Mientras respiremos, nada está mal

30.3.15

Maldito desasosiego

Y entre su anterior y cruel príncipe negro que le hizo ver la realidad y que tanto la dejó pensando, un día como cualquiera, la puerta del amor vuelve a sonar.

**

Se pone el top blanco que más le gusta y se pinta los labios de rojo, como para que resalte. Intenta estar provocativa pero no llegar al extremo de "puta". Tampoco monja. Short de jean y medias negras, porque piensa que va a tener frío. Planchita y el delineador que nunca faltan. A último momento ficha un esmalte que le encanta y se pinta a la velocidad de la luz: va para divertirse, para sacarse, para descomprimir sus penas y olvidarse del mundo.

Llegan, diosas al estilo Brenda Asnicar en Patito Feo. Entran de una, porque las chicas primero siempre. Otra vez, las luces, la música y ese espacio donde pasó de todo. Fue su lugar sin duda, y va a intentar hacerlo su lugar de nuevo. Así que en ningún momento de esas 4 horas de baile sin parar, puede evitar buscarlo. ¿A quién? A el, devuelta. Como siempre. La cabeza bien en alto y siempre arreglándose el pelo porque hay que estar bien preparada. Pero el no aparece.

No aparece ni en ese instante ni en el resto del tiempo.

Y en uno de esos cambios de lugar, con sus amigas, se encuentra con otra, acompañada de dos amigas mas y su ex, con el que aparenta llevar una relación de amistad; mientras que este, va de la mano de una de sus amigas.

En forma de grupito, se ponen a bailar todos juntos. A el ya lo tenía de vista pero nunca había hablado. No puede evitar mirarlo, pero no mirarlo como cuando ve a uno que le pide chape. Este es otro tipo de mirada, que ni siquiera ella puede deducir. Su sonrisa, sus ojos, su manera de hablar, esos cuadraditos. Y lo mejor/peor: la hace reir.

Cruces de miradas y un par de encuentros más esa noche. No sabe bien qué siente, pero siente y ahí está el ¿problema?.

Se prenden las luces y se va, con esa sensación agridulce que recuerda entre noches de llanto y rimmel corrido, kilos de helado y bajón con Karina atrás.

Ahora, en la cama, pensando, no entiende algo y las dudas le carcomen no sólo el cerebro sino el alma. ¿Qué es? Mejor dicho, ¿quién es? ¿a qué vino? ¿por qué?. Pero entre duda y duda, llega una afirmación agria y cruda: "Lo viste un par de veces una noche, probablemente no lo vuelvas a ver ni tampoco lleguen muy lejos. No tenés ni el número, y aunque lo tuvieras, no sabés si el también sintió o qué, y avanzar vos primero es de trola".

Se duerme. No recuerda bien pero en sueños aparecen algunas caras y se presentan situaciones que la hacen despertarse vacía. O demasiado llena, tanto que necesita algo que la descomprima.

¿Ir a bailar de vuelta? Ah no pará.

Entonces una notificación de Twitter alarma todo. La había empezado a seguir. Sabía lo que venía. O quizás no, quizás pensaba que venía algo groso cuando en realidad solo la seguía porque le pintó seguirla tipo-amiga.

Pero entre fav y fav, indirectas y números de celular en tweets, su corazón se alborota.

Mil dudas y mil recuerdos. Noches de llanto y días de desvelo, muchas almohadas mojadas y corazones rotos, volver a ver la hora de última conexión, estar pendiente de que le hable y tirarse tweets. La última vez salió mal, ¿por qué intentar devuelta?.

**

Abre. Pero quién llama no es la puerta del amor, sino la del miedo.




27.3.15

Te odio

No recuerdo en qué contexto, cuándo, dónde ni por qué me lo dijeron. Pero si recuerdo que ese comentario me abrió la mente y me dejó pensando por mucho tiempo, llegando mi sorpresa hasta el día de hoy.

Es una obviedad tan estúpida que uno ni la piensa. Damos por sabido cosas obvias que en realidad, cuando se siente y se relaciona, nos pueden llevar a conclusiones asombrosas. 

"Mirá Flor, tenés que saber algo: A este mundo llegaste sola, y así te vas a ir. Así nos pasó y nos va a pasar a todos". 

Por naturaleza uno llega al mundo siendo uno. Yo llegué siendo yo, con mis características, con mi luz de bebé, con mis ojos chinitos y mis tres kilos. 

Me dijeron esa frase en un momento de mi vida muy peculiar -por lo que va de mi vida-. Un momento que aún estoy transitando, un momento en el que estoy cayendo en la basura de este mundo, intentando no formar parte de ella, descubriéndola, hurgándola. 

Y mientras la investigo, me doy cuenta de que todo el que pisa mi territorio en algún momento me hace sentir mal. Y eso ya no me decepciona, porque ya lo entendí. En todo caso sería una decepción constante, pero que ya no me sorprende. 

Nada ni nadie es para siempre en su pura esencia. O sí, pero consigo mismo. 

Con el exterior, los demás siempre cambian. Su manera de tratarnos, quizás indiferente o cortante. 
Con los meses y con los años, algunas personas dejan de importarnos, por más cursi que se sea con la vida. O por ahí nos importen, pero muchísimo menos, rozando la nada. 

Porque todo, así como viene, se va. No solo de este mundo, sino de la vida de otros. 

Mientras vos entrás en mi vida, hay alguien que se va, porque en algunas vidas, no hay tanto amor para todos, y quizás en otras, mas solitarias,el amor sobre.

Así que todo se renueva. Poco a poco me voy dando cuenta, de que la vida es eso: Felicidad, amor, decepciones y un reemplazo constante de personas.

Y con constante no me refiero a todos los días, sino por etapas. 

Lo que me hace pensar, en por qué carajos me estoy poniendo mal yo, por una persona a la que muy probablemente hoy le chupe un huevo; la quise como se debe y le di todo lo que doy cuando quiero, sin embargo ella me devolvió toda su basura a mi, una de las personas que mejor la trató; hoy te chupo un huevo, o por lo menos eso demostrás, y a mi, no me chupás un huevo y eso es lo que demuestro escribiéndote, aunque no sé si lo leas; sin embargo, desde otro ángulo no sos nada que me afecte, porque fuera de letras nunca te pienso; llegué a un punto en el que no tengo que deducir nada ni pensar nada como si te tuviera que investigar, al punto en el que pienso lo que veo, lo que se ve, lo que está y nada más; no sos digna de que te lea entre líneas; tampoco de que te investigue mas, porque a la basura ya la vengo hurgando hace rato y aunque haya distintos tipos de soretes en este mundo estoy contenta de que ya conozco varios, entre esos vos; no quiero decir nada de lo que después me pueda arrepentir, pero a su vez no me preocupa porque si me fijo en la cantidad de cosas de las que te arrepentiste, me ganás por goleada; conocí tantas personas, que seguramente dentro de un tiempo se vayan -no creo que de la manera en que te fuiste vos-, que ya te conseguí reemplazo; y uno mejor por suerte; espero que para estos momentos -ojalá te sientas re tocada con esto y te lo reconfirmo: es para vos estúpida- estés despedezada en lágrimas y tu alma esté rota como lo estuvo la mía, desde lo más profundo de mi ser; creo que se llama odio y lo conocí recién hoy, meses después de la noche en la que te convertiste en basura. Y si no llorás, no creo encontrar palabra para definir tu nivel de mediocridad, pero estoy segura de que vos la vas a encontrar.
***********************************************************

Entonces me decido a irme a dormir, con el odio y la bronca a flor de piel. Las ganas de eliminarla de todos lados me están matando. No quiero saber más nada de ella nunca, y eso es inquebrantable. 
No preocuparme más, por esa mierda que en algún momento me hizo feliz, y que como una estúpida creí eterna.

Que saltes al vacío y que no vuelvas nunca

Otra vez vos. Me prometí a mi misma alguna vez no dedicarte mas tiempo, lo que implica no dedicarte renglones. Y acá estoy de vuelta, inspirando mis dedos sobre tu persona y dejando que fluyan sobre letras. De vuelta.

Tanto tiempo pensé en vos, creyendo que de una vez por todas había llegado a la conclusión adecuada. Sí. Estaba en lo cierto. Sin embargo, en estos momentos no recuerdo dicha conclusión, lo que me hace pensar que no fue tan reveladora como creí.

Como una estúpida escribo tu nombre en los chats, pensando, ilusionándome con que puede llegar a aparecer un "escribiendo..." que me haga rebotar el corazón. Pero no, eso no pasa. O sí, pero en mis juegos mentales.

No hay ningún escribiendo, ni nada que me pueda sacar una sonrisa. La intención con la que te busqué en mis chats lamentablemente no es más que eso, una intención. Antes que tu nombre veo tu foto. Sos vos, en otros labios. Sos vos navegando, pero no en mis aguas. Sos vos fluyendo, pero no en mi cuerpo.

No estás conmigo y esa probablemente sea la causa por la que hoy estoy acá. Estás con ella, en una foto blanco y negro con un fondo blanco, que para mi parecer parece sacada de Tumblr. Quizás porque parecés uno de esos chicos de película, lindos, altos, rubios. O quizás porque para mi sos como un chico de película, en realidad, de mi película.

No estoy enamorada. No siento esas mariposas que -casi literal- alguna vez sentí por vos, o en algún mambo o calentura por otro.

Pero de vez en cuando, me pongo mis auriculares enredados y nos imagino juntos, jugando al fútbol con una botellita o abrazándonos, mas vos a mi que yo a vos, conteniéndome, sin dejar que este cruel mundo me destroce.

Lo nuestro no tiene nombre, o por lo menos lo mío, con vos. Y lo que no tiene nombre no puede ser.
Quizás por eso no somos, porque alguien nos pregunta qué onda y nos quedamos colgados pensando una respuesta inexistente.

No siento amor, calentura, odio, resentimiento ni nada por el estilo. ¿Será esa la respuesta? ¿La que saco entre oraciones?.

Amor y odio, las dos emociones más fuertes experimentadas por el ser humano. No siento ninguna por vos, pero porque no estás en mis extremos.

¿Pero si no lo estás por qué te estoy dedicando mis deslices?

Porque que no estés en los extremos, no significa que estés más atrás o seas menos importante. Existe la mera posibilidad de que te hayas pasado por encima del límite. De que estés más allá, inalcanzable para mi.

Pero esto no es probable. Todavía no te encuentro y me quiero morir.

Entraste sin avisar y quizás, así te vayas.

24.3.15

Bla bla bla

¿Qué me pasa? Yo prefiero preguntarme qué no me pasa. Mi cabeza es un torbellino, una montaña rusa. En el Parque de la Costa soy la verde, o la roja. O también puede que sea El Infierno. Puedo ser cualquier cosa, porque soy todo.
Que acá, que allá. Que mala influencia y buena influencia. Que me gusta que no me gusta. Que sí, que no.
Quizás. No sé. Ponele. Por ahí.
Mil preguntas e infinitas respuestas. En un unir con flechas todo va con todo. Puede ser A con 1 y también con 9870.
"No todo lo que anda sin rumbo fijo se pierde".
A veces andando en el vacío pisamos el éxito o también en falso. Pero es cuestión de suerte, de destino. Es lo que tiene que ser y no te cuestiones porque algo salió mal: lo hiciste de la mejor manera qué pudiste y te aseguro que esa persona con la que te sentiste estúpido va a sentir las mismas emociones en otro momento.
Un quizás constante pero igual me lanzo. No sé si está bien, yo pruebo. Porque probando se conoce y conociendo se es libre.

Me preguntás por qué lo estoy haciendo y no sé responderte, pero igual lo hago. Me preguntás por qué voy y no sé, pero voy. Tendrías que hacer lo mismo. No preguntés tanto y hacelo. "No prometas, hacelo".

Supongo que es lo emocionante que tiene la vida. En cada mambo, por más infeliz que se sea siempre hay algo que te saca una mini sonrisa. Y eso es riesgo.

Una sonrisa sin querer que te alegró el día. "Sin querer": no estaba en tus planes pero eso no importa. Pasó y pasó y punto. Sonreíste y listo. No me metas comas ni paréntesis.

(sonreír, es lo único que importa si se hace desde el alma).







21.3.15

El Gris

Cinco de la tarde casi seis, espero al médico en la cama, tapada hasta la cabeza y con una media distinta a la otra. Estoy totalmente congestionada, me duele el cuerpo y la cabeza también.
Sin embargo no hay dolor que le prohiba a mis dedos fluir y escribir lo que tengan ganas.

Ellos también sienten y sufren, pero a diferencia mía no dudan en exteriorizar sus emociones. Mi medio es el habla, es la boca. Con ella digo y me equivoco. En su caso son los músculos y el impulso de algo que desconozco pero sin duda es mucho más fuerte que yo, y por eso deciden hacerle caso más a el que a mi, aunque sea una mezcla de ambos.

Entra una luz blanca y tenue de la ventana. Una luz nublada y gris. No hay sol. Es un día gris.
Ni muy muy ni tan tan. Pero tiene lo suficiente de "muy" y de "tan" como para inspirarme a escribir esta retahíla de estupideces. 

Cada día es distinto y hoy soy lo que ves si me podés ver. No hay truco ni vuelta. Hoy estoy transparente, me tocás de suerte y al azar y si lo lográs sentite Dios.
Mis ojos están confundidos y nublados, igual que todo lo que me rodea. No hay mucho contraste entre cosa   y   cosa.  No es una película a color pero tampoco una blanco y negro. Tampoco sepia. 

Es una nueva energía multicolor, que se renueva marzo a marzo. Las emociones se sienten a flor de piel, aunque no estemos en primavera. Es así. Todo está tan transparente que se hace confuso e irreconocible para nuestra perspectiva. 

Mi cuerpo está dolorido. Necesito quedarme en la cama mucho tiempo más, pero no tengo sueño. 
De dos pisos más abajo, viene un olorcito a café caliente recién hecho.

Como todo en este día, no logro entender bien que es lo que tiene pero si entiendo que me hace recordar a tiempos pretéritos, una suerte de nostalgia otoñal. 

Me recuerda a los primeros días de colegio de hace cuatro o cinco años, a el olor a libro nuevo, a el tener que salir de la ducha con el pelo mojadísimo un día de invierno, a hacer la tarea en la cocina con mamá y con las hornallas prendidas porque hace demasiado frío, a las medias, al jogging, al secador de pelo y sin duda me hace acordar al propio olor a café que se sentía cada otoño a las doce de la noche, antes de dormir para al otro día ir al colegio. 

Porque a pesar de que hoy todo es transparente, logré tocarlo al azar y ahora lo conozco completo. Una vez que lo toqué le di color y ahora lo pude leer. Me di cuenta de que su propio olor no es más que él, el mismo. 

Ya no hay vueltas ni complejidades. 

El olor a café es olor a café, y yo sigo siendo yo. 
El problema es qué día lo huelas y qué colores colmen tal día.

21 de marzo de 2015, día de tonos grises y blancuzcos, poca saturación y colores fríos. 

20.3.15

CartónLleno

Era un sábado a la tarde. No puedo afirmar, hoy, si en ese momento estaba aburrida. Quizás no lo estaba, como quizás si. Pero si no lo estaba, lo que me divertía no podía ser otra cosa más que mi computadora o mi celular. Editando una foto o en el inicio de Twitter, mi zona era esa y de ahí no me movía. No porque no pudiera, sino porque no quería. Estaba bien.

Sábado, 14:30.

Me llega un whatsapp de una amiga. Ya el escuchar el sonido de whistle me alarma de que algo importante tiene ese mensaje. Ese silbido que muchos odian por "insoportable", me anunciaría algo que cambiaría mi día.

Lo leo. "Hoy sale puerto? GAS". Sin que cierre el chat, en ese mismo instante llega otro "Nos escabiamos todo. De la tanga nena".
Imposible no manijearse con una propuesta así. Pero mi cama y mi computadora me piden a gritos que me quede. Clavo visto y sigo con lo que estaba haciendo, todavía hay tiempo.

17:00

"Bue". Eso significa que ya vio el visto y que tengo que responder si o si. Nunca tengo ganas de ir, pero cuando estoy allá soy la que mejor la pasa. Es una mezcla constante de cero ganas de buscar qué ponerme, bañarme a la hora que me exigen, prepararme, tener que compartir SUBE, gastar plata en escabio -aunque después lo re mil goze-, ir con miedo y estando perseguida por todo y mentirle a mis viejos.

"Pa, voy de Belu".

Y a la vieja de Bel le decimos que vamos a lo de una amiga nuestra que vive en el edificio. Si, niños. Tenemos todo fríamente calculado.

 La idea de ir nunca fue mía ni de mis amigas. Fue influencia de amigas que tenemos más grandes que saben a qué lugar de puerto se puede ir a la noche a hacer de todo sin que la gorra diga na'.
Y bueno yo me copo. ¿A quién no le gusta estar con amigas, pibes, escabiando, escuchando música y cagándose de risa? ¿A QUIÉN, SEÑOR JUEZ?.

Pero hay cosas a las que me limito y que me importa un millón de huevos si me dicen "¿por qué no? alta estúpida": Tabaco y marihuana, PASO. Tu turno friend, suerte. ¡Yo tomo vino en cartón!

17:10

"De qué me estás hablando nena? Olvidate, mandale ga$ titooo", le respondo.
A mi vieja le digo que necesito 50 pe para pedir unas pizzas y helado con las chicas y que todas van a poner algo.
Me los da.
Bingo.

20:00

Busco una villereada para ponerme: no estoy yendo a bailar. Buzo negro, short de jean y vans; aunque el short de jean es solo para llevar algo, porque el buzo me llega hasta las rodillas. Me baño y me la pongo. Armo bolso.

22:30

Ceno y whatsappeo hasta las 23.

22:55

Voy de Bel. Llego. Ya están todas. A las doce pasa el bondi, así que hasta esa hora boludeamos.

23:40

Bajamos. Vamos al quiosquito, compramos un poquito de esto y de lo otro y vamos a la parada cruzando la avenida corriendo tan rápido cuál chorro de la 9 de julio que acaba de cometer su delito.
Llegamos.

00:40

Ya estamos instaladas. 6 chicas, puchos, escabio y parlante. ¿Sabés como vienen todos? Siempre que vamos conseguimos ser el centro, aunque nos pongamos al costado. Y re lógico, con todo lo que llevamos. Además ya conocemos a las banditas, somo todo amigo ñerito.


03:00

Cada una en la suya. Yo escabiadísima, con un colorado que me re gustó. Una armándose uno con el Brian, otra también escabiadísima con la bandita bardeando y las demás por ahí, fisuras seguro, o con algún loquito lindo.
Pero nos estamos divirtiendo y eso es lo que importa.

04:00

Me pasé en vodka y el estómago me está matando. Me quiero ir, pero las demás están demasiado idas como para comprender mi dolor. Excepto una, que a pesar de intentar convencer insistentemente al resto no lo logra. " ". Presten atención a las comillas porque comillas SON.

04:30

Después de media hora de dolor, sufrimiento, cansancio, mareos, y mirando un punto fijo, me siento mejor pero sigo diciendo boludeces -como siempre-.

05:00

Después de sólo 5 minutos en la parada casi sin poder estar de pie, llega el bondi. Estamos todas matadísimas, pero conscientes. Para mejor, el colectivo viene casi vacío. El fondo lo hacemos nuestro y nos cagamos de risa de todo lo que pasó.

05:23

Llegamos y armamos las camas. Y ahora viene la parte depresión - mal humor postescabio.
Y 6 minas así, no es una buena combinación.

05:40

Seguimos peleando. Los borrachos dicen la verdad ¿no?.
-----------------------------------------------------------------------------

En alguna parte de la discusión que no logro recordar, me duermo. A las cuatro de la tarde del domingo nos despertamos todas, de a una pero en el mismo minuto, tipo fichas de dominó pero con malas caras.

Salimos, la explotamos y después nos dijimos de todo. Mis viejos no se enteraron de nada, una vez más les mentí.

¿Bingo?

No lo sé. Pero si no hubiera ido, quizás no me lo estaría preguntando.

Pasame el tinto y lo medito, Bel.

18.3.15

A vos te digo

Todo lo que antes era cálido, feliz y reconfortante ahora se hace áspero, crudo y cruel. Se transforma en un diálogo filoso, pero tácito. El rencor de algunas se ve entre líneas, pero no sobre los renglones. El orgullo siempre presente, corre el reloj por si solo y nada avanza: porque ni siquiera se mueve.
Quizás si nuestros sentimientos, pero no los hechos, y mucho menos las palabras.
Hay un no sé qué incómodo que ya se hizo costumbre, que habita en esas conversaciones duras.
Donde todo parece estar bien estando mal.

"Antes que la guerra, prefiero mil veces la paz": esa soy yo. Así. Cortita y al pie. Si querés pelear te peleo, y si querés firmar la paz mundial dame la lapicera ya porque me quedé sin tinta.

Vos decidís, yo respondo. O por lo menos con vos es así.
En vez de exteriorizar tu bronca, te la guardás. Yo por lo menos la escribo, sabiendo que lo vas a leer. Algo es algo.

Sabés que si me mandás un audio de una hora lo voy a escuchar y si me escribís un testamento lo voy a leer más de una vez y te voy a responder con uno el triple de largo. Si hay algo que me falta es desinterés, y mucho menos en las personas que quiero y que alguna vez, tuvieron algo que ver conmigo. Valoro todo lo pasado, aunque nuestro presente sea bastante mediocre. El visto no existe en estos casos, porque me importa más de lo que pensás.

En vez de orgullosas diría que somos cobardes, un poco más vos que yo (no pretendas que te tire flores, se supone que está todo mal che). Nos escondemos en letras, pero hacemos que está todo bien hablando dos palabras cuál nuevas vecinas cordiales. No sé si pasa algo, la verdad se tornó todo demasiado confuso y perplejo para mi razonamiento. No sé si estás enojada, la verdad que no lo sé. Pero conociéndote algo, entiendo que algo te pasa.

Te hiciste desconocida, y creo que yo igual para vos. Sabés -y sino lo sabés te lo digo ahora- que yo sigo siendo la misma. Soy y seré siempre la misma. Como escuché una vez, la naturaleza con la que nacemos se conserva hasta que morimos. Nacemos, somos y morimos siendo uno.
Los altibajos y los cambios en la vida o en la personalidad de uno son comunes. Pero vas a seguir siendo siempre el mismo, porque los cambios en uno los ven los otros pero vos te conocés completo.
Maduré, y también me adelanté a algunas cosas. Corrí en un sendero sin trazar. O sin terminar de trazar. El camino terminó y en vez de parar yo me lancé al precipicio; y en el aire caí. Pero algo aprendí y acá estoy, fluyendo. 

No estoy para peleas, o para comentarios sarcásticos. Mucho menos para mensajes tácitos escondidos en letras -aunque yo lo haga a veces-. Y menos que menos, antes de dormirme que mañana tengo un día largo. Piedad.

Si me tenés que decir algo decimelo. No encuentro otra forma de pedírtelo, todavía me queda orgullo. Perdón.
Siento muchas cosas pero no siento la necesidad de decírtelas yo primero, porque son todas respuestas a preguntas que me tenés que hacer vos. Estoy dispuesta a meter todo en una bolsa y encajonarla en alguna parte de mi ser, si vos querés la paz.

Acordate: lo desconocido se puede conocer.

14.3.15

MinitO

Después de aquel 25 de noviembre de 2014, te volví a ver. Volví a verte esos ojos azules que en algún momento me llevaron a lugares que no logro expresar en palabras. Volví a verte a vos, que fuiste llanto y sonrisa en el mismo minuto. Que fuiste mi tormenta en días soleados y mi sol en días de lluvia. Te vi a vos, que eras el único capaz de hacerme cualquier cosa porque me tenía en sus talones.

Y en tres meses y medio de vacaciones, llegué a la conclusión de que ahora quería que fuéramos solo amigos. Porque yo te quería, quería reírme de las boludeces que decías siempre, y quería poder abrazarte y decirte "Te quiero" sin necesidad de ser nada amoroso.

Y mi deseo seguía firme y sigue firme hasta hoy.

Nos habíamos dejado de seguir en Twitter y nunca supe como quedaron las cosas hasta hace un par de días. Sabía que te iba a ver otra vez, y me intrigaba escuchar lo primero que me ibas a decir o si me ibas a saludar.

Fui con todo el optimismo y digamos que se cumplieron mis expectativas.
En esta semana me saludaste, me sonreíste, cruzamos miradas, y me hablaste como si todo estuviera más que bien.

Hoy, me desperté a eso de las seis y a eso de las ocho, en uno de mis vagos pensamientos, vino el de seguirte en Twitter. Tenías el candadito, pero igual no me molestó mandarte para que me apruebes: tenía la fe y esperanza de que como todo estaba bien, podía mandártelo y perder todo el orgullo que tenía, y así poder ser amigos sin rencor ni resentimiento..

Me aceptaste, pero no me seguiste.

Es una boludez pero cuenta. ¿Qué te jode seguirme? ¿Qué te jode seguirme como seguís a todas las boluditas pajeras del curso? Seguís siendo el mismo pibe forro e histérico de siempre, y espero que en estos días te dignes a seguirme en Twitter, bastante que te seguí de vuelta yo, que era la enojada acá.

Ciega

Llego, dejo todo, la saludo y me acuesto al lado de ella. Son las dos de la tarde de un miércoles, pero ella sigue con el pijama puesto. Quiere dormir aunque ya haya dormido demasiado. Suficiente. Me quedo. Creo que no hay otro lugar más que esa casa que me transmita tanta paz. Y me pregunto, qué haré el día que no estén: ni ella, ni el. Ellos. Porque la casa sin sus dueños no es hogar. La paz me la transmiten ellos, y su casa acompaña.

Pero ahora estoy con ella, que todos los días me pregunta cómo estoy, me cose alguna ropa que me queda grande o un cierre que se rompió, me cocina, está conmigo en el tiempo que quizás si no estuviera ella (y el, también), pasaría sola. Son mi base, mi sostén. Y sin una base o un sostén uno se cae.

Pienso en el mal día que tuve. Además de largo, y caluroso. Mal día. Y veo sus ojos marrones, gastados, llorosos. No porque quieran llorar, sino porque ya son viejos. Las pupilas negras se ven difuminadas entre el marrón de sus ojos. Casi que ni se notan.

Ahora intento observar, que no es lo mismo que ver: porque para observar yo tengo que concentrarme, en cambio en ella ya es algo nato. Los años y la experiencia, y un par de ojos que esconden más de lo que exteriorizan.

Una mirada débil y caída, que pide a gritos descansar más aún de lo que ya descansó.
Que ya vio todo lo que quería ver.  O en realidad, que tenía. Ya no tiene de qué sorprenderse.

Y por eso denota cansancio. Porque ver, muchas veces implica observar. Observar implica pensar. Y pensar, miles de cosas que mucho tienen que ver con llegar a conclusiones no queridas. Porque con el pensar fluyen en la mente escritos de oraciones que nos pueden llevar a un vacío, que a su vez puede estar lleno de un algo -sentimiento-.

Tanto sus ojos como ella se cansaron de VER tanto, y muchas experiencias de su vida le transmitieron una tristeza que hasta el día de hoy se oculta en el resentimiento, o en el rencor.

Y ya no quieren ver más.

Entonces ¿quién soy yo para decretar que hoy fue un mal día? ¿Qué fue tan grave como para ponerme así de mal? ¿Supera, acaso, tal cosa, todas las cosas que soportaron esos ojos?

87 tiene ella. Yo 13.

Ella ya no quiere ver más, y yo tampoco. Pero hay una diferencia de edad -y de vida- bastante grande.

¿Qué pasó con el mundo, que una chica de 13 quiere lo que alguien de 87?

Quiere dormir, porque morir suena muy insensible hacia los demás. Ya no quiere ver más, y tampoco necesita hacerlo.

Sus ojos aparentan debilidad, igual que su piel arrugada y sus huesos crujientes; pero soportó infinidad de cosas. Y yo, aparento fortaleza, con mi peinado tirante y mi mirada que parece soberbia.

Pero las apariencias engañan y yo soy más débil que una porcelana.

8.3.15

Vos sos poderoso, yo soy poderosa, todos somos poderosos

¿Por qué releer? ¿Por qué repasar? ¿Qué nos garantiza? ¿Nos ayuda o nos perjudica? ¿Y si leemos algo que afortunadamente se nos había salteado y ahora te querés matar? ¿Y si sin querer leés entre líneas y entendés algo que no querías entender? ¿Y si tu mente piensa más de lo que ¿debería? ?
¿Y sí navega por un mar en círculos, sin llegar a ninguna parte? ¿Y si la brújula se rompió y no hay más rumbo? ¿Verdaderamente alguna vez hubo brújula? ¿Hubo rumbo? ¿Existe, hipotéticamente, "la brújula"? ¿Y si me estoy haciendo demasiadas preguntas? ¿Mucho más de las que ¿debería? ? 

¿Qué es "deber"? ¿Quién es dichoso de marcar qué se debe y qué no? ¿Quién tiene el poder de la objetividad absoluta? ¿Quién marca qué si y qué no? ¿Quién marca que el plato se llama plato y que el rojo verdaderamente es rojo? ¿Quién está tan seguro de si mismo que le da esa seguridad a los demás? ¿Quién tiene un manual de vida en sus manos? ¿Quién tiene la guía de qué hacer para ser más feliz? ¿De qué está bien y que está mal? ¿Quién tiene el libro que tiene dentro dos columnas que dividen lo bueno de lo malo? ¿Quién es capaz de generalizar todo en una palabra? ¿De encerrar todo en un "algo"? 

¿Quién tiene el poder? ¿La receta justa? ¿La magia?
¿Es acaso, esa persona, verdaderamente feliz? ¿Tener las instrucciones es bueno o malo? 

Porque no hay instrucción de instrucción. No hay exactitud, ni un "es lo que es y punto". No existe la objetividad. El que lee las instrucciones tiene la ¿suerte? de tener mente y razón, y cuando las lee, cuando las razona, se le presenta un dilema complicado. ¿Y ahí quién lo ayuda? 


¿Quién es más grande que el más grande? 


No hay instrucciones generales. Vos escribí tu consigna y abajo resolvé el problema.

Frenesí

Nací un 14 de junio. Mitad de mes. En el medio. Ni invierno ni verano. Tampoco primavera. Otoño. El sol no quema, y el frío no congela. No salís y ves flores de todos colores ni por todos lados, pero tampoco ves hojas naranjas o rojizas amontonadas en el cordón de la vereda. Y no hay tormentas de esas que arrasan con todo, tampoco. Digamos que está "agradable". Cuando todo se convierte en utilizable. Un short se puede combinar con un buzo. Y una remera con un jean.

En realidad, eso lo podes hacer en todas las épocas. Pero el día de mi cumpleaños lo podés hacer sin sufrir de nada. Ni frío, ni calor. Lo podés hacer sabiendo que está bien hecho. 

Todo eso es así, ni muy muy ni tan tan.
Ni blanco ni negro. No hay extremos. Es un gris constante, y eso puede beneficiarte o perjudicarte. Vos te encargás de hacerlo blanco o hacerlo negro. De hacerlo sí o hacerlo no. 

No sé. Los extremos no son del todo buenos: muy abajo sos infeliz, pero tenés la ventaja de impulsarte y llegar alto, y muy arriba te podés caer. Y en el medio, en el gris, ahí nací yo, y ahí vivo. Ni muy abajo, ni muy arriba. Aunque siempre me gustó la cima, aún sabiendo que me puedo caer. 

El medio es para pensar. Para encontrarte a vos mismo y ver qué onda. Y ahí te conocés y sos libre. Conociéndote sos todo. Pero ojo: no es fácil salir del gris. Ni tampoco es fácil pensar. O va, depende de cada uno. Algunos nacimos pensando. Nacimos en el gris. 

Pero, ¿quién dijo que pensar es la solución a todo?. Conocerse, lo es. Y para conocerse, ¿hay que pensar?. No creo que me despierte un día y me sepa del derecho y del revés. ¿Y entonces cómo?


Pensar es todo. Es el todo en sí. Depende cómo, cuándo, cuánto, dónde y qué pienses. Lamentablemente no creo que eso lo puedas manejar. ¿O seré yo sola la que no puede?

Pensar te puede llevar a la cima, sin dudas. Porque pensando -como cada uno piense-, terminás conociéndote. Y conociéndote a vos, conocés tu meta. Pero no todo es lo que aparenta ser. 
Ojo con donde pisás. La mente engaña, es el "mal" de pensar. Te engatuza. Te enrosca. 

¿O también me pasa a mi sola?

Las pisadas en falso pueden ser letales. Ojo. No siempre hay segundas chances. 

O sí. 

Depende. 

3.3.15

A las 00:01 o a las 23:59

Mirá que si yo creo que las peleas nos hacen más fuertes no es por ser un dicho popularizado eh. Lo creo porque soy una persona totalmente peleadora, simplemente porque no me puedo callar algo que me inquieta o molesta. Sino es cara a cara, con gestos, mediante otra persona o por twitter, es por whatsapp. Pero guardarmelo NUNCA. Nací así y así voy a morir. Y se de peleas.  Entendí que si después de pelearte con alguien que ya querías sentís que lo queres más, es porque en serio lo valoras y necesitas de esa persona.


El enojarse es involuntario -si se está enojado en serio-. Es un impulso del corazón que uno expresa con palabras. No decís "me enojé" -o va, si, ponele que algunos lo decimos si somos miss caprichito; pero siempre acompañado de otra cosa-. Y nada más. Decís la razón de enojarte y buscás disculpas, explicaciones o un algo que te conteste lo que decís simplemente para saciarte esa nudo en el estómago que con valentía desataste. Y si no te dicen nada, seguís hablando vos porque hasta que no se resuelva el temita de acá no se va nadie. Y eso pasa cuando el otro te importa. Porque sino, ninosvi'.

Pero uno no elige cuando o por qué enojarse. ¿Cuántas veces prefeririamos no habernos molestado por tal cosa o tal otra?.

O bueno, a mi me pasa que me encantaría que reine la paz en el mundo y si fuera por mi que nunca nada me joda o me rompa las bolas asi salimos todos juntos y felices y todo re piola. Pero como eso es totalmente imposible -por lo menos en este mundo-, me tiro al equipo de los que pelean abiertamente y con fundamento, vio.


En fin, a nadie le gusta estar enojado con alguien que se quiere, aunque en el momento te pongas hasta rojo de la bronca.

Sin embargo, a la hora de arreglarse es necesario valor, coraje, dejar el orgullo de lado, ponerse los pantalones y que el otro admita cuál fue el error que cometió para que vos te enojaras. Y cuando hace eso, SEMEJANTE cosa -porque ponerse los pantalones es RE complicado-, no es por él, es por vos, que te ofendiste. Y lo sentís, sentís su esfuerzo. Y ahí lo querés más, ahí cuando sentís que las disculpas son sinceras, lo abrazás y sentís ese abrazo como nunca antes, al punto de suspirar.

Pero también a vos te digo, a vos que sos el que se enojó, seguramente un poquito de culpa tenías -aunque sea un ultraarchimega miligramo-.

Las peleas no vienen cuando estamos todos de buen humor, sin sueño, calor, frío, hambre o cuando estamos con toda la paciencia del mundo.
Vienen cuando pasa todo lo contrario, o también cuando hay malentendidos o confusiones.
Así que está para meditarlo. La culpa siempre es mutua, aunque explícitamente siempre es del primero en asumirla. Hasta si tu amiga te cagó al flaco, también tenés algo de culpa.


Todo vuelve señores.

-tarde o temprano-.

2.3.15

Marzo

Siempre se delinea a más no poder aunque vaya al quiosco pero ese día decide hacerse más la "yo casual", y se pone solo rimmel -en exceso de cantidad obviamente-. Se hace una colita como si fuera al colegio -ni siquiera se plancha el pelo; ese día parece que el pelo decidió portarse y no estar ni tan frizz ni tan seco-, jean, vans y buzo típico para esos días de verano que parecen de otoño. Ese día tan marzo.


Y se sube al auto.


No sabe bien por qué pero el aire de la mañana, los chicos que van al colegio, la gente que va a trabajar, el señor que vende torta frita, la chica que anda en plena avenida en bicicleta con los auriculares puestos, y en especial el aire fresco de un día de verano la hacen navegar profunda e infinitamente en su mente y también en su alma. La hacen recordar y sentir. Y también la hacen sentarse a escribir en tercera persona.


Va solo porque es ESE colegio, el de su infancia -y aprovecha la excusa de "el primer día de su hermano en séptimo" para ir-. Y lo relaciona. Todo lo que observa le trae recuerdos no solo a su mente sino a sus cinco sentidos; siente olor a libro nuevo, siente el jugar a la mancha, el llevar las mismas galletitas todos los días, el perfume sabor a frutilla que le ponía siempre su mamá. Recuerda juegos, charlas, libros que pidió en la biblioteca, debates en ciencias sociales, papelones también. Y ahora piensa que quizás lo que la hace pensar tanto, además del aire sea el tramo. El camino. El lugar a dónde esta yendo. La nostalgia.


O quizás sea sólo el flash de una mañana de verano tipo otoñal. Sea eso que le pintan todas las novelas y películas de ir a tomar un café, sola o con el tipo que le gusta, eso de el baño que le refresca las ideas y le hace caer de tal cosa, eso de vestirse con polleras y camisas formales para ir a trabajar, eso de mirar por la ventanilla del taxi y pensar siempre algo. Como está haciendo ella ahora. No sabe si eso se lo enseñaron las películas, o quizás es algo natural en las personas de ver cómo todo pasa alrededor, cada cara, cada gesto, cada alma, cada historia; y mientras ella pasa más rápido que todos; ver los árboles, el sol que apenas se asoma, el semáforo, la gente que cruza bien o a veces mal, las puteadas entre choferes, el fisura que tiene un fernet en la mano a las ocho de la mañana, los obreros, el señor que vende las torta fritas, la chica en bicicleta: sentir el mismo aire tan matinal.


Porque ese ritmo de ciudad la apasiona, la inspira. La hace pensar en el día en el que ella tenga que ser la que paga el taxi, la que se baña antes de ir a trabajar y se pone la ropa más formal, la que se toma un café tranquila en la cafetería más cara de todas, la que trabaja en el centro, en una oficina, con un jefe copado y compañeros de todo tipo (el gay, la que se hace mejor amiga, la que aparenta serlo, el que gusta de ella, etc). Y también la que mira por la ventana y aunque esté en un presente que alguna vez planeó (como futuro), sigue pensando en un futuro (el otro) que algún día será su presente -y eso ya lo hace ahora-.

Le encanta ver los autos pasar. Ver y observar todo -al punto de mirar quiénes van adentro de un taxi, o de qué estarán charlando-, o qué mambos se cruzan por la cabeza de los fisuras del alcohol que toman fernet puro a esa hora. Pero en especial, le gusta mirar a las personas su cara, y pensar qué será de su vida. Le divierte imaginar historias de vida complicadas cuando ve una cara sufrida, y una vida a pura joda cuando ve una chica de veinte años sonriendo al celular que seguro va a trabajar al McDonald's. Y más que nada le gusta sentir ese aire en la cara. Porque es como un plus sumado a todo lo que pasa por su mente -aunque inicialmente, sea él quien la haga imaginar-.

Porque hay días, que o va dormida, o con la ventanilla subida porque hace mucho frío o llueve, o hace demasiado calor, o simplemente no le pinta bajar la ventanilla. O está de mal humor. O le pasó algo "tan" terrible que no hace falta aire fresco de marzo para que empiece a pensar. Y no sabe por qué, pero todas esas cosas pasan en otros meses. No sabe por qué, pero sabe que en marzo es cuando le gusta bajar la ventanilla. Cuando tiene ganas de que el aire le pegue en la cara y la bañe, como si fuera ella de grande preparándose para ir a trabajar.

1.3.15

Siempre andando

Soy una bomba de tiempo; que puede estar activada desde hace mucho para explotar hoy, o me puedo despertar hoy y que se active y explote hoy mismo. Puedo consumir broncas desde tiempo siempre que me trates mal y un rato después me estés dando un abrazo. Si después "arreglás" las cosas tácitamente. Si sentís que hiciste algo mal, no lo admitís pero venís y me das un abrazo que tiene un perdón como significado. Aunque eso no arregle nada, me calma. Me desactiva. Porque a mi lo tácito no me va. Me gusta que me lo digan de una y para eso soy capaz de ser la mina más cínica.

Es un "hoy no, hoy no rompas con tus caprichos y tus pelotudeces. hoy salimos y estamos todas felices, mañana llorá y pataleá". Y aunque lo que decís suene re a que te chupo dos huevos, sé que me querés. Porque te gusta que llore y patalee. Porque sabés que si me voy probablemente no vuelva. O sí. Pero no a lo mismo. Sabés que si me voy, no vas a tener otra. Sé que mis caprichos te hicieron valorarme. Y ojo, no es que los siga haciendo para que vos me sigas valorando. Es que soy así.


Es que en una caída, el levantarse implica más esfuerzo. Porque cuando yo me caigo, lo hago sin querer. No necesito esforzarme. Y me pasa por querer, por sentir. Pero prefiero eso antes que no sentir nada. Prefiero llorar mil años por una pelea con mi mejor amiga, antes que no querer a nadie. Porque si lloro es porque quiero. Si estoy triste es porque alguna vez sonreí. Si no quiero más nada de vos es porque ya lo tuve todo.
En cambio para levantarme me tengo que esforzar. Y si me esfuerzo es por vos. Y cuando sentís que me esforcé por vos, me tomás cariño. Me empezás a querer y no parás nunca porque siempre necesito pelear por algo. No lo hago a propósito porque me gusta hacer enojar al otro. Es más, admito que hay veces que me termino enroscando yo sola. Pero lo hago porque necesito descargarme: no está bueno ni es recomendable verme cuando exploto (casi nadie nunca me vio así).


Pero no siempre tenés ganas de darme un abrazo y arreglar todo como si nada. Y yo no siempre tengo ganas de que me abraces y así arregles todo. A veces vos tenés ganas de que yo te pida perdón y yo tengo ganas de lo mismo. Nos callamos, nos miramos y aunque sabemos que ninguna va a hablar primero, tenemos la fe de que aunque sea el otro nos tire un palo que podamos responder con otro palo. Una forma orgullosa de intentar pelear para largar todo eso que tenemos guardado. Pero no, no nos pasa. Sabemos que si tiramos una indirecta hablando la otra va a decir que es re tonto no decir las cosas en la cara. Y como las dos lo sabemos ninguna hace nada, y menos que menos si estamos con la bronca hasta el cuello. Así que necesitamos de las otras, las que otro día les tocará estar en tu lugar: las intermedias.

Y ellas no se encargan de arreglar las cosas así como así. Se encargan de hacer que mi bomba y tu bomba choquen y exploten juntas. Y ahí nos agarramos todos fuerte porque se viene LA revolución.

Te odio y te amo, a la vez.