Siente esas cosquillas en el estómago, ¿serán las famosas mariposas? No lo sabe, espera que si y a la vez que no. Que si, porque esas cosquillitas la mantienen feliz, joven y brillante. Y que no, porque no quiere lo mismo de vuelta.
Pero ella es de esas que piensan que el que no arriesga no gana, aunque más de la mitad de las veces -en teoría, todas-, haya perdido. Es de las que mantienen feliz y paciente la esperanza de que algún día, llegue el correcto. Por eso aprovecha todos, no se priva de ninguno, por eso, se sube a todos los trenes. Y esta, no es la excepción.
Ya poniendo un pie en el tren, lo mira. El la mira. Una. Dos. Tres. Y así, todavía mas veces.
Como siempre, la mirada es lo primero y fundamental.
Da por finalizado -y obviamente, aprobado- este primer paso. Siente, que la mirada es correspondida. Que el la mira porque siente lo mismo por ella. Porque tiene el mismo cosquilleo y va a saciarlo, igual que ella. Entonces va por el segundo paso, que en realidad, varía en cada caso y con cada posible príncipe. Aunque el fin siempre es el mismo: avanzar, y no importa cómo. Puede ser un roce de pieles "sin querer", o un "-permiso -pasá".
En este caso y con este príncipe, van a hacer la primer parada en una estación de servicio para cenar. Todos bajan, compran y se sientan en una mesa con los suyos. El, con su familia y ella, con la suya. Ya pasó la parte de mirarse pero como no sabe cómo avanzar,continúa extendiendo el primer paso.
Entonces pasa la cena y nada, ella no avanza y el menos. Mirando un poco el paisaje, intentando a la vez calmar las cosquillitas que no la dejan en paz, se le ocurre pensar que quizás el la mira porque ella lo mira. Siendo mas concretos, que el la mira por mirar, como se mira a una persona en la calle; sólo que lo hace más de una vez porque ella lo mira y cuando a uno lo miran lo siente, y el lo siente, y al igual que todos, lo siente al punto de que si está de espaldas sería capaz de darse vuelta y ver quién está clavando sus ojos en el. Y a ella se le ocurre eso; "piensa mal y acertarás" dice el refrán y ella mal-piensa a la perfección. Mientras, mira por la ventanilla ese oscuro paisaje, esa noche que no promete mucho, esa amarga y fría noche.
Piensa, en cómo doce horas se hicieron segundos, en cómo tanto viaje se hizo tan corto y con él, cómo se hicieron tan en vano todos sus intentos por acercarse a ese príncipe negro.
Piensa, en cómo puede ser, que siempre arriesgue y nunca gane.
Dentro de unos minutos los dos bajarán, y cada uno irá por su lado, quizás no se vean nunca más, y por quien sabe que número de vez, tiene que bajar del tren, sin nada, vacía, aunque el cosquilleo siga y las mariposas sigan revoloteando, porque ahora, ahí, es cuando más se siente el "libre de vos, pero no de mi", y ahora, aunque no tenga ganas, aunque ya lo haya hecho incontables veces, tiene que superar sus ojos en los de ella, y los de ella en los de el, aunque no quiera, aunque no pueda.
Cuando probás y probás y parece que nunca acertás.
Cuando te subís a todos los trenes y ninguno conduce a dónde querés ir.
Cuando te cansás de que siempre sea lo mismo.
Mientras respiremos, nada está mal
28.1.15
Re-truco. Quiero.
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Mambos azucarados
23.1.15
Matices con coma
Subís. Bajás. No te gusta ese cambio de ánimo repentino pero te la bancás porque ya te acostumbraste. Ya te acostumbraste a ese brusco altibajo que tanto te encanta cuando todo es gris y tanto odias cuando todo es rosa. Pero bueno. Es inevitable en vos. Porque esa sos vos y vos sos así. Intentar cambiarte siendo una es intentar ser dos. Ser otro número. Ser otra. Y vos ya tenés tu número. Y así está bien, así lo tenés que aceptar: cómo es, COMO SOS. Porque lo liso no existe. Lo igual.
Cuando todo es liso, cuando todo es perfecto, ya no es.
Cuando estás en el hospital y si escucha el piiiiii largo, aparece una línea larga, lisa, sinfín, que ya no puede subir, ni bajar. Ya no tiene nada. Ni todo.
Entonces no importa el defecto. La vida es un color con matices constantes, un número decimal.
Vos, también lo sos.
Lo perfecto no existe, no es. Y los colores sin matices o los numeros redondos tampoco.
Y sí, a veces es feo, es insoportable para nuestro cuerpo y para nuestro alma tener ese brusco cambio de ánimo, hasta es intolerable.
Pero no podés hacer nada que lo cambie completamente, podés reducirlo, pero estar va a estar. Y es mejor que sea así. Después de todo le da un poco más de emoción y espontaneidad a tu vida y mucho color rosa cuando la cosa se pone gris -o mucho color gris cuando todo está rosa-.
Cuando todo es liso, cuando todo es perfecto, ya no es.
Cuando estás en el hospital y si escucha el piiiiii largo, aparece una línea larga, lisa, sinfín, que ya no puede subir, ni bajar. Ya no tiene nada. Ni todo.
Entonces no importa el defecto. La vida es un color con matices constantes, un número decimal.
Vos, también lo sos.
Lo perfecto no existe, no es. Y los colores sin matices o los numeros redondos tampoco.
Y sí, a veces es feo, es insoportable para nuestro cuerpo y para nuestro alma tener ese brusco cambio de ánimo, hasta es intolerable.
Pero no podés hacer nada que lo cambie completamente, podés reducirlo, pero estar va a estar. Y es mejor que sea así. Después de todo le da un poco más de emoción y espontaneidad a tu vida y mucho color rosa cuando la cosa se pone gris -o mucho color gris cuando todo está rosa-.
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Mambos analfabetos
12.1.15
Pesa en la espalda
A veces pienso que escribir sobre algo que nos está pasando emocionalmente y nos hace mal, produce que estemos aún más pendientes de ese algo, y por ende, que estemos aún "más mal".
Pero otras veces, es la única alternativa que aunque no resuelve el problema, ayuda a descargarnos. Porque el dolor es una carga, una mochila que pesa en la espalda, que se lleva consigo mismo hasta que se resuelve lo que lo causa. Y entonces vos podés descargar la mochila escribiendo. Sacar lo de adentro. Largarlo.
Pero la mochila sigue en tu espalda.
Porque no hay alternativa capaz de sacar la mochila de nuestra espalda por sí sola, porque no hay alternativa capaz de quitar el dolor, porque el dolor está y existe, y escribir, solo lo calma.
Entonces escribo. Vos escribís.
E intentás expresarte de la mejor forma, usar las palabras más correctas, y te sale.
¿Y entonces por qué al escribir nos sale, y al hablar no?
Simplemente a veces no hay fuerza,voluntad, no hay voz que cante esas palabras, no hay melodía, y no hay ganas tampoco.
Porque calmar, es mejor que arder.
Cuando no sabemos que palabras usar para expresar ese dolor hablando, en qué orden colocarlas, o no sabemos a quién decírselas.
Cuando no sabemos qué se puede hacer porque no encontramos salida, aún sabiendo que siempre hay una.
Pero otras veces, es la única alternativa que aunque no resuelve el problema, ayuda a descargarnos. Porque el dolor es una carga, una mochila que pesa en la espalda, que se lleva consigo mismo hasta que se resuelve lo que lo causa. Y entonces vos podés descargar la mochila escribiendo. Sacar lo de adentro. Largarlo.
Pero la mochila sigue en tu espalda.
Porque no hay alternativa capaz de sacar la mochila de nuestra espalda por sí sola, porque no hay alternativa capaz de quitar el dolor, porque el dolor está y existe, y escribir, solo lo calma.
Entonces escribo. Vos escribís.
E intentás expresarte de la mejor forma, usar las palabras más correctas, y te sale.
¿Y entonces por qué al escribir nos sale, y al hablar no?
Simplemente a veces no hay fuerza,voluntad, no hay voz que cante esas palabras, no hay melodía, y no hay ganas tampoco.
Porque calmar, es mejor que arder.
Cuando no sabemos que palabras usar para expresar ese dolor hablando, en qué orden colocarlas, o no sabemos a quién decírselas.
Cuando no sabemos qué se puede hacer porque no encontramos salida, aún sabiendo que siempre hay una.
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Mambos humeantes
7.1.15
En este mar
No hay rumbo exacto.Me apresuro, soy tan impaciente como un nene de cinco años, que necesita que lo consientan rápido para que no se largue a llorar, no puedo esperar, simplemente no puedo. Y es que ni siquiera sé qué espero. No sé adónde voy pero igual camino. Es un sendero sinfín que mis pies transitan constantemente sin que yo quiera pero a la vez queriendo; andan, van, se mueven, uno primero el otro después, y avanzan. Y esa es la peor parte. Cuando avanzan a lo desconocido, a lo incierto. Pero hay algo en mi cuando se mueven que hace que quiera que sigan, que no paren. Y hay otro algo en mi que quiere que se detengan, que no me manden a lo que no sé.
Pero igual siguen porque tienen que seguir.
Y ahora descubro qué es eso que les permite que sigan.
La expectativa, tal vez.
La curiosidad, la intriga.
Me apresuro, no puedo esperar, soy impaciente como un nene de cinco años.
Y no logro terminar nada.
Pero es que siento el fracaso en todo.
Porque siempre que siento éxito siento el fracaso.
Y siempre que río lloro.
Y cada objetivo incierto que me propongo, no lo termino de cumplir, y será porque lo incierto nos para, nos traba, nos estanca, a veces no nos deja seguir, porque dentro de lo incierto está la posibilidad del éxito y también del fracaso, pero no lo sabés hasta que llegás y para llegar hay que caminar y avanzar.
Para encontrar hay que buscar.
Para lograr, hay que intentar.
Para ganar, hay que arriesgar.
Y así como hay caminos largos llenos de fracasos, hay caminos cortos llenos de éxitos.
Y caminos difíciles, y fáciles.
Llenos de trabas que nos hacen más fuertes cada día, o sin textura alguna, y con una traba repentina que nos baja de la nube del éxito.
Pero todos son inciertos.
Aunque...
...si no caminás no llegás.
...si no llegás no sabés.
...si no sabés, la duda te carcome el cerebro hasta que te dignás y caminar y lo hacés.
O también pasa, que la vida es como el mar, aunque no quieras moverte, aunque quieras quedarte parado con los pies a tierra, la corriente te lleva sola y sino nadás para salvarte te ahogás.
Y es que es el destino de todos nosotros, avanzar y chocar con lo que el destino nos tiene preparado, y en el mar podés chocar contra un tiburón, podés chocar con un barco que te ayude a salvarte, o con una isla lejana y perdida que nadie pisó en siglos, o también, simplemente te ahogás porque no te chocaste con nada y no aguantaste más, porque ya no tenés los pies a tierra, ya no tenés a eso que te mantiene firme, eso que te ayuda, ahora estás vos solo y son vos y tu vida contra el destino.
Y es que es el destino.
Y aunque no nos guste, aunque no queramos, tenés que mirar para adelante y seguir como puedas. Con lo que tengas.
No prometo nada, ahora no te digo -porque ahora no estoy convencida- que siempre, en algún momento de tu vida te llega lo bueno, porque a veces te cansás; cuando estás en el mar perdido y esperando ese choque, aguantás lo que aguantás y si no aguantás mas te ahogás, y pegás la última cabeceada para arriba, el último impulso hacia la superficie y no sabés, porque la vida te sorprende hasta el último segundo; hasta el último suspiro no sabés que va a ser de vos.
Y mis pies avanzan por un camino cierto pero con un fin incierto, porque el sendero está bien trazado pero no adónde conduce.
Y aunque yo ya no quiera seguir por este sendero, sigo.
Porque sí, porque el destino así lo quiere.
Aunque yo ya esté harta de intentar, y te diga que vos no te canses de hacerlo, porque te doy los mejores consejos pero en realidad no sé cómo aplicarlos en mi.
Aunque no me conforme con nada.
Sigo.
Y es que soy espontánea y la espontaneidad no va con un camino bien trazado y definido.
Es que la vida me exige saber que quiero y yo no lo sé.
Es que a cada minuto quiero algo nuevo, y lo nuevo del minuto siguiente opaca lo del minuto anterior y entonces no lo termino.
Pero tengo ganas.
Pero son más mis ganas de lo nuevo que de lo viejo.
Y entonces me inclino en lo nuevo y lo viejo ya es pasado.
Un minuto después es mi futuro y un minuto anterior es pretérito.
Y soy así y me gusta pero no sé si me gusta.
Y en fin, me cansé de bracear y cabecear, mis brazos y mi cuello ya no lo soportan, quizás dentro de poco sea mi último suspiro y quizás con él llegue esa sorpresa que a veces el destino decide darnos en el último minuto, como quizás no.
Porque quizás está todo planeado, es mi destino desde hace tiempo que la vida me sorprenda en mi última toma de aire, como quizás no haya nada planeado, pero igual me salve, porque por ahí, al destino le da por darle al destino un poco de su propia medicina, y decide darle a la vida la espontaneidad que tanto llevo conmigo y que nunca jamás pensé que ella -la vida- tendría; tal vez, le de ese empujoncito que todos necesitamos para que me impulse hacia arriba y me salve, y al fin, ya no tenga que bracear o cabecear más, en un mar lleno de incertidumbre que ni el destino mismo llega a conocer nunca.
Porque no siempre es lo que se quiere, porque también es lo que se debe.
Y no es elección tuya sino del destino si seguís en este mar o no seguís. Si de repente viene un tsunami y te ahogás o si se voló un salvavidas de un barco y cayó al lado tuyo.
Pero nada. No vas a dejar de caminar por no saber que hay al final.
O porque simplemente no tengas ganas.
Igual aunque no quieras, vas a tener que seguir porque, en este mar, las olas te llevan solas.
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Mambos humeantes
3.1.15
Tocar fondo es algo lindo
Creo en los silencios que gritan y en los gritos silenciosos.
Creo que somos felices para ser tristes y también, tristes para ser felices.
Que la vida es un ir y venir, un dar y recibir, a veces un dar constante, pero que a la larga te va a llegar, porque cuando menos lo esperas llega.
Y cuando te cansas de intentar es cuando perdés.
No perdés cuando perdés. Cuando no funcionó. Perdés ahí, cuando te cansaste.
También creo que caemos para levantarnos.
Que todo es para algo y por algo.
Que si haces el mal es para aprender y si haces el bien es para otros -que no es poco- y ese bien después te va a llegar a vos también.
Creo en que los finales son para nuevos comienzos, y creo que las lágrimas son para las sonrisas, que tocar fondo en el mar, es para impulsarte hacia arriba y nadar hasta llegar a lo más alto.
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Mambos humeantes
2.1.15
VENDETTA.
Es indescriptible -no solo para ella sino para cualquiera- lo que sentía en ese momento. No lo sabía con exactitud, ni en ese momento, ni tampoco ahora. No estaba segura -como de nada de lo que hacía-, pero sentía una cierta seguridad en algún punto, de que si era un cóctel, un combo de sentimientos; y por su puesto, todos estaban relacionados con la tristeza, la decepción.
El vacío no tan vacío.
En ese momento, cuando ni siquiera podía explicar, ni en su propio yo y mucho menos con palabras lo que sentía, la idea que le pareció más acertada fue IRSE.
Sí. Irse. Escapar.
Escapar de aquel dolor, de aquella imagen, escapar de él, que hacía un rato era suyo y ahora era de otra.
Escapar de ese entorno que hacía un rato lo era todo y ahora era la nada.
Que hacía un rato era un sueño cumplido y ahora una pesadilla cumplida.
"Cobarde". "Boluda". "Pelotuda".
Eran un par de definiciones que le daban sus amigas si decidía irse.
¿Entonces qué hacer? ¿Qué decisión puede tomarse cuando uno no sabe ni cómo se siente? ¿Qué decisión podría tomar ella, que ni siquiera sabiendo como se siente puede tomar una decisión?
Qué hacer, la pregunta en cuestión.
Y, la idea acertada para ese instante fue seguir los no muy convincentes consejos de sus amigas.
Pero igual, no sabía qué hacer, que importaba si sus consejos eran convincentes o no, los iba a seguir, y al pie de la letra.
Entonces un "hacele lo mismo" fue la mejor respuesta.
La mejor respuesta e idea que iba a seguir al pie de la letra, tal y cómo había dicho.
"Resentida" decían ahora, las que son aún más indecisas que ella.
¿Y?
Si no hacía eso, ¿qué hacer? ¿quedarse mirándolos mientras ellos estaban cual pareja de tortolitos y ella como una solterona de cuarenta años?
Lo último que iba a hacer.
Pero si hacía lo que le habían dicho entonces era resentida. Y quedarse, ja.
Por eso, se repite
"¿Y?"
Entonces optaría lo que consideraba mejor elección.
Ahora, de repente, estaba más segura que nunca.
Era la mujer más firme de todo el mundo.
Hacer lo mismo. La clave. La respuesta. La solución. La mejor opción esa noche.
Y la llevaría a cabo como la mejor, como un asesino profesional, como un capo di tutti capi.
Como la mejor.
Entonces lo hizo.
Y mientras el la miraba en silencio a ella y mientras la miraba gritando a la otra -gritando no tan gritando-, en el v.i.p que antes lo era todo, luego nada y ahora lo sería todo de nuevo, ella, como un capo di tutti capi, buscaría su presa, su ¿víctima?, su arma mortal.
Y la encontró. Era perfecta. Hasta era parecido a el.
Entonces una amiga de ella se acercó, la mostró a ella, y al verla, tan espléndida y brillante como el sol, como las estrellas, como la luna, no dudo en besarla.
Y en el mejor ángulo, en la mejor posición para que ÉL la viera, la mirara, esta vez en silencio, gritando, esta vez, en silencio y gritando porque quería que la mirara, en todo sentido, en todo ángulo, con toda furia, amor, con todo.
Pero que la mirara.
Y si.
"¡Eureka!" pensaba mientras besaba otros labios. Labios que en realidad no deseaba, no quería, que no amaba.
¿Eureka?
Estaba haciendo lo mismo que, con una profunda seguridad, creía que el hacía con ella.
Estaba haciendo lo que no le gustaba que le hicieran.
Y pensaba gritando, "eureka".
Dentro de su yo coherente sabía que estaba mal, pero en ese momento lo gozaba, como la mejor, como el propio capo di tutti capi que lleva a cabo su ejecución, que mata y goza de un salpicón de sangre, que lo disfruta.
En ese momento, no le importó.
Simplemente como eso, no importar.
Y eso era lo que el sentía con ella cuando la besaba. Y eso a ella la dolía. Porque lo amaba.
El no pensaba en ella.
Y ella, en ese momento no pensaba en el, ni tampoco en su arma.
Solo en su venganza.
__________________________________________________
Lo estaba llevando a cabo tan bien, que rozaba lo perfecto. Y terminó con su primer arma, y continuó con la segunda, y luego con una tercera.
Cada arma era más linda que la otra, más perfecta que la otra, y eso hacía cada vez más perfecta su ejecución. Y le encantaba.
La mejor parte eran sus ojos en ella, con otro, otro que no era el.
Y también los ojos de la otra, de sus amigas, de sus amigos, de los desconocidos que miraban solo porque todos miraban.
Era una telenovela, la mejor telenovela, la suya.
La parte en la que la venganza se lleva a cabo, y no importa si eso es bueno o malo, pero lo hacés y te sentís satisfecha con vos misma.
Y eso sentía ahora ella. Satisfacción.
Y con aquel sentimiento, venía la libertad.
Sí.
Se sentía libre, libre de su venganza, de un objetivo, un tanto espontáneo, pero cumplido, y eso la hacía sentir bien. Al fin.
Ahora era una adolescente libre, feliz, transparente, sin problemas, que solo le importan sus amigos, y que quiere disfrutarlos.
Y con la mirada de el v.i.p que lo era todo y nada a la vez, con la mirada de todos ellos, con el sentimiento de libertad y felicidad junto, con la satisfacción dentro de ella, con el pensamiento en todas las mentes ahí presentes de saber que ella se estaba vengando, y de el, estaba feliz.
Y ahora, el vacío había durado sólo un rato, para dejar de existir, ahora quizás el vacío lo tenía el, porque ella, ahora sentía plena felicidad, como la que tiene un niño cuando se le da un chupetín.
Cuando hacés lo que no te gusta que te hagan pero igual sonreís.
Cuando uno es tan incoherente, cuando nada te importa, y así sos más feliz.
Aunque quien sabe, estando coherente, que sentiría después, una vez, que esa atípica noche, al fin terminara.
El vacío no tan vacío.
En ese momento, cuando ni siquiera podía explicar, ni en su propio yo y mucho menos con palabras lo que sentía, la idea que le pareció más acertada fue IRSE.
Sí. Irse. Escapar.
Escapar de aquel dolor, de aquella imagen, escapar de él, que hacía un rato era suyo y ahora era de otra.
Escapar de ese entorno que hacía un rato lo era todo y ahora era la nada.
Que hacía un rato era un sueño cumplido y ahora una pesadilla cumplida.
"Cobarde". "Boluda". "Pelotuda".
Eran un par de definiciones que le daban sus amigas si decidía irse.
¿Entonces qué hacer? ¿Qué decisión puede tomarse cuando uno no sabe ni cómo se siente? ¿Qué decisión podría tomar ella, que ni siquiera sabiendo como se siente puede tomar una decisión?
Qué hacer, la pregunta en cuestión.
Y, la idea acertada para ese instante fue seguir los no muy convincentes consejos de sus amigas.
Pero igual, no sabía qué hacer, que importaba si sus consejos eran convincentes o no, los iba a seguir, y al pie de la letra.
Entonces un "hacele lo mismo" fue la mejor respuesta.
La mejor respuesta e idea que iba a seguir al pie de la letra, tal y cómo había dicho.
"Resentida" decían ahora, las que son aún más indecisas que ella.
¿Y?
Si no hacía eso, ¿qué hacer? ¿quedarse mirándolos mientras ellos estaban cual pareja de tortolitos y ella como una solterona de cuarenta años?
Lo último que iba a hacer.
Pero si hacía lo que le habían dicho entonces era resentida. Y quedarse, ja.
Por eso, se repite
"¿Y?"
Entonces optaría lo que consideraba mejor elección.
Ahora, de repente, estaba más segura que nunca.
Era la mujer más firme de todo el mundo.
Hacer lo mismo. La clave. La respuesta. La solución. La mejor opción esa noche.
Y la llevaría a cabo como la mejor, como un asesino profesional, como un capo di tutti capi.
Como la mejor.
Entonces lo hizo.
Y mientras el la miraba en silencio a ella y mientras la miraba gritando a la otra -gritando no tan gritando-, en el v.i.p que antes lo era todo, luego nada y ahora lo sería todo de nuevo, ella, como un capo di tutti capi, buscaría su presa, su ¿víctima?, su arma mortal.
Y la encontró. Era perfecta. Hasta era parecido a el.
Entonces una amiga de ella se acercó, la mostró a ella, y al verla, tan espléndida y brillante como el sol, como las estrellas, como la luna, no dudo en besarla.
Y en el mejor ángulo, en la mejor posición para que ÉL la viera, la mirara, esta vez en silencio, gritando, esta vez, en silencio y gritando porque quería que la mirara, en todo sentido, en todo ángulo, con toda furia, amor, con todo.
Pero que la mirara.
Y si.
"¡Eureka!" pensaba mientras besaba otros labios. Labios que en realidad no deseaba, no quería, que no amaba.
¿Eureka?
Estaba haciendo lo mismo que, con una profunda seguridad, creía que el hacía con ella.
Estaba haciendo lo que no le gustaba que le hicieran.
Y pensaba gritando, "eureka".
Dentro de su yo coherente sabía que estaba mal, pero en ese momento lo gozaba, como la mejor, como el propio capo di tutti capi que lleva a cabo su ejecución, que mata y goza de un salpicón de sangre, que lo disfruta.
En ese momento, no le importó.
Simplemente como eso, no importar.
Y eso era lo que el sentía con ella cuando la besaba. Y eso a ella la dolía. Porque lo amaba.
El no pensaba en ella.
Y ella, en ese momento no pensaba en el, ni tampoco en su arma.
Solo en su venganza.
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Lo estaba llevando a cabo tan bien, que rozaba lo perfecto. Y terminó con su primer arma, y continuó con la segunda, y luego con una tercera.
Cada arma era más linda que la otra, más perfecta que la otra, y eso hacía cada vez más perfecta su ejecución. Y le encantaba.
La mejor parte eran sus ojos en ella, con otro, otro que no era el.
Y también los ojos de la otra, de sus amigas, de sus amigos, de los desconocidos que miraban solo porque todos miraban.
Era una telenovela, la mejor telenovela, la suya.
La parte en la que la venganza se lleva a cabo, y no importa si eso es bueno o malo, pero lo hacés y te sentís satisfecha con vos misma.
Y eso sentía ahora ella. Satisfacción.
Y con aquel sentimiento, venía la libertad.
Sí.
Se sentía libre, libre de su venganza, de un objetivo, un tanto espontáneo, pero cumplido, y eso la hacía sentir bien. Al fin.
Ahora era una adolescente libre, feliz, transparente, sin problemas, que solo le importan sus amigos, y que quiere disfrutarlos.
Y con la mirada de el v.i.p que lo era todo y nada a la vez, con la mirada de todos ellos, con el sentimiento de libertad y felicidad junto, con la satisfacción dentro de ella, con el pensamiento en todas las mentes ahí presentes de saber que ella se estaba vengando, y de el, estaba feliz.
Y ahora, el vacío había durado sólo un rato, para dejar de existir, ahora quizás el vacío lo tenía el, porque ella, ahora sentía plena felicidad, como la que tiene un niño cuando se le da un chupetín.
Cuando hacés lo que no te gusta que te hagan pero igual sonreís.
Cuando uno es tan incoherente, cuando nada te importa, y así sos más feliz.
Aunque quien sabe, estando coherente, que sentiría después, una vez, que esa atípica noche, al fin terminara.
Porque siempre está bueno mirar adentro de uno:
Mambos azucarados
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