que solo fue una etapa. Fue la primer etapa de mi vida. Y por ende, la primera despedida, el primer hasta siempre y buena vida, y el primer tener que razonar que las despedidas son cuando asumís que ya no compartís nada con esa o esas persona/s. Para la próxima ya tengo todo esto entendido. Que seguro lloro, seguro lloro. Pero es inevitable el llanto y hace bien. También está bien que nos obliguen a las despedidas. Que prácticamente nos obliguen a llorar en el hombro de una persona que no queremos dejar que se vaya. Aunque sabemos que nos volveremos a encontrar: un encuentro de unas horas nada se parece al día a día. Y está bien, porque si lo pensamos, la muerte tampoco es por elección nuestra. Si fuera por nosotros, que los abuelos sean eternos. Pero lamentablemente, un día dejan de estar junto a nosotros y ese día lloramos porque no estábamos preparados para aquella partida. Y las despedidas son lo mismo. Pero algún día, lo asumís.


Así que llorá lo que tengas que llorar. Abrazá, y queré. Extrañá, pero no dejes de avanzar.  Y por sobre todo, no olvides recordar. Los auriculares enredados y el modo aleatorio por ahora siguen existiendo.
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Me agarra algo de sueño. Pero quiero dormirme viendo esa vieja cinta en blanco y negro que me transmite una sensación agridulce, llena de paz, felicidad y nostalgia.

REPLAY.
El aire me siega, hay vidrio en la arena 
Ya no me da pena, dejarte un adiós 
Así son las cosas, amargas borrosas 
Son fotos veladas de un tiempo mejor-






16.2.15

Touch and go

Confío que no me pasa a mi sola pero igualmente no me sirve de consuelo. En el momento que la situación se pone insoportable somos él y yo. No hay nada ni nadie más.



Tantas veces me planteé el "para él fui una más esa noche, para mi fue el mejor beso de todos, porque era de él". Cuando me proponía pensar en todo eso venía a mi mente un sinfín de pensamientos pero ese era el infaltable. Pensar que yo era del montón para el, y el para mi tan único, especial, difícil de conseguir. Y no por cómo fuera conmigo, porque su personalidad era igual a la de muchos otros. Su forma de tratarme era la misma que usaba con todas. Y la misma que la mayoría de los tipos usan con todas. Sino por como era él con el resto. El resto que quería, que enserio echaba de menos. Me gustaba como era con los que no eran yo, porque los que no eran yo eran los que el enserio quería. Porque a mi no me quería. Había algo en él que lo hacía así, tan especial para mí. Algo que me atrajo y me seduzco al punto de sentir que me había enamorado. Cuando me desilusionó -como era de esperar- de una manera más que común, fue el principio de un llanto, un miedo de días, y hasta meses. Y también el principio de pensamientos que me atormentarían cada noche. Y más que nada, de preguntas: ¿Por qué? ¿Qué hice yo para merecer esto? -la típica-. Y la respuesta: NADA. A todas les pasa lo de flashear casamiento con alguien que solo quiere algo momentáneo, para pasar el rato, para poner celosa a otra en quién de verdad está interesado, o simplemente porque le pintó, porque le tuvo ganas en ese momento, cuando está arregladísima, provocativa y linda; pero ella, vos, yo, no le teníamos solo ganas cuando está provocativo, lindo o arreglado y ahí está el crimen. Me, te, nos, usó como a una remera: se usa para una salida, y después de haberle dejado todo lo tuyo en ella, como perfume o manchas, se tira en cualquier parte sin importar en qué estado esté.
En nuestro caso el perfume y las manchas son recuerdos. Son preguntas. Son reproches. Cosas que quedan desde el día en que pasó ese hecho tan único y especial como él. Cosas que el dejó y no le importó llevarse. Y mucho menos, le importó qué causarían en vos a futuro.


Pero no vine a hablar de él como tema central, aunque le haya dedicado algunos párrafos -centralmente-. Sino de como todo vuelve. Algunas veces tan obviamente y otras que requieren de inteligentes deducciones o de flashes exageradamente exagerados pero que le pegan mal.

Para el pibe que me movió el piso en su momento, fui un toco y me voy y eso está mas que claro. Hizo lo que quiso. Yo lo disfruté porque era con amor. Y él, ni siquiera sé si lo disfrutó.
 Pero el ya es pasado; aunque en su momento, no pude entender el toco y me voy. Pero tenía una razón y era que el me gustaba. De cualquier forma me gustaba. Arreglado o no arreglado. Con ropa para salir o con uniforme. Recién terminado de un fulbito o recién bañado. Lo veía todos los días y cada día me gustaba más. Pero, lo veía todos los días y está dentro de la lógica del amor -si es que existe-, que me enamorara y a causa de eso y sus desencadenantes, sufriera.

Exijo explicación de cómo alguien que me besó un par de veces, me vio dos o tres veces, puede enamorarse y no entender el toco y me voy. Será mi karma o su personalidad enamoradiza, pero necesito que entienda que no hay amor, que el no es él. Que el no me dejó perfume ni manchas.

Que el no es el.

12.2.15

Sin previo aviso

Miro por la ventana y me pregunto cuál será su mágica receta. Cuál será el ingrediente esencial, y me propongo aunque sea saberlo. Todavía.

Hace meses que ya no hablamos ni nos vemos. Supongo que ni nos pensamos. Ni yo a vos ni vos a mi, aunque, aún hoy después de tanto tiempo, dudo de si alguna vez vos me pensaste (y encima te estoy pensando).
Sé que hay algo de vos que habita en mi pero no sé dónde. Estás oculto dentro mío y aunque te busque no te encuentro. Ya no es lo mismo que la primera vez. No te pienses que todavía te amo, que estoy enamorada de tu mirada, o que me encantan tus rulos o tus chistes malos. No pienses que te pienso. Que me voy a dormir con una imagen mental tuya. Ni que cuando me pongo los auriculares a la noche flasheo historias con vos. Que te comparo con todo y todos, te meto en cosas que nada tienen que ver con vos. Ni que hablo de vos con mis amigas. Sos tema cerrado y un innombrable en cualquier charla. Pero a pesar de eso cada vez que escucho tu nombre por alguna parte me acuerdo de vos, de nosotros, aunque sea por un rato.

Si pudiera volver el tiempo atrás cambiaría muchas cosas. Pero sin duda, no cambiaría lo que alguna vez sentí por vos. Porque todo lo que tenía que ver con vos me tenía locamente feliz. Por un tiempo fuiste mi vida entera. Estabas y tenías que ver con todo. Si iba a alguna parte me las buscaba para enterarme de si vos ibas y si así era horas antes empezaba un largo proceso de preparación dedicado solo a vos. Eras mi sonrisa. Mis ojos brillosos. Pero también fuiste mis lágrimas y mis meses de recuperación. Hoy en día sos mi miedo a lo nuevo. Sos mi miedo al amor. Y también hoy no te repetiría. Ya te aprendí y no necesito repasarte.

Y aún así, acá estoy, mirando por la ventana y pensando que tiene ella que yo no tengo. Me siento mal y otra vez por vos. Mal por tu culpa, porque todavía estás en alguna parte de mi y hacés que me cuestione cosas que no quiero cuestionarme. Y no te encuentro, aunque te busque siempre. Quizás algún día decidas irte solo, te des cuenta que no hay más que buscar en mi, porque, no necesito repasarte. Después de todo, entraste sin avisar y quizás así te vayas. Sos mi agradecimiento, porque el día que vino un miedo, vino una advertencia y unos consejos bastante útiles. Pero también sos tormenta en algunos días soleados.

Sé que estás adentro mío y por eso ahora te estoy pensando. Pero también sé que solo te pienso cuando no tengo preocupación, cuando estoy en blanco y ahí es cuando entrás vos a colorear todo. Porque hacía mucho que no te pensaba y hacía mucho que no me ponía en blanco. Porque vos en sí ya no sos importante, sino lo que me dejaste.


Que intentara cambiar lo que alguna vez sentí, significaría que claramente no entendí nada, o que interpreté todo de la peor forma. Ojo, no te digo que ahora de repente va a estar todo bien porque te interpreto perfecto, o te agradezco completamente que hayas entrado en mi vida a enseñarme sobre amor. Sinceramente, duraron más mis días y noches de llanto, que nuestros días felices -o por lo menos yo lo fui-. Pero en parte, aunque no haya sido obra tuya tu aparición, te agradezco algo. Porque fue el destino el que te puso pero vos el que me enamoró. Además, no me evito ninguna tristeza. La vida es eso. Es así. No hay eterna felicidad ni eterna tristeza. Si no eras vos era otro. Quién sabe que hubiera hecho otro, y mejor no averiguarlo.

Sos un fiel interrogante. Una pregunta que no logro responder. Un algo extraño e incierto. Una duda. Un circulo imperfecto, una puerta sin cerrar. No sé hasta cuando va a durar la incertidumbre, pero por ahora prefiero que te quedes así.



11.2.15

¿Por qué?

Entre vaivén y vaivén de amoríos pasajeros encontré una vez una foto con una mini historieta que me abrió la mente, me enclareció un poco el panorama. Y sí. Es chocante, en mi idioma, imbancable, o embroncable. Tanta realidad en una sola foto. Es de esas cosas que son tremendas pelotudeces pero no te das cuenta hasta que te lo dicen concretamente. Porque obvio, que salga solo, imposible. Entonces me reprocho como la mejor, por qué razón no me di cuenta antes.
Pero como dije, solo fue UN POCO. Porque hay veces que las contradicciones de las cosas dependen de quien las vea. Yo encuentro una contradicción que me vuelve a cerrar los ojos. Pero el choque, la primer lectura, es tremenda -o así fue en mi-.
Y dice así:
- Cuando entiendas que tenés que hacerte la difícil vas a encontrar a alguien que te respete de verdad.
+ Y cuando vos encuentres a alguien que te respete de verdad vas a entender que no tenés que hacerte la difícil.

¿Es fuerte no?
Siempre con ese disco rayado en mi mente que repite lo mismo todo el tiempo: "Hacete la difícil. Dejalo que se quede con la duda. Hacelo desear. Decile que no. Hacete la difícil...".
Pero obvio, el disco se puso en ON en mi cuando ya mi historia con el era cenizas -o la nada misma-.
Muchas veces me reproché por qué el disco no funcionaba cuando el y yo éramos algo -"algo"-.
Por qué no lo hice desear, por qué me entregué tan fácil, por qué me lancé a sus brazos sin darme cuenta que era como meterme sola en una jaula con leones. Me destrocé a mi misma.

¿Por qué?

Tiempo después, encuentro este mini diálogo que me abre los ojos, pero hay un algo extraño que siempre me los quiere cerrar.
Esta historieta mantiene firme que no hace falta hacernos las difíciles si en verdad tenemos a alguien que nos ama, o respeta. Y lo que yo pienso, es que cuando digo de hacerme la difícil, es cuando quiero "conquistar" a ESE chico -desde la última vez no tuve ni tengo a ESE chico, pero hablando hipotéticamente-, que encima de todo, TAMBIEN se hace el difícil. Así no vamos para ningún lado, señor juez; pero desde él yo no me rebajo a nada ni nadie. Aunque es obvio que si ya estoy en algo serio con ESE chico, no voy a seguir haciéndome la difícil, porque lo de hacerse la difícil es solo para el proceso de conquista.
Si analizo bien el diálogo, es como si hablara de un flechazo, un amor a primera vista. Porque obvio, si un chico te ve y se enamora -con TODO lo que implica enamorarse-, desde el primer instante te ama y te respeta. En este caso si, no te hacés la difícil porque ya lo tenés en el aire, no hay ningún proceso de nada -y si te gusta a vos, mejor-. Y la cuestión ahora es si existe el amor a primera vista, porque siempre tiene que haber una pregunta que te complica la existencia.
En fin, sin tanto análisis, está mal hacerse la difícil para conquistar a alguien porque si en verdad te quiere no hay necesidad. ¡El tema es si no te quiere!
 Ay creador de esta frase, qué dilema nos planteaste, ¿no te diste cuenta que no sabemos ni dónde estamos paradas?

El dilema de mi vida 







9.2.15

Mareo

Se dice que todo lo que empieza termina, que todo tiene final; y también se dice que siempre que llega el final, con el llega el comienzo de algo nuevo, algo mejor.
Por mi parte, no creo -o creía-, en el adiós, en la despedida. Si creo en las caídas; creo, que en todo camino hay piedras, pozos, o trampas. O a veces nos perdemos, nos mareamos y terminamos en cualquier parte. El mareo puede ser letal. Puede ser bueno, o ser malo, pero si o si te trae un cambio. Un cambio que también puede ser letal, permanente; sin salida. O un cambio que simplemente nos de un poco de equilibrio, para después volver a lo mismo. Pero como en cualquier caída, creo que hay algo que te levanta, y ahí es cuando seguís, retomás camino. Que sigue siendo el mismo. Con la misma gente, con todo igual. 
Uno nace, vive y crece alrededor de diferentes personas, se quiera o no se quiera. Es inevitable el contacto con otros, así como es inevitable querer. Porque uno nace queriendo, y así muere. A lo largo de nuestra vida conocemos muchas personas en diferentes lugares, el jardín, la primaria, la secundaria, el club, vacaciones, facultad, trabajo, y un etcétera infinito. Siempre tenemos ese puñado incondicional, que un día formamos y nunca dejamos. Muchos quedan atrás, no hace falta el "adiós". No hace falta una despedida explícita, un agradecimiento, un testamento. Nos vamos, y con una sonrisa o una mirada nos agradecemos por todo, y hay un "hasta siempre" que siempre queda. 
Dentro de un mismo lugar con mucha gente, está ese puñadito especial y el resto que aunque es "resto", hace también especial a todo el grupo. Todo forma parte de un período, una etapa y eso no te lo niego. La vida está así, dividida en partes, en circunstancias, en hechos importantes, que terminan, pero no terminan. Nos alejamos, pero intentamos conservar ese puñado que no puede faltar en ninguna etapa, que te acompaña hasta la muerte, que es FOREVER, & EVER. 
Por lo general a este grupito se lo gana en primaria, a más tardar secundaria. 
Nos decidimos a estar siempre unido, a aguantar toda circunstancia, a estar siempre, a ser indispensables e incondicionales, a no faltar nunca, a ser fuerte hasta a la distancia. Mejores amigas, por siempre y para siempre, obvio. Y si se quiere se puede. Si se pone voluntad, todo se puede soportar. Y así logramos ser invencibles, llegar a lo más alto, ser todo. Fe, amor, fortaleza, resistencia, paciencia, y otros ingredientes infaltables. Para cada pelea hubo una que resolvió todo. Para cada mareo hubo una consciente que te golpeó y te hizo razonar. Para cada problema una consejera. Para cada forro que te rompió el corazón una minita-medio resentida pero ♥- que te entendió y te ayudó. Y así. Todas eran todo. Todas eran un papel en una y después otro papel en otra. Porque ni la distancia iba a poder con nosotras, creador de Whatsapp: te amamos. 

Todo pudo durar, aguantar y resistir por mucho tiempo. Pero a veces sentimos que nos caemos y nos caemos y que nada ni nadie nos puede rescatar. Pensamos y estamos esperanzados de que es solo un momento, una crisis, algo momentáneo, que ya va a pasar, que todo va a estar bien, porque todo es pasajero. Fe y paciencia, ante todo, como siempre, como todo este tiempo que aguantamos unidas. Pero nada pasa, y aunque tengamos fe y paciencia, tarde o temprano, llega el cansancio, el agotamiento, el "ya fue todo". 

¿Fuimos lo que tuvimos que ser?

Aguantamos un poco más, es un período de espera, y que sea lo que tenga que ser, como lo fuimos los últimos meses. 

Y nada y nada. No estoy segura de si es un adiós, no se qué hacer ni cómo reaccionar, ni a quién acudir. Las que antes cumplían todos los papeles para cada cosa ahora parecían desconocidas. No es que no nos veamos nunca, de vez en cuando nos encontramos y parecemos ser las mismas. Pero ya no es lo mismo, ya nada es igual. Quizás siempre quisimos serlo fingiendo y como presentíamos, lo logramos, pero solo por un tiempo. Quizás pensé que eran de una forma y eran de otra -o lo fueron, en su momento-. Quisimos ser algo y pudimos por un tiempo, en fin. Creo que siempre fui de las que más viva tenía la esperanza de que éramos invencibles y que nada nos pasaba por arriba. Ahora soy todo lo contrario. Necesito necesitarlas, o no necesitarlas nunca más, y estar completamente decidida a dejar todo, a dejar ese puñado que alguna vez fue especial e inmortal.
No sé que hacer, creo que estoy mareada, pero consciente a la vez. Desequilibrada, es la palabra. 
Pero creo que todas estamos así, y ese es el problema. 
Porque, para cada mareo hubo una consciente que te golpeó y te hizo razonar, y estando todas mareadas, no hay consciente que te golpee. 

Pero bueno, quien sabe, entre mareo y mareo, quizás nos encontramos.