El miedo es una de las peores sensaciones que pueden existir. Siempre se dijo, muchas veces lo escuche. Pocas lo sentí tanto como hoy. Nos paraliza, nos traba, nos hunde en donde estamos y no nos deja salir. Nos dice que estamos cómodos donde estamos y no nos permite avanzar. Mientras todos avanzan, los cagones nos quedamos. Creemos que zafamos, pero no entendemos que cada "escapada" o cada "quedarse" no implica estar igual, por el hecho de que así "estemos bien". No avanzar, muchas veces significa retroceder. Quedarse parado en un mundo que no para nunca, es atrasarse. Y atrasarse muchas y muchas y muchas veces, nos puede llevar, algun día, a un pozo que, aunque tenga salida, es muy difícil de salir.
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Porque físicamente uno crece siempre, porque recibirse quizás sea algo normal, tener un trabajo, casarse o tener hijos....
Pero el alma solo la hace crecer uno con sus elecciones, no el tiempo ni los años.....
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Y lo que hoy quizás me haga doler la panza del miedo, mañana me haga pensar que fui una boluda por no haberlo aprovechado. Quizás mañana me anime a todo. Pero quizás mañana también sea tarde para animarse.
Por eso pienso que aunque vaya en contra de nuestro instinto arriesgarse, aunque no tengamos ni un poco de ganas de hacerlo, aunque sintamos que el miedo se apodera de nuestro alma, lo mejor sea ir contra aquello con lo muy mínimo que nos queda a favor, y seguir, y jugarse, y lanzarse.
El que se queda durmiendo y soñando en su cama, no logra nunca nada.
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Y también creo que al final de todo, hasta el que se cree más vergonzoso no es así como lo cree. Creo que la vergüenza es comprendida y compadecida por todos porque es algo que cualquiera sintió alguna vez. La timidez, los nervios en la panza, las mejillas coloradas, el arrepentimiento de no haber dicho u hecho todo lo que quisimos.
Y la alegría está en romper todas esas barreras del miedo abriendo el corazón y creyendo que si se puede. La alegría está en entender que el que quiere verdaderamente, puede.