Su pureza era de otro mundo. Su frescura y bondad eran tan sanas como vulnerables, y aunque ella fuese inteligente, no podría contra tanta maldad...
Era tan cálida como comprensiva, por momentos fría y por momentos dulce, pero todo lo malo que ella hiciese no era con intención. Sus metas siempre eran para el bien, de ella, o de alguien más...
Su problema era que se encariñaba fácil, rápido e intensamente. Amaba con todo lo que la hacía, con el alma y con el cuerpo. Si hubiera sido por ella, hubiera vivido dando abrazos y regalando consejos, pero muchas de esas veces la gente la miraba extraño. Como si dar amor fuera pecado.
Era una loca hermosa, podía mandarte a la mierda en un minuto y al siguiente hacerte el amor... y de qué forma... No era perfecta, pero aspiraba a eso. Después de todo, ella era de este planeta y estaba condenada al pecado, igual que todos. Pero de todos lo seres que conocí, ella era lo más cercano a la perfección, y yo no era el único que pensaba así.
Era como una nena. Le gustaba jugar, estar con otros nenes, vestirse con blusas floreadas y usar trencitas. Amaba comprar caramelos y algodón de azúcar, o pochoclos, o cualquier cosa dulce.
Pero lo más aniñado que tenía, era su espontaneidad: si se le ocurría algo iba corriendo hacerlo y no te quedaba otra que seguirla, sino, la perdías...
Aunque ojo, esto no significa que no fuera amante del alcohol o el cigarrillo, o de salir de noche, o de ser la loca mas loca de la fiesta. En este sentido, yo era muy celoso, y no podía soportar mucho la libertad que ella exigía.
Pero no fue ese el motivo de nuestra separación, no. Yo era celoso de la nada, porque ella siempre me había sido fiel. Quizás, por momentos podía molestarme verla sonreír o abrazarse con otros, pero eran solo amigos... No fue error de ella, sino mío. No fue por culpa de ella, sino mía...
Amaba pasar los ratos con ella, verla sonreír por mí, amaba seguir su espontaneidad, amaba comer caramelos con ella, correr y jugar con nenes, estaba enamorado de su abrazos, de sus besos, de sus trencitas, de sus consejos, estaba enamorado de ella, era una de las mejores cosas que había tenido en mucho tiempo, y sabía que debía cuidarla y hacerla mía todo el tiempo que pudiera, por eso era enfermizo con los celos... Hacer el amor con ella no era lo mismo que hacerlo con otras, y besarla, ni les digo. Era magia, simple y llana magia, tan tóxica como extravagante, me tenía loco y tan suyo que asustaba. Pero una noche, la tentación pudo más que esa magia, y cometí un error tan grave que hasta el día de hoy no me lo perdono, no me perdono haber tirado a la mierda todo lo que vivimos juntos, cada estremecimiento cuando me tocaba, cada magia en sus besos y cada risa compartida, haber tirado a la mierda a ella, que era mi mejor tesoro. No sé si me amaba más que yo a ella, quizás sí, y fue por eso que fui yo el que falló en nuestra relación, pero si sé que la destruí. La destruí por completo, y lo sé. Sé que soy la causa de todas sus lágrimas nocturnas, sé que soy su maquillaje corrido, soy la causa de que ella sea hoy todo lo que antes, nunca, podría haber sido. Soy el motivo de que ella haya perdido toda esa frescura, pureza y espontaneidad tan extraterrestres como hermosas, esa alegría que llevaba consigo misma siempre. Sé que soy.... su miedo. Pero también se que en el fondo, aunque ahora me odie, soy su enseñanza. Es lo único que me sirve de consuelo, pero no se compara con el malestar que llevo dentro mío. Y me rompe más el alma saber que nunca, pero nunca, va a volver a ser lo mismo de antes, no porque no me perdone, sino porque aunque si me perdonara, jamás voy a poder rebobinar el tiempo y volver a vivir esos momentos de la mano y esas risas tan mágicas, y mucho menos, no cometer el error de cogerme a su mejor amiga.
Mientras respiremos, nada está mal
30.8.15
No es soberbia, es amor
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Mambos azucarados,
Mambos minita
Poder decir adiós, es crecer
Solía necesitar escribir, posar la yema de mis dedos en estas teclas y exprimirme el alma casi todos los días. Era una necesidad, no importaba dónde ni cómo estuviera, no existían las excusas: siempre, encontraba la manera de desahogarme escribiendo, porque no era capaz de soportar más adentro mío todas esas emociones. Sentía que escribiendo resolvía. En parte, me esclarecía el panorama, o eso me hacía creer. En cambio hoy, por alguna razón, siento que solo me trajo más problemas.
Sentía una satisfacción, un placer indescriptible, que sólo se veían mejor en mi postura recta, en mis manos pausadas, en mi boca sonriente y mis labios superiores mordiendo a los de abajo... O en la fuerza que, segundos después, mis dedos ponían al apretar aquellas teclas. Ese entusiasmo, esas ganas de seguir dándome placer a mí misma, un ratito más, porque era eso lo que tanto necesitaba a lo largo del día y ellos podían dármelo, aunque en realidad fuese yo la que me lo daba.
Nada ni nadie me paraba, porque ese era mí momento, mío y de nadie más. Me convertía en sorda y egoísta, y sólo era capaz de escuchar el ruido de las teclas y de mis risas sin querer mientras leía lo que escribía.
Cuando terminaba, me sentía libre. Darle un final a algo y sentirme satisfecha era algo tan raro y lejano, que cuando lo sentía era como tocar el cielo con las manos. En ese tiempo variable me sentía yo, desde mi mejor ángulo. Era la que quería ser. Decía lo que quería decir. Pero nadie me escuchaba. Solo yo me escuchaba y eso alcanzaba, aunque mi más profundo sueño siempre haya sido basado en la opinión de los demás.
Ponía un punto y le daba a "Publicar" y de inmediato una ola de buen humor y ganas de todo me invadía. Unas ganas de vivir, de probar, de chocar, de sentir al máximo y de repetir mil veces todo.
Después me iba a dormir, y a las 6:30 am, cuando la alarma sonaba, todo eso desaparecía: en mí deslumbraba un disfraz de alguien introvertido, tímido, vergonzoso, feo y perdedor, alguien imposible de ser querido por otra persona. Un ser completamente odiado por mí, un contrario inevitable y lleno de sueños que nunca, jamás, podría cumplir. Ese era mi disfraz de todos los días, esa era la que todos veían y esa era por la que yo, todas las noches, escribía un descargo que me daba una mínima felicidad..
Yo, era todo lo que odiaba. No tenía poder de decisión, no podía cambiarme. Estaba obligada, destinada a ser una con el resto y otra conmigo.
Era presa de mis defectos y sólo me sentía libre cuando escribía para un público que creía tener y que era mi motivo a seguir por cada "Publicar"...
Yo era una mentira.
Pero como toda mentira, mientras mas se alarga el descubrimiento de sí, más grande se va haciendo la consecuencia, y por cada "Publicar", me condenaba a mí misma a ser todo lo que odiaba con la gente y todo lo que amaba y anhelaba, sólo conmigo...
Así que un día, por más emociones que se me juntaran, por más que pasara por situaciones extremas, dejé de escribir. Dejé de sentir esa satisfacción tan hermosa que sentía cada vez que escribía una entrada para un público inexistente o que quizás, no me importaba tanto. Empecé a escribir mentalmente, y a sacar las mismas conclusiones de antes pero sin publicarlas. Si al fin y al cabo, escritas o mentales, sólo eran para mí.
No necesito más andar contando mis problemas o escribir para desahogarme,o como dije al principio, para "resolver"...
No necesito más mostrarme como alguien que no soy. Y por eso, de una vez por todas, logro sacarme este pesado disfraz de encima y ser lo que soy. Así se gusta realmente y se aprende mejor, sin caretas ni miedos, ni a la oscuridad ni al qué dirán.
Hoy en día lo único que me motiva a seguir escribiendo es el amor y el clima, los besos abajo del sol, y el olor a café, con Cerati de fondo...
Es eso. No me interesa más encerrar mi mundo en una página de Internet. Quiero VIVIR y SENTIR en carne propia.
No conformarme más con soñar o imaginar que algo pasa, sino que pase!
Porque cuando amamos con el alma al punto de tener el corazón regalado u odiamos tanto que mataríamos, no vamos específicamente a escribir...
Porque cuando amamos con el alma al punto de tener el corazón regalado u odiamos tanto que mataríamos, no vamos específicamente a escribir...
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Conclusiones para nada
14.8.15
Liberté ♥
Me apasiona. Me apasiona el ruido del auto apuradísimo y la frenada loca en el adoquín; el clima incontrolable e impredecible, el día de 25º grados en pleno invierno; la brisa de aire nuevo en la cara, mirar por la ventanilla del auto y encontrar una historia en cada cosa, y en cada persona.
Me apasiona el amor, la tristeza, el odio y la melancolía, la nostalgia, sentir, me apasiona el recuerdo, y todas esas pequeñas cosas que con un simple olor, color, o textura nos teletransportan, inexplicablemente, a mundos pretéritos que se extrañan... Con tanta persona que llegó a renovar y se fue para lo mismo, con risas, llantos y reconciliaciones que un día no fueron más.
Me apasiona la noche, el alcohol, descontrolarse, me apasiona el ahora, el qué.me-importa-el-resto sincero y no el vendehumo, el que lo dice y por detrás sufre hasta el más suave comentario.
Me apasiona la infinidad, en otras palabras: no tener límites. Saber que siempre hay más, que se puede más, que la vida es una locura hermosa, hasta en los días de lluvia o tristeza...
Me enamora la ciudad, el cigarrillo en la mano y el flequillito que no llega a las cejas, pero que es recto; me enamora el misterio, me enamora el no saber para saber, el descubrir, el sentirme dichosa de una verdad que en segundos puede cambiar; me enamora, el café en las mañanas y los días grises: ese misterio tan impredecible de si va a salir el sol o si va a llover. Me enamora el arcoiris, con ese toque tan especial que lo hace increíble y una maravilla del mundo optativa- Me enamora el desastre, el quilombo, porque siento que puede ayudar a resolverlo y sentirme alagada y querida... Me encanta jactarme de entender cosas que mis compañeros de mi misma edad no entienden, me hace sentir un poco más allá...
Me encanta esto, de ir y venir cuando se me da la reverenda gana sin una rutina, un horario, o un día... Como poder faltar a clases el día que se quiere y estudiar cuando se quiere, o terminar una entrada sin haber explicado bien a donde quería llegar: si yo lo entiendo,
¡Si es mi vida!
Me apasiona el amor, la tristeza, el odio y la melancolía, la nostalgia, sentir, me apasiona el recuerdo, y todas esas pequeñas cosas que con un simple olor, color, o textura nos teletransportan, inexplicablemente, a mundos pretéritos que se extrañan... Con tanta persona que llegó a renovar y se fue para lo mismo, con risas, llantos y reconciliaciones que un día no fueron más.
Me apasiona la noche, el alcohol, descontrolarse, me apasiona el ahora, el qué.me-importa-el-resto sincero y no el vendehumo, el que lo dice y por detrás sufre hasta el más suave comentario.
Me apasiona la infinidad, en otras palabras: no tener límites. Saber que siempre hay más, que se puede más, que la vida es una locura hermosa, hasta en los días de lluvia o tristeza...
Me enamora la ciudad, el cigarrillo en la mano y el flequillito que no llega a las cejas, pero que es recto; me enamora el misterio, me enamora el no saber para saber, el descubrir, el sentirme dichosa de una verdad que en segundos puede cambiar; me enamora, el café en las mañanas y los días grises: ese misterio tan impredecible de si va a salir el sol o si va a llover. Me enamora el arcoiris, con ese toque tan especial que lo hace increíble y una maravilla del mundo optativa- Me enamora el desastre, el quilombo, porque siento que puede ayudar a resolverlo y sentirme alagada y querida... Me encanta jactarme de entender cosas que mis compañeros de mi misma edad no entienden, me hace sentir un poco más allá...
Me encanta esto, de ir y venir cuando se me da la reverenda gana sin una rutina, un horario, o un día... Como poder faltar a clases el día que se quiere y estudiar cuando se quiere, o terminar una entrada sin haber explicado bien a donde quería llegar: si yo lo entiendo,
¡Si es mi vida!
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Mambos humeantes
8.8.15
Dejarse ser!
Que fluya una forma de ser y que tiemblen piernas, lloren ojos y sangren pieles, ¡o que se venga el mundo abajo! Si al fin y al cabo esta tierra es redonda y siempre se vuelve a lo mismo, se vuelve a este hostil y muy frío universo poco humano, que pensando sólo en sí mismo intenta opacar personalidades y almas revolucionarias, que quizás, lo podrían llegar a transformar en cuadrado.
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Mambos propiamente
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