Mientras respiremos, nada está mal

13.9.16

No hay paraíso

Ay que si esto, ay que lo otro. Dejemos de sacar conclusiones en nuestra cabeza porque la cabeza no es el mundo.
Si, lamentablemente, para los que vivimos pensando y pensando, es una pena. Nuestro mundito mental es no más que una irrealidad. Y lo irreal no es vida.
La vida es esto, es lo que estás haciendo ahora. Leyendo mis vanas palabras, pensando cuanto mal haces cada vez que no te animas.
Y si. Te lo dice alguien que no se animó más veces de las que si.
Inseguros de nosotros mismos, miedo a fracasar. Son el triste pecado que nos acompaña a cada ser humano.
Y bueno, no hay bien sin mal.
El que llega a algo tiene que superar todo eso y para superar se necesita vivir. Para ponerse feliz, hay que sufrir un poco antes.
Nada es gratis no? Es el mundo no el paraíso.
Es la realidad no un sueño.
Y lo que ves a tu alrededor, es lo que tenes. Ni más ni menos.
¡A buscar más!
Que las cosas se dan con tiempo y no hay tiempo que pase sino nos permitimos avanzar, si no nos tiramos a esta pileta que, es la vida, tan llena de salvavidas como de aguas vivas....

El miedo

El miedo es una de las peores sensaciones que pueden existir. Siempre se dijo, muchas veces lo escuche. Pocas lo sentí tanto como hoy. Nos paraliza, nos traba, nos hunde en donde estamos y no nos deja salir. Nos dice que estamos cómodos donde estamos y no nos permite avanzar. Mientras todos avanzan, los cagones nos quedamos. Creemos que zafamos, pero no entendemos que cada "escapada" o cada "quedarse" no implica estar igual, por el hecho de que así "estemos bien". No avanzar, muchas veces significa retroceder. Quedarse parado en un mundo que no para nunca, es atrasarse. Y atrasarse muchas y muchas y muchas veces, nos puede llevar, algun día, a un pozo que, aunque tenga salida, es muy difícil de salir.
*
Porque físicamente uno crece siempre, porque recibirse quizás sea algo normal, tener un trabajo, casarse o tener hijos....

Pero el alma solo la hace crecer uno con sus elecciones, no el tiempo ni los años.....
*
Y lo que hoy quizás me haga doler la panza del miedo, mañana me haga pensar que fui una boluda por no haberlo aprovechado. Quizás mañana me anime a todo. Pero quizás mañana también sea tarde para animarse.
Por eso pienso que aunque vaya en contra de nuestro instinto arriesgarse, aunque no tengamos ni un poco de ganas de hacerlo, aunque sintamos que el miedo se apodera de nuestro alma, lo mejor sea ir contra aquello con lo muy mínimo que nos queda a favor, y seguir, y jugarse, y lanzarse.
El que se queda durmiendo y soñando en su cama, no logra nunca nada.
**
Y también creo que al final de todo, hasta el que se cree más vergonzoso no es así como lo cree. Creo que la vergüenza es comprendida y compadecida por todos porque es algo que cualquiera sintió alguna vez. La timidez, los nervios en la panza, las mejillas coloradas, el arrepentimiento de no haber dicho u hecho todo lo que quisimos.
Y la alegría está en romper todas esas barreras del miedo abriendo el corazón y creyendo que si se puede. La alegría está en entender que el que quiere verdaderamente, puede.

Te espero

Esas ganas que tengo de sentir todo, de gustar, de amar, de dar sin otro motivo que verte sonreír y sentir la alegría de que sea gracias a mi, esas ganas de abrazarte y que me resuelvas el mundo, esas ganas de entregarte todo de mí, de desarmarme en tus brazos, de acariciarte, de dormir una siesta juntos, de que me beses el cuello, de reír de lo mismo juntos y de llorar también, de compartir, de hablar de la vida, de que me robes un beso, que me mires a los ojos como un bobo y yo sienta que estás enamorado de mi, de sentir en el alma que nuestro amor es inmenso y más fuerte que cualquier otra cosa, de que me agarres la mano y sienta ese calorcito y esas mariposas en la panza tan infantiles como hermosas y placenteras.
Hace un año me pasaba con alguien, hace tres meses con otro y hoy con vos.
Por eso, a pesar de estar más llena de amor para dar que cualquier otra persona, se asumir que no sé si seas tanto vos.
Soy yo, y mis ganas de algo mutuo y puro.
No tenes cara, no tenes identidad aún. Hoy sos uno y mañana quizás, otro.
Pero si espero que algún día la tengas. Espero que algún día, ese que siento que es para mí, si sea. Y que no sea solo yo la que ama.

El corazón no tarda

Pienso, siento, vivo y digo: que increíble como un día, a una hora y un minuto determinados , todo lo que sentimos por alguien puede cambiar rotundamente. Quizás no nos damos cuenta en ese instante, pero el corazón no tarda mucho en distinguir cuando algo dolió, y mucho menos tarda en cambiar las emociones hacia esa persona.
Por eso cuando me siento en el aire porque alguien que conocí hace una semana me gusta, pienso, siento, vivo y digo: Qué de malo tiene? Si capaz aunque ahora sienta que lo amo y me ilusione más rápido que un bebé, en tan solo un minuto caiga a la tierra de vuelta y ya no me encante más. El corazón no tarda , nosotros si...

Que nada sea en vano

No sé qué fue pero cambié, no sé como que entendí todo. Creo que fue cuando comprendí que la mejor compañía que podía tener era yo misma... Sin odios, sin rencores al mundo. Al final de todo esto cada uno busca lo mejor para uno mismo sin importar cómo se sienta el otro... Por qué enojarse? Por qué indignarse con un mundo que es así hace siglos y siglos o peor, por qué molestarse en cambiarlo? Por que resignarse a vivir o rendirse? Si la vida siempre nos pega un poco, o mucho, pero nunca eternamente... La vida es linda para quien sabe esperar, entender, seguir a pesar de cualquier cosa y por sobre todo, reír por lo bueno que haya en tanto mal, porque hasta cuando creemos que no hay una mínima razón de sonreír, hay alguna, para quien sabe encontrarla.... Solo hay que buscar.
Para qué  aislarse? Para que mudarse, cambiar de entorno? El mundo es igual en cualquier país, en cualquier colegio o trabajo, en todos lados. Y en cualquier tiempo también. Ayer, hoy, mañana. Lleva demasiados años en pie y nada cambia no? La gente nace vive y muere y la tierra sigue intacta. No hay fin del mundo, no hay tal crisis.
Solo buenos y malos momentos. Para muchos será cansador este subibaja que es la vida, y para otros, una bajada que parece no tener fin. Pero para ambos hay una sonrisa y un momento de felicidad pura, si se sabe esperar, si se sabe resistir, y sobre todo, aceptar lo que nos toca sin nada a cambio.
Y se llama amor. Amor al aire que respiramos y a la mente que tenemos y que puede razonar. Capaz de leer esto hasta al final, entenderlo y actuar, capaz de hacer que nada sea en vano.

Entendí

Que se vive feliz disfrutando hasta de respirar. Que hasta lo más mínimo debe hacerse con amor. Que dar para recibir no es dar, sino egoísmo, y que solo se recibe cuando nos conformamos con lo que tenemos, sin esperar ni especular nada. Que lo que tenemos es lo que nos toco. Pero que nunca es tarde para que algo mejor o lo que nosotros queramos, llegue. Solo.

Entendí que, aunque expresar sume, muchas veces resta. Que en un mundo lleno de tanta falta de amor sincero, el que es dichoso de sentirlo por alguien, solo sufre. Que la gente usa a alguien que sabe que está enamorado de él para que lo haga sentir bien a él mismo, porque nadie más lo ama como esa persona y puede hacerlo sentir bien, sin embargo él no puede amarlo igual o más....

Que lo mutuo, puro y duradero, tarda. Y que llega en su medida. Cuando ambas partes entendieron, cuando aceptaron, cuando crecieron.

Una amistad, un amor. O más de uno. Llegan, cuando nos disponemos a sonreír y nada más que a sonreír, al alma misma y a la ajena.

Entendí que lo que perdura es lo vivo, lo feliz, lo sincero.

Y que lo más importante en esta vida de días contados, es saber levantarse y seguir, antes de que la cuenta termine

19.5.16

Pan triste.

Hola de vuelta. Vengo a contarles algo que intenta explicar lo que últimamente me anda pasando. No sé si se puede considerar "normal", "extraño", pero es así.
Hoy, como todas las tardes de mis días luego del colegio, me encontraba en la acogedora cocina de mis abuelos hermosos. Y mientras esperaba el plato, me digné a picotear de un pan que estaba sobre la mesa. Por desgracia mía y de mi hambre, el pan, era sin sal. Básicamente no tenía sabor a algo.. quizás a nada. Pero gustaba igual. Capaz era su suavidad en la miga, su frescura. No sé qué tenía. Pero gustaba. Y mientras me lo devoraba y seguía en espera del plato, comencé a pensar en mi día (algo tan habitual en mi como que vos vayas al baño), ¿Qué me pasaba? Tampoco sabía. No quiero sonar trillada, pero vieron toda esa cháchara de la adolescencia, de los altibajos, de las "bipolaridades", los llantos, las risas, los enamoramientos, crecer... TAN trillado que, los mismos adolescentes podemos entenderlo e intentar posicionarnos en un lugar más de adultos para intentar superarlo, pero sin dejar de ser lo que somos: seres en crecimiento; lo cual deja por sentado, para desgracia de nosotros, que por más maduros que fuésemos y por mas conciencia tuviéramos de que esto pasa a los adolescentes normalmente, los sentimientos siguen siéndolo, siguen siendo emociones que no paran por nada ni nadie mucho menos por la razón, ocurren y listo, nos aprietan el alma y nos fuerzan las lágrimas y ya está. ¿Qué le vas a hacer? ¿Qué vamos a hacer? ¿Consolarnos pensando "es normal, soy adolescente, tengo altibajos, ya va a pasar"? Me pasó. Lo intenté. No sirve. Y probablemente esté de más que lo diga, probablemente el que lea esto haya pasado por lo mismo. Los problemas son personales, uno cada uno, personas, individuales. Personales. Y ningún consuelo premiado, ninguna frase de cotillón consuela ni cura NADA.

Pero como dije antes, no sabía qué me pasaba, entonces comencé a pensar qué me había pasado en el día que me tenía así de triste -y acá viene otro aspecto trillado de ese concepto "adolescente"- y descubrí en mí una cantidad de cosas, de momentos, de actitudes, de personas, de lágrimas que no salieron y que ahora me dolían más que antes, como una herida que sabemos que está pero no nos molesta curarla. Ahora me apretujaba el corazón, me suprimía las razones que mi cabeza tenía para permanecer feliz: era la famosa mezcla, el famoso cóctel de emociones.
Podría ponerme a mencionar y explicar cada cosa por la que me puse mal, pero a ustedes los cansaría y para ambos de nosotros nos resultaría más de la famosísima hipocresía existente en el mundo. Maldita. No hay bien sin mal y viceversa. Con 14 años puedo decir que entiendo perfectamente lo que es la falsedad, la mentira, la desconfianza, la envidia, el rencor, los códigos y su falta, el ser indispensable y el no serlo. No me hago la superada, sino no estaría escribiendo esto. Pero es que hay algo que no puedo dejar de pensar: ¿Hasta dónde mierda llega? ¿Qué tan basura puede ser hasta la persona que uno considera el menos falso del planeta? ¿El amigo más bueno y sincero?


¿Cuál es el puto límite?


Mi abuelo ya había puesto el plato de comida en la mesa. Todavía me quedaba un bocado de pan. Lo comí, y no pude evitar sentir una sensación de vacío, depresión. No solo su falta de sabor me lo decía sino las circunstancias. Todo era triste. El plato recién servido, las paredes, la cocina en sí. Mi abuelo, mi dulce abuelo, ya viejo, cansado, desgastado. Contándome qué mal había quedado de su ACV y llorando sin filtro alguno frente a su nieta, dejando de lado completamente la intención de querer mostrarse como alguien fuerte y un adulto experimentado -algo que el siempre había querido demostrar y que hacía muy bien- sino como un adolescente más.

No sólo el lugar y yo éramos tristes. No sólo el pan. No sólo mi abuelo. La gente era triste. La sociedad estaba enferma de tristeza, enferma de rencor y odio hacia todo aquello que la hubiese producido. Y esperando el momento de su gloria para cobrar venganza. Desde lo bajito, desde el dolor escondido, el sufrimiento profundo,el llanto desconsolado en la almohada, hacia lo más alto, el más poderoso -dentro de su poder- , el más garca, el más lágrimas de cocodrilo: el verdadero hijo de puta.

Yo, vos, ellos, todos éramos el pan.
Mi, tu, su único plan entre líneas: hacer más mal, a quién nos hizo lo mismo sin explicación alguna, sin entendernos.

Y olvidándonos completa y llanamente de lo mas importante: no convertirnos en quién nos hirió.


21.1.16

El desorden de sentirse ordenado

A veces, las personas nos sentimos desbordadas, llenas de problemas, de acá reclaman y de allá también, nos dicen una versión y al minuto siguiente una contraria. ¿Cómo actuar? ¿En quién creer?
Si las cosas nos salen así de mal cuando seguimos a nuestra propia mente, ¿por qué seguir actuando como dicte nuestro alma, por qué no seguir los consejos de otros para intentar mejorar nuestras vidas? 
¿Por qué insistir en continuar, por qué seguir perdonando a todo lo que nos hace mal? 

Y otras veces, generalmente después de las anteriores, inexplicable y repentinamente nos encontramos en un mar quieto. No hay olas, no hay corriente, como si fuera un lago. Pero la vida no es un lago. Es un mar, profundo, con partes tan extrañas y desconocidas, iguales que las que se repiten, y estamos condenados a vivir una y otra vez, a remar y remar. 
Estas raras veces (o quizás, raras en mi), todo parece estar en su lugar. Pero, ¿cuál es su lugar? ¿Las cosas ciertamente tienen un lugar propio, o simplemente nosotros aceptamos el lugar que queremos darles? 
Los tan repetidos "problemas", plagados de esas amistades que van y vuelven, de interrogantes sobre qué carajo es el amor y si alguna vez lo sentí o peor, si alguna vez alguien como yo va a poder sentirlo, de peleas en casa, en la familia, en eso que se dice que tiene que ser nuestra base, esa especie de base incondicional para la estabilidad de todo lo nombrado antes y más (como si la familia fuera el pilar de todo, estando bien en casa todo está en su lugar y estando todos enojados todo "está" de cabeza), ya no existen. Muy extrañamente, nadie reclama nada, no hay más preguntas sobre nada, ni indecisiones, no hay por qué estar mal o quizás, no hay con qué (o quien) luchar. No hay qué remar, pero tampoco hay remos. La vida nos saca todo aquello que algún día nos impidió vivir en paz; pero también nos quita la fuerza para luchar contra todo eso. Entonces no queda más que pensar que quizás no es que no haya olas fuertes; simplemente que ya no tenemos con qué pelearlas. Nos quedamos ahí, donde estamos, y el viento feroz nos arrastra a dónde quiere, las olas nos pasan por arriba, nos destruyen, pero no nos terminan de ahogar. Y es la vida, que le gusta pegarnos por todo lado posible, pero no terminar de arruinarnos. Y que nos saca las ganas de todo, nos resigna. 

El mar, NO está quieto. Y SI hay olas. SI, las preguntas que nunca nos respondimos, siguen siendo preguntas. Y el amor que creemos nunca haber sentido, sigue sin ser sentido. Y.. las peleas en casa siguen, de la misma forma que las amistades inconstantes. 
Lo único que ya no sigue, lo único que ya no está, son nuestras ganas de seguir con todo eso. Nos resignamos o quizás, nos conformamos. Con la vida, que no tiene revolución capaz de cambiarla. 

Que es así y así se queda: ella nos pega nosotros resistimos.