Es la primera vez que va a salir de noche, por ende la primera vez que sus papás le dan permiso, la primera vez que va a tener una previa, la primera vez todo. Todo tiene su luz propia, su esperanza, su brillo tan peculiar y primerizo, a tal punto de hacer cosquillas en su estómago a medida que las agujas del reloj se acercan más y más a las doce y veinte. Son las doce menos cuarto. En el baño de la habitación de su amiga, una de ellas está preparando una mezcla que a cabo de segundos se torna verde. Una suerte de frizzé azul con vodka y cepita y quizás algo de vino en cartón... Mientras ella observa la transformación en la pigmentación de esa primeriza mezcla algo emocionada por probar, alguien fuera del baño apaga las luces, cierra la habitación con llave y pone algo de reggaeton. Ahora sí. Botellas, copas, baldes y rondas de vodka van y vienen, ella toma control sobre su cuerpo pero para el que la viera diría que ya no sabe lo que hace. Y no, ella sí sabe lo que hace, lo hace porque quiere y porque le gusta, porque quiere que su primera vez valga la pena, porque tiene unas ganas encasilladas dentro de ella que quiere exponer a cualquiera que se le cruce sin importar que les importe...
El reloj de la computadora les dice que son las doce en punto. Ninguna de las tres nerviosas tiene nervios ahora, solo hay risas a carcajadas y algunas torpezas de borrachas que sólo les divierten más. Nada más importa. Ella sabe lo que está haciendo pero sigue porque en serio así lo quiere. Sabe que aunque ahora le duela el estómago de tanto alcohol junto, quiere seguir. Porque quiere seguir olvidándose cada segundo un poco más de toda la mierda que la espera a la vuelta a casa, porque no quiere sufrir más las cagadas de los demás, porque no está mal tomar y olvidarse de todo por un buen rato, si al fin y al cabo siempre se vuelve a la realidad.
Se mira en el espejo. Se rebaja a sí misma. Y no se siente mal por vestir una pollera ajustada y corta, o un top provocativo; mucho menos por maquillarse o tomar. Luego, débil pero sabiendo lo que hace, se mira a los ojos. Se acuerda, por un instante de todo por lo que está pasando en su vida familiar, se acuerda de quién es ella para los tantos ojos que la siguen en la escuela: "la de las buenas notas", "la que tiene pinta de santa", y algunos etcéteras de este estilo, que en estos momentos solo son motivo de una cosa: reír. Se mira y se ríe. Ahora se arregla, y sigue tomando.
Doce y cuarto marca el dichoso reloj, torpemente comienzan a limpiar y esconder las botellas. La mamá de su amiga toca la puerta, el auto ya está encendido.
Bajan las escaleras, con un paso alcoholizado y poco firme, pero bajan.
Llegan, entran al boliche con algunas complicaciones y no hacen más (especialmente ella) que disfrutar de esa primeriza noche. Nada más importa que ella, bailar y reír. Y se siente bien con eso, se siente bien con saber, que se puede ser "la de las buenas notas", y la de los problemas familiares, con la que sale una noche y la pasa bien, que no está mal olvidarse de las cosas aunque sea por un rato, que no importa la edad que se tenga ni qué problemas inunden una vida para salir de noche, mientras uno se percate de ello y sepa lo que hace; que ninguna sociedad, por más reglamentaria y vieja que sea, puede prohibir el olvido temporal de algo que nos hace mal, mientras olvidarlo nos haga bien.
No está mal olvidarse de algo temporalmente, tal como decís. Lo que no está bueno es escaparse de las situaciones por tiempo indeterminado porque al final vuelven con más fuerza
ResponderEliminarQué buen relato! de experiencias se vive la vida :D
Un beso!
Coincido. Muy bueno.
EliminarGracias nerixial y Clarard por sus comentarios! Les haya agradado o no, me inspira saber que alguien me lee. Gracias de vuelta! Un beso.
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