No sé. Ni idea qué es lo que me pasa cuando te veo a vos. Tampoco sé con él, ella o conmigo. Sólo sé que pasa. Te miro, me mirás, sonreímos y no nos importa nada más. Me destruiste, y lo asumiste el mismo día que acordamos que si yo no te hablaba nunca más, vos respetabas mi decisión. Porque sabías lo que habías hecho y entendías mejor que nadie mi dolor. Pero a ninguno de los dos nos importó. No sé cómo, ni por qué, pero estando con vos, pasa. Sonrío, disfruto, vivo. Y aunque por dentro esté rota todavía te quiero. No sé de qué manera, pero sé que te quiero. A vos, a él, a ella, y extrañamente, a mí.
Seré así con todo o el mundo que pasa por mi vida sólo a romperme. Me destruyen, me rearmo, me completo y logro ser yo de vuelta. Hasta que alguien igual de cruel y humano me hace llorar y reprocharme a mí misma por qué mierda lo conocí, y peor, por qué todavía lo quiero.
Pero nada de eso importa. Ni mis lágrimas pretéritas, ni mi corazón roto, mucho menos mi palabra. Lo prometido no se cumple, como tantas otras veces, y no puedo evitar (aunque deshonre a mi orgullo) tomar, bailar y reír cuando estoy con vos. Como si me construyeras en un segundo lo que yo siempre tardé años; como si en una noche me hicieras volar, y al volver a casa, me empujaras vos mismo al vacío.
Me soy infiel a mí y a vos te amo. Y aunque destruyeras todo lo que me completa, te seguiría queriendo, a menos que fueras capaz de destruirte a vos mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario