Mientras respiremos, nada está mal

29.12.14

Mentime que me gusta

"Mentime que me gusta", la frase que le vino a la mente ese día, esa noche, en la cama, en la oscuridad, cuando la vulnerabilidad se apodera de nosotros, cuando no tenemos orgullo para nada, cuando es lo que es, cuando si tenés que llorar llorás; cuando la primera lágrima caía sobre su almohada.
Cuando veía su foto de whatsapp. Como le agarraba la cintura. Como le besaba el cachete. No a ella. A la otra.

Pensaba en como le había mentido todo ese tiempo. Como le creía cada cosa, cada mensaje, cada beso, cada abrazo, cada risa.
Todo.

Y ahora pensaba como todo era mentira.
Todo.
Y mientras lloraba, mientras todavía derramaba lágrimas por el, mientras el había podido superarla y rehacer su vida -si se puede usar el término superar, si alguna vez la había querido-, mientras el de alguna manera había "aprovechado" el tiempo y ella desperdiciado, mientras el le decía "te amo" a otra y ella en vez de decírselo a otro seguía deseándoselo a el, le vino a la mente una duda, suposición, pregunta, un algo que quería responderse o quizás hacerla sentir mal:

"Si hubiésemos seguido, si yo no hubiese querido terminar todo(¿arrepentimiento, culpa?), ahora yo no estaría llorando. Estaría contestándole un "te amo" con un "yo más", estaría mirando la pantalla del celular como una idiota, estaría perdida y locamente enamorada de él. Pero, estaría feliz"

¿Y acaso no es eso lo que importa?

Con aquel pensamiento le vino otro, aún peor:

"Quizás es mejor cuando nos mienten, porque por lo menos, aunque sea mentira, somos felices".

Y para ella, ser feliz es el principal objetivo en su vida.
Sabía que el no la amaba. No porque el o alguien se lo hubiesen dicho. Simplemente lo sabía. Su corazón lo sentía y los hechos lo habían demostrado, y eso para ella es lo único que importa.
Pero igual le hubiera gustado seguir con aquella  mentira.

Y otro:

"Si total para el, mentirme a mi, es como mentirle a un bebé. Inocente"

Quién sabe cuánto tiempo duraría aquella farsa, quién sabe cuanto tiempo el soportaría decirle "te amo" o besarla sin amarla, y a quien le importa, si al fin y al cabo, a ella eso la complacía, la satisfacía, la hacía plenamente feliz.


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Pero su otro yo, su naturaleza completamente contradictoria, la hacía pensar, por otro lado, que las mentiras tienen patas cortas, que mientras más durara su mentira, más sería el sufrimiento, más las lágrimas, que a la larga, los dos se cansarían de la mentira, que estarían hartos de los besos sin amor: el por darlos, ella por recibirlos.

Todo iba a terminar mal.

Pero en fin, su objetivo siempre había sido, es, y será ser feliz el mayor tiempo posible -porque no se puede ser feliz siempre-, y si su mentira duraba algún tiempo más y la hacía a ella feliz, ¿por qué no?

Cuando nace una duda demasiado inútil por su obvia respuesta, o demasiado complicada de resolver por su hábil respuesta:

¿Mentir y sufrir, o mentir y ser feliz?

28.12.14

Cuando no arriesgás II

Sufrir cuando se debe disfrutar.
Llorar cuando se debe reír.
Estar quieta cuando se debe bailar.
Estar sobrio cuando se debe estar hebrio.

Estar con el corazón roto, cuando debería estar eufórico

No se animó. No arriesgó. Y perdió. Se sentía culpable. Quería volver atrás. Pero no se puede.

Sentía que había hecho todo mal. Como siempre. Que no habría otro momento para demostrarle amor.
Y dentro de un cóctel de fríos y ásperos sentimientos, estaba la culpa.
Pero, ¿verdaderamente tenía que asumir ella la culpa? ¿tendría que sentirse culpable por no haber avanzado? Acaso, ¿el avanzó? ¿el dio el paso? ¿y por qué entonces ella asumía la culpa? ¿Por qué, además de la tristeza plena, la decepción, el vacío, tenía que sentirse también culpable?

Porque lo amaba. Porque el le importaba, muchísimo más que lo que ella le importaba a el, y eso, había quedado completamente claro, esa misma noche, en ese mismo vip.

27.12.14

Cuando no arriesgas

Estaban todos en el vip. Sus amigas. Sus amigos.

Él. Ella. Todos.

Desde ahí se veía a la demás gente, que era solo eso. Gente. Demás.
Para ella sólo importaban todos. 
Para ella sólo importaba ese vip. Ese extracto, ese pedacito de una escena oscura, con luces de a ratos, música a todo volumen, que si estabas mal te aturdía pero si estabas bien la bailabas. Aunque ni conocieras la canción. La bailabas. Y ella estaba bien. Sus amigos estaban bien. Sus amigas, la mayoría estaban bien.
La mayoría.
Una estaba mal. O eso decía su cara.
No sabía por qué. Ni ella ni nadie. O nadie se lo quería decir a ella. Pero en ese momento no importaba. En ese momento ella miraba a él. Miraba sus ojos. Claros como el agua.
Los miraba en silencio. En un silencio no tan silencio. Él la percibía. Percibía su mirada.
Sabía que ella lo estaba mirando. En silencio. Un silencio que sólo él y ella entendían.
El y ella. Ellos.

Y ella seguía mirando, fingía que hablaba con sus amigas o que bailaba, pero lo miraba. A él.
Y mientras el hablaba con sus amigos y ella con las suyas " ", se preguntaba en silencio si él la desearía como ella a el, pero no pasaba nada que pudiera responder su duda. Ningún hecho. Y para ella el amor se demuestra con hechos, y no con palabras, porque las palabras, se las lleva el viento.

Los minutos corrían, las canciones sonaban, una atrás de la otra, los tragos se sentían, uno atrás del otro.
Y nada.
Por un momento, una amiga de ella y un amigo de el empezaron a hablar, y los dos grupos se unieron para continuar la charla. Para escucharla y participar.
Estaba segura que todos prestaban atención, y todos participaban. Pero ella no. Ella lo miraba a el. Embobada. Como siempre que lo tenía cerca. Y más si estaba en frente.

Al parecer la charla había terminado. Se iba a ir con sus amigas, aunque no se iban a alejar mucho. Todo era en el vip.
Hasta que escuchó la voz. Su voz. El. Se volvió para ver qué quería. No era raro que la llamara porque dentro de la mentira que ellos mismos crearon -o por lo menos ella- eran amigos. Y los amigos hablan. Y ellos hablaban. El era el. Ella intentaba ser ella. Pero con el no podía. Con el pensaba cada respuesta. En el poco tiempo que tiene para responder en una charla cara a cara, la pensaba. Y contestaba.
Pensaba porque tenía miedo de quedar como una tonta. Quería sonar inteligente. Pero a la vez no quedar como la traga.  Quería sonar viva. Desafiante. Superada. No se quería quedar atrás porque sabía como son los hombres. Sabía que ante la mínima confianza o muestra de amor profundo que les das, te usan.
Y ella lo amaba. Profundamente. Y aunque quisiera fingir, pensar las respuestas y sonar superada, no lo lograba. Ella es ella. Y aunque no quiera, es ella con todo el mundo.

Se miraban y se reían. Ella como una tonta enamorada y el con la misma sonrisa que usa con todas.
Y una canción de esas que te hacen querer bailar aunque no quieras, cambió el panorama. Y el la agarró de la cintura y se puso detrás. Y ella le agarró las manos. Y bailaron.
Bailaron, bailaron, bailaron Siempre el mismo paso. Sus amigas la miraban con ganas de reirse por lo lentos que eran. El mismo paso. Toda la canción. Segundos después, se dio cuenta que la cosa no iba para ningún lado. Se fue quedando quieta, aunque no quería.
Así como muchas veces su instinto la metió en líos, esta vez la estaba salvando. No quería. Pero su instinto la obligó a parar. Y paró. Y lo miró. Y el a ella.
Se miraron. Se rieron de lo que habían hecho. Ninguno había tenido el valor. La voluntad. El valor y la voluntad de avanzar frente a quien se ama y animarse. Lo amaba. Pero sentía que no debía. Que la mujer no debe. Y el era un bebé comparado a ella, era un bebé como para esperar algo grande el, y si de perder el orgullo y besar a una chica frente a medio colegio hablamos, no se podía esperar de el.

Pero así, bebé, inmaduro, ella lo quería. Aunque no tuviera el valor de, después de 5 minutos bailando de la misma manera, después de todas las miradas, las risas, los chistes, sus nervios, sus ojos, sus labios que se deseaban, después de todo, no haberla besado. Pero ninguno había tenido el coraje y el momento ya había pasado. Ya era tarde.
Y como si nada hubiera pasado, cada uno volvió a sus respectivos grupos.

Y aunque no pasó nada, aunque no se cumplió lo que ella quería que era besarlo, para ella era todo.
Para él nada.
Para él era solo apoyarsela a una mas durante una canción de reggaeton. Para el era lo que era.
Para ella era bailar con el amor de su vida una canción de amor, una balada, era tocar sus manos y el su cintura, era tocarlo al otro, al que se ama.

Y mientras ella contaba cada detalle a sus amigas, mientras ella perdía tiempo de esa noche con amigas que podría ser increíble, que se podrían haber vuelto locas de tanto bailar y tomar en vez de haberle entregado todo a un pibe, mientras los minutos corrían y el alcohol le subía, en un momento de distracción, y según sus amigas "todo en menos de 2 minutos", en un momento en que se perdía en su propio relato, en una columna del v.i.p que lo era todo, los labios de el, rozaban otros.

Cuando el miedo te paraliza y no arriesgás. Cuando perdés la oportunidad y por ahí no hay segunda. Cuando no caés que ese es tu momento y lo tenés que aprovechar. Cuando él es uno con una y otro con otra. Cuando vos sos vos aunque no quieras y el es el que quiere con quien quiere. 


Cuando se ama y no es mutuo. 




26.12.14

Futuro como presente

Los cuentos de hadas no existen. Mejor dicho los finales felices no existen. Porque no hay final. Siempre que algo se termina algo se empieza. Y el comienzo gana protagonismo frente al final. El comienzo de algo se hace más importante que el final de otro algo. Porque ese algo que terminó ya terminó. Ya está. Ya fue.
Ya no importa.
El nuevo faro es eso que comenzó. El comienzo.
Y el final de lo otro se ausenta.
El final se hace pasado y el comienzo futuro.
No podemos tener algo para siempre. Todo se va. Muere. Termina.

Pero eso no quita el hecho de que hay que disfrutarlo. No porque algo tenga final vamos a estar tristes.
Nosotros mismos tenemos final cuando morimos. Y no porque algún día vayamos a morir, en el transcurso de nuestra vida vamos a estar tristes por eso. Se aprovecha el presente.
Y el futuro se espera con total normalidad.
¿Y qué esperamos? ¿Cuándo llega el futuro?

El futuro es inalcanzable. Es inexistente en cuánto al tiempo.

El futuro se hace presente.


Que las cosas terminen algún día, no significa que tengamos que estar tristes por ello. Se aprovecha mientras se tiene y cuando se pierde, un nuevo comienzo opaca ese final.








La trampa

Tenía tan solo 13 años. Poco. Pero su dolor era inmenso. Sería la primera decepción de su vida. 
Aquel día entendería por primera vez que los cuentos de hadas no existen.

Y el príncipe azul tampoco.
Ni la madrina.

Aunque si existían las brujas. Este era su cuento. Sin príncipe azul. Sin madrina. Sin lo bueno.

Su cuento era con un príncipe entre comillas, azul en el momento que lo conoció, y sin color alguno con el correr del tiempo. El engaño.

La trampa.

Y cayó en la suya. Cayó en sus brazos. En La trampa.
Y se dejó llevar por el momento, le dio lo que el quería. 

Pero el no le dio a ella lo que ella quería.


Ella quería amor verdadero. Quería besos sinceros y caricias sinceras. Y sabía que en su príncipe azul no los encontraría. Que no se los daría. O por lo menos no a ella.

Quizás a otra. Pero no a ella.

Pero igual se dejó llevar. Igual siguió. Sabía que él no era. Pero igual seguía.
Besos. Caricias. Abrazos. Cucharita. Música de fondo.
El olor a alcohol en su boca.

Todo. Nada.

Y tuvo lo que quiso, pero no lo tuvo.

Amanecer

El mejor momento para escribir es cuando te quedaste despierto toda la noche y ves el amanecer. Ese momento. Cuando ves como sale el sol. Sea verano, invierno, otoño, primavera. Con el tiempo que haya. Por ahí tenes que ver como sale la lluvia. Lo importante es la luz. Al fin la luz. Y el frío o el calor de la mañana. Y el "¿duermo o no duermo?". Y la tenue lucesita que sale de ese huequito de la ventana. Y todos durmiendo. Todo tranquilo. Ningún whatsapp porque todos duermen. O uno que otro que también está despierto como vos pero ese se va a dormir. Y vos te quedas escribiendo. Despierto. Sin haber dormido nada.
Con esa lucesita tenue.
Habiendo visto un amanecer más.

Caída

Ojo. Yo también me caigo. Pero cuando estoy en el piso se que todo se supera. Cada caída se supera. Y esa es mi motivación. Esa es mi fuerza para levantarme. Y lo hago, aunque no pueda ni estar de rodillas.
Todo es pasajero.

Humilde consejo

Creo que para ser feliz (o estar la mayoria del tiempo feliz) hay que darle mas valor a lo bueno que a lo malo. Siempre.
Yo hice eso y desde mi lado mas humilde, creo, que me va algo bien.

Inspiración

Uno se sienta a escribir y no surge nada. Y se fuerza. Y está mal. Los momentos de mayor inspiración son espontáneos. Los momentos en los que nuestra cabeza vuela y navega en infinitos pensamientos, también lo son.

8.12.14

Bienvenidos

Hola, tengo 13 años, no sé si vale la pena leerme, no prometo lo que no se si voy a cumplir, solo léanme y les prometo que algo les va a quedar.

Escribo sobre lo que veo, pienso, imagino, supongo, siento, callo, escucho, y sobre todo, intento plasmar las reflexiones más profundas que tenga.

Por ahí un día salto con mis frases propias o, intentos de frases propias.
Otro día salto con una metáfora propia que intenta dejar una enseñanza.
Otro día salto con un cuento. Propio obvio.
Otro día salto destrozada y escribo algo que probablemente estando más coherente borre.
Siempre salto. Y caigo. De pie o de cabeza, pero caigo.

Y me levanto. Como sea.

Tuve mi momento de facebookera, tumblera, We♥Itera, yahoorespuestasera, youtubera, taringuera. Tuve. Era.

Ahora me quedo con twittera, y espero ser buena bloggera. Aunque no quiero que ninguna sea un "era".

Quiero un Soy.

Bienvenidos.