Mientras respiremos, nada está mal

30.4.15

En la pelu

Y mientras Susi me hace las francesitas, Marian, que tiene veinticinco años y está en primer año, me pregunta maneras de machetearse en biología. Por su puesto que le contesto, ayudándola, respondiendo todas las que sé y explicándoselas de la mejor manera posible. No creo que esté bien lo que hago, pero no es momento de ponerse a debatir con ella del por qué está mal machetearse, si hasta ella con veinticinco años lo hace.

Un rato después, me dice lo que se acuerda de biología y le brillan los ojos; lo cuenta con una emoción y un orgullo propios de un recién recibido. Y no sé por qué, pero en su relato logra hacerme sentir afortunada, como cuando una persona te dice que te tiene la re confianza y por eso te cuenta todo sobre ella. Afortunada porque me elige, me elige para expulsar en mi todo el contenido que vagamente pudo memorizar, porque sus ojos se llenan de agua dulce mientras su boca habla de Darwin y porque mientras esto les ocurre a esos ojos, ellos me están mirando A MI.

Me hace sentir afortunada de estar hoy acá. De tener trece años y poder contar con palabras lo que hago, lo que me pasa, lo que siento. Y no sé si lo hago bien o mal, pero me la juego a hacerlo. Me lanzo y me gusta, porque me siento satisfecha, llena. ¿Y qué cosa más linda que hacer lo que lo nutre, lo que le alimenta el alma?.

Absolutamente, NADA.

28.4.15

Mi turmalina

¡Ay!, mi turmalina. Mi pequeñita turmalina:
                   Mi consuelo, mi confianza y mi poder.
Querida piedrita, con tan solo una pasada, podes hacer magia. Chispas y estrellas fugaces en el aire, ruidos que rozan lo insoportable, estruendos, ka-boom. 

Y con un dedo mío sobre vos aunque sea un miligramo de segundo, con la nada misma, me hacés todo.
Basta con tocarte, para florecer de vuelta, como una flor en primavera, con todos sus colores y sus olores respectivos, atrayente para cualquiera que pase al lado de ella. 

Basta con sentirte cerca mío para confiar en vos -aún mas que en mi misma- y creer que me podés hacer sobrevivir a cualquier situación que yo considere inquietante. Fea. Mala. 

Gracias. Gracias de parte mía y de todo el mundo. Y no solo a vos, mi pequeñita turmalina. Sino un eterno agradecimiento a todos: a las estampitas, a las pulseras, a los anillos, a la remera, a la bincha, al color, y a las monedas de la suerte, a la cábala. Y a todas las piedritas que ya son tu familia. Gracias, porque gracias a ustedes y a algunos que no logro recordar (y pido disculpas), algunos le damos más sentido a la vida. Gracias, por lanzarse a todos nosotros, inmensas almas desahuciadas, vacías y pobres. 
Por hacernos creer en algo, por ser nuestra mera sonrisa. Por darnos todo siendo nada. Siendo una miniminiminimiiini-partícula en este enorme universo. 

Por ser la mano que saluda, el abrazo que contiene y el hombro donde llorar. 

Y por ser más humana que los humanos mismos: Gracias TOTALES. 




24.4.15

La Suma

Y ya no sabe, no entiende más nada -si antes no entendía, ahora mucho menos-. Ya no comprende, si la equivocada es ella o ellos.
Prefiere llorar y sufrir a no sentir, aunque de todas formas, sabe que no importa qué prefiera, que no es elección suya, no solo en ella sino en todo el mundo, y es algo sabido hace tiempo: sentir, es inevitable. Nadie tiene alma de robot.
Pero algo que no es inevitable, son nuestras acciones. Y ella lo sabe. Sabe que ella eligió su camino y ahora le toca lo que le toca. Que ella sola eligió ir por la ruta incierta del amor; el Camino de la Muerte, la Ruta de la Desgracia; no se sabe donde termina -si es que termina-, pero su nombre ya lo decreta. El volante es suyo y nada más que suyo, igual que los frenos y el acelerador.

Y ella eligió el segundo, aunque sospecha que del primero ya no quedaba.

Ahora se la banca, se traga todo y sigue.
Aunque tiene un algo que la mortifica, y es que ya está: todo se ha perdido: la magia del amor, el poder, SU poder, tan único e inigualable: extrañamente, ha desaparecido.
No hay más amor. O sí, encasillado en algún baúl de su alma, cerrado con una llave que ya no existe en este universo,que está fuera de su alcance y del de todo el resto. Imposible.

Dicen que la tercera es la vencida, pero a ella no le importa darle bola a esos dichos trillados -o quizás si, pero solo a veces-.

Uno, dos, y puede seguir. Pero ya se cansó de sumar.

23.4.15

Agosto es primavera

La calma de la una. Paz. Siguen dos módulos de catequesis y me parece que voy a dormir un rato. Acompaño a una amiga a su aula a guardar sus cosas, porque después del recreo se va. A mi me espera una hora y media más de clase, y no quiero que el timbre toque nunca. Las luces están apagadas, así que solo entra un poco de luz de mediodía. Y mientras ella guarda sus útiles tranquila, serena, como si nada, y yo hago algo con el celular, aparece el. No sé por qué viene. Porque ese no es su aula y yo estoy ahí acompañando a una amiga. ¿Pero él? ¿Cuál es su excusa?

Me quedo y espero a que el diga algo. Pero solo se sienta en un banco en frente mío y me mira. Durante unos segundos yo lo contemplo y quizás el a mi. Contemplo, disfruto, me quedo posada en esos ojos tan verdes como azules, tan claros como el mar. En sus rulos, formados tan perfectos para que no quede como una desquiciada melena, ni tampoco lacio-planchita. Tan perfectos para que mis ojos ni siquiera puedan pestañear, y queden maravillados absolutamente.

Pero mientras todo esto ocurre en mis pupilas, se digna a entreabrir la boca. Sus labios. Esos que alguna vez fueron tan míos como yo quise. Que estaban para mi y nada más que para mi. Que me desearon igual que yo. Que rocé y sentí tan multicolor en todo mi alma, que me movió hasta el sentimiento más encasillado que podría yacer en mi.

"¿Se fueron las dos pelotudas?". No esperaba nada wow así que okey. "Sí", le digo. Se queda y finge posar sus ojos en la ventana del aula, como buscándolas. Aunque no parece estar tan interesado en ello, porque sino se movería. Hay cosas que el diámetro de nuestros ojos no llegan a ver; las cosas no vienen a nosotros muchas veces, sino que hay que ir a ellas. Como él, que vino hasta mí para preguntarme algo -y no sé porque uso esta comparación-.

Entonces movete, andá. Como viniste a buscarme a mi para decirme una pelotudez, así. Andate, buscalas.

"¿Pero Tati no se fue con vos?", dice mi boca por alguna razón que desconozco en su totalidad, ya que nadie le dio el permiso para abrirse. "Si pero...", ahí se queda. Otra vez sus ojos miran hacia otro lado, buscando algo o fingiendo hacerlo. Pero yo igual los contemplo, los pongo ahí arriba mío, los cuido, tan azucaradamente como cuidaría a un diamante en bruto y tan casual como cuidaría a un bebé. Aunque ellos no gocen de mi, eso no me importa. Disfruto ese momento, me quedo. En el que aunque sus ojos no sean completamente míos, están conmigo. Cerca. Ahí.

Para mi y nada más que para mi.

Quisiera poder besarte, abrazarte, mirarte a los ojos, tan cerca como nuestros cuerpos esa tenebrosa pero dulce noche de agosto. Esa noche que fue nuestra. Porque ahí me cuidaste, en la oscuridad de la noche; en el kiosco, en la plaza: en la calle.
Me abrazaste, cuando hacía frío y todavía faltaban cuadras para llegar a casa. 
Fuiste adelante mío, cuando pasaban bandas que sólo con mirarlas me hacían estremecer.
Y más que nada, cruzaste tus brazos por sobre mis hombros, o sobre mi cintura, y me apretaste contra vos, dejando que florezca una magia tan mágica que rozó lo perfecto. Mientras me dabas pequeños y cortos besos, y nuestros ojos se cerraban sin que nadie les diga, pegados, como si durmieran y anduvieran por el décimo sueño.

Pero eso ya está, ya fue. Y aunque ahora me estremezca, me agarre un escalofrío y suspire: ya pasó.

Y ahora te vas. Me dejás, con la magia en mis manos y tu olor en mi campera.
Aunque eso a vos no te interesa en lo más mínimo, sabé que acá estoy: con todo lo tuyo como si fuera mío, con la primavera todos mis días, y lo multicolor en todo lo que me rodea cada vez que me paro en tus aguados ojos.

Acá estoy: esperándote, siempre.

22.4.15

¡Feliz cumpleaños!

La gorda de lengua no para de hablar de cosas que ya sabe y su atención se enfoca en todo lo demás, y mira, ve. Ve falsedad, gente garca, críticas por atrás, ve abrazos entre personas que antes se criticaban, ve los tweets que alguna vez le tiraron, ve como él se aprovechó de ella, ve a ella hablándole mal de ella a otros, ve como le tira onda a su ex, ve cuando la de cívica la humilló frente a todos cuando recién entraba al colegio y no era nadie, cuando más contención necesitaba y cuando menos la tuvo, ve las risas del resto, ve las burlas, las cargadas, las ve ahí, ocultas, desde el fondo, disfrazadas entre cabecitas que miran hacia el pizarrón y fingen prestar atención a lo que la de lengua explica.

Entonces nace un algo raro dentro de ella, una de esas cosas que las personas piensan pero no saben que piensan y que cuando aparecen aclaran todo -o bastante-.

Si lo importante es lo que está pasando, no lo que pasará ni lo que pasó ¿por qué se pone mal? ¿Qué es lo que ve que la pone así de cabizbaja y amarga? ¿No está acaso, viendo como la gorda de lengua explica un tema y como el resto la mira? ¿Qué es lo "tan" espantoso en eso?

Nada. Es lo que ve en su cabeza, lo que imagina, lo que cree ver. O quizás verdaderamente sea así, pero en ese momento, ¿a quién le importa? o, ¿por qué le importa? Mientras la profesora habla, ¿que tiene de importante, que a la rubia oxigenada que se sienta primera le caiga mal? ¿que tiene de importante que la semana pasada la haya tratado mal? ¿qué tiene de importante que haya llorado por culpa de él hace meses? ¿qué tiene?.

¿No es su cabeza la que piensa más de lo que debería? ¿la que saca conclusiones fuera de contexto?

Puede ser, pero tampoco importa. En algún momento, en alguna clase de lengua, o de geografía, o mientras dibuja en plástica, o en el recreo, o en el boliche, se dará cuenta.

A mi o a vos eso no nos importa.
Sonreí, sonreí por lo que estás haciendo. Sonriamos juntos.
Yo porque puedo escribir y vos porque podés leer.
Porque puedo ponerme mal al pedo y sonreir porque si.

Y que te chupe un huevo todo.

18.4.15

Rezo a un desconocido

Y uno empieza a creer. Empieza a creer que hay algo más allá, más allá de nosotros, de este pequeño e inmenso mundo tan particular como un bicho extravagante; de nosotros: este numeroso conjunto de personas sencillas y complejas: hay algo más. Quizás aún más complejo, sencillo, extravagante y particular, o menos, o igual, o quien sabe. Empieza a creer que ahí estás.

Y aún siendo desconocido, sabemos(sé) que existís. Que ahí estás, quieto, inmóvil, mirándonos fijo y riéndote de todos nosotros. Planeando qué hacernos para amargarnos la existencia, cuando quizás todo lo "normal" va bien, (por lo menos lo normal de este mundo).

Desagradable para los valientes que se han atrevido a sumergirse aún mas, a investigarte, e igual de desagradable para nosotros, los cagones que con una película tuya ya nos hacemos pis.

Adornos caídos, la tele lluviosa, plantas secas, llamadas que nadie contesta, timbres que parecieran tocarse solos, ruidos extraños, programados por quien sabe qué ser para ser escuchados todas las noches a la misma hora y lo último y más llamativo: sangre. Sangre en las paredes, en la puerta, en un espejo, en un mueble, cortinas, fotos, y aún peor: debajo del ojo de la virgen de un cuadro.

Por suerte nada de esto es en mi propia casa, donde ceno y duermo. Pero si en la que paso todos mis días, mi segundo hogar, donde prácticamente vivo y temo por aquel día en que no pueda decir lo mismo: mis abuelos.

Pero así y todo acá estamos. Ahí están. Leyendo el diario de todos los días en su sillón de almohadones floreados y cocinando ese estofado tan rico como solo ella sabría lograr.
Conviviendo con la duda y los extraños sucesos que los acechan; el llanto y el qué hicieron ellos para merecer esto me carcomen. Por qué ellos, los más débiles, vulnerables, e inocentes, incapaces de hacerle algún mal a alguien como para padecer esta calamidad. Y ahora te pregunto directamente a vos, ser que no conozco pero confío me escucha y lee: ¿Por qué ellos?

Sé poco y dudo mucho, como cualquiera en este lugar que nunca quise fuera mío.

Pero pase lo que pase, seas lo que seas, les hagas lo que les hagas, solo tengo dos cosas firmes conmigo que no quiero perder por nada del mundo (y de tu mundo también): mi familia y un rosario.

13.4.15

Asesino

Tengo frío. Miro la ventana, y me encierro las rodillas con los brazos, como si me abrazara. Este es el momento en el que más débil y vulnerable me siento. Y no sé qué hacer, ni a dónde ir. No hay nadie más que yo en casa, y no logro entender, si para este estado en el que me encuentro, eso corre como ventaja o desventaja. Aparece en mi cabeza la idea de que no hay escapatoria y eso, dentro de mi mundito, logra exaltarme, aunque me encuentre inmóvil como una roca.

Quieta. Fijamente miro la ventana, aunque las cortinas casi ni me permiten ver el paisaje. No es que me pase nada en especial, solo que... Suena el celular. Un mensaje, de él. "Sos una re mina, y quiero ver qué onda, no te quiero perder, ¿por qué me tratás así? ¿Hice algo mal?". Sonrío y divago, como siempre. Pienso en un nosotros, que me eriza la piel. Pero mi lado de "prohibido enamorarse" sale a la luz,y no me dan ganas de contestarle; entonces decido ni siquiera abrir su chat, para no clavarle el visto: raramente, todavía me queda algo de sensibilidad.

Pero después de un rato todo eso desaparece: "Te voy a hablar cuando tenga ganas, chau". Muy hija de puta, pero es lo que hay. Hay veces que me agarra un no-sé-qué, y la sinceridad me atrapa en todos mis extremos; lo peor: no viene acompañada de sensibilidad.

Cruda, sólida, cobarde. Una vez una amiga me dijo que le dijeron que "si no te enamorás porque sabés que se va a terminar o vas a salir lastimada, es como no respirar porque igual te vas a morir".
Raramente, me la acuerdo. Pero ahora me corrijo; no es raro: si algo me acuerdo, es porque es importante en serio. Y eso, en mi, no es raro.

Como muchas cosas en este momento, no distingo bien si ese mensaje lo mandé por cobardía, o porque simplemente no lo quiero. Pero de ambas formas, arriesgarse nunca está mal. Y claro; pienso eso, pero a él le mando un mensaje diciendo todo lo contrario. Ay Florcita florcita, ni vos te entendés. Aunque eso es obvio, hace ya varias entradas, ¿no?-


El, me hizo conocer el amor. También me hizo caer de lo mierda que puede ser a veces, y me atrapó creyendo en los cuentos de hadas: el peor momento. No sé si "me hizo más fuerte", como muchas chicas suelen decir- porque siempre las lastimadas somos las chicas, obvio-. Pero si sé que sigo siendo la misma chica de esas noches de esperanzas y sueños rotos, de almohadas negras por el maquillaje, de ojeras fundidas y príncipes azules ya inexistentes. La misma, con el corazón roto en mil pedazos, sólo que ahora intento disimularlo, disfrazarlo entre sonrisa y sonrisa.

Pero ojo: de vez en cuando me olvido, y me creo que mi alma está igual de sana que antes de que todo comenzara, y sonrío como si el mundo fuera bueno (¿pero esto me beneficia o perjudica? ¿es, acaso, mejor, sonreír y que nada importe, y estar vulnerable frente a todo, antes que vestir sonrisas que ocultan dolor, pero que están enteradas de la basura del mundo?)

Aparece un don nadie, diciéndome que me quiere y que soy una re mina, y me encuentro sonriendo, frente al celular. De vuelta. Las mismas cosas que me decía Él, y yo sonrío, como una nenita que se cree que los cuentos de hadas existen; yo, me creo esa sarta de boludeces, que detrás pueden estar llenas de amor, pero en los pibes de hoy, son solo copiar y pegar, acompañados de chamuyo al 100%, es decir, 0% de sentimiento verdadero. Y eso me hierve la sangre: ¿por qué son todos iguales?
  Pero ahora, enserio empiezo a sentir como me hierve la sangre, y el calor en mi cara, provocado por la bronca que me asecha, me está sofocando: "¿Por qué me creo las cosas que me dice? ¿Qué aprendí? ¿Para qué prometí  alguna vez no engancharme con nadie, si ahora eso estoy haciendo? ¿Tan débil soy? ¿Tan poco duré?"

Entones agarro mi celular, con los brazos temblorosos y las pocas lágrimas que recorren ahora mi cara, y que solamente por orgullosa dejo salir habiendo todo un océano dentro mío. Pero después de unos segundos limpiándome esas escasas gotas, no hago más que eso: secarme las lágrimas que como estúpida dejé salir, y nada más. Ni siquiera eso: no logro escribirle más nada. No encuentro respuesta. No sé que hacer, aunque siempre pensé que el dejarse llevar era la respuesta a todo: NADA es a TODO.

Me prometí, alguna vez, cerrar la puerta del amor, aunque sea por un tiempo. Pero las noticias, la tele, el diario, y la radio me enseñaron desde chiquita que los asesinos siempre encuentran la manera de abrirlas, y ante eso yo no puedo hacer nada.

Siento un extraño ruido. Como si alguien quisiera entrar a mi casa. Golpes, patadas, boom. La puerta abajo. Llamo a la policía, pero nadie contesta. ¿Qué se hace? ¿Qué se hace cuando los demás parecieran no existir?-

Me alarmo frente a la posible opción de que sea un asesino. Me asomo. Lo veo a él. De vuelta. Irrumpiendo en mi hogar, en mi espacio, en mi mundito cerrado. Donde sólo entra quien yo quiero que entre, dónde todo es multicolor. Pero a este tipo nadie lo dejó pasar, y entra tan campante como si fuera el dueño.

Y sí. Porque eso fuiste y eso sos: un asesino. Y peor todavía. Porque no me mataste a mi sino a mi alma. Me dejaste muerta en vida, y se sabe, que eso es aún mil veces peor que estarlo en serio.

10.4.15

Tarareo de otoño

Estoy volviendo; caminando, ya por la sexta cuadra. Me falta una más. Estas son las dos cuadras que hago sola, en las que mientras muevo un pie adelante del otro y avanzo, miro para atrás.

Mis pies caminan, van hacia adelante pero mi cabeza va corriendo, retractándose, hacia atrás. Piensan las mil y una cosas por las que me siento a escribir cada vez.

Todas, en una misma cabeza, en el mismo segmento de minutos. No sé si decir que es demasiado. De serlo, lo es. Pero para mi ya es normal. Lo que no significa que sea fácil para mi disolver todo aquello, que alguna vez sonreí o sufrí. Pero ya no es sorpresivo, y eso lo hace normal. Ni fu ni fa.

Sigo caminando. Pasos más pasos menos, mucho para resolver. La mochila me pesa. Me aburro. No falta tanto, pero igual quiero hacer algo que me distraiga. Pongo música, alto, aunque esté en la calle. Porque me olvidé los auriculares quién sabe dónde y tengo ganas de escuchar música.

Suena "Bad day". En este último tiempo me volví más del tipo cumbia-reggaeton. Aunque de vez en cuando escucho algo que me mueve todos los sentimientos, que me transporta, y para eso lo villero no sirve, tiene que ser algo más que música pegadiza. Algo con muchos instrumentos detrás, con distintas bases, algo melódico, suave, profundo.

"Bad day" las tiene todas. Es una de esas canciones que alguna vez fue dueña de un "replay" constante, pero que con el tiempo fue reemplazada por otras. Sin embargo, a falta de memoria, hace un par de días decidí borrar música. Tenía 200 canciones, dejé 29. Me di cuenta que a la hora de seleccionarlas, mis dedos dejaron en blanco el espacio de esas canciones: ESAS, que hacía tiempo mis auriculares no reproducían, pero que alguna vez me habían hasta hecho llorar.

Porque aunque el tiempo pase y ya no les recuerde que son importantes, su melodía aquel domingo me habrá puesto todo a flor de piel.

Y eso, para mi, ya es todo.

Dentro del frenesí que ahora se apodera de mí, mientras Bad Day me envuelve por completo, metros más adelante, veo obreros trabajando. No es por despreciar, pero la verdad me rompe soberanamente las pelotas lo pajeros que son, absolutamente TODOS los obreros.

Entonces cruzo la calle. Por alguna particular razón -y porque no viene ningún auto-, se me da por mirar al frente; al centro; al horizonte.

Ahí, en el medio. Donde siempre estoy. El gris. Ni una cuadra ni otra. No transito ninguna de ambas paralelas; me siento digna a ponerme en el centro.

Adoquines y montones de hojas naranjas y amarillas por dondequiera que se pise. Bad Day sigue sonando, aún.

Me quedo; veo el parque, mi hermano y mi abuelo, los 3, jugando a la pelota, haciendo amigos, que nunca más volví a ver pero que inocentemente pude llamar amigos, porque no importa más que eso, un rato de diversión y vulnerabilidad pura, sensibilidad de nenes, para que sea digno de llamarse amigo; la sopa de la abuela, la estufa, la novela de todos los días, el suéter que me cose mi abuelo, el cierre que se rompió, el café; veo; sigo de pie, quieta, intacta, en el mismo adoquín que estoy hace por lo menos tres minutos, divagando, sin que nada más importe; aunque noto algo que me llama la atención y que no puedo pasar por alto: hace tres minutos que no pasa ningún auto.

Me pregunto por qué será, por qué me paré ahí y sigo mi camino.



6.4.15

Bumerán

Intento concentrarme. Matemática siempre fue lo mío, pero no sin haber dormido la noche anterior.
Mis ojos se nublan; así que los fuerzo para que se fijen en los tantos números que hay en esa hoja y resuelvan lo que haya para resolver (que no sé qué es).
Pueden ser 10, 40, 100 o 500 números: ni idea. Pero mi cabeza dice que son muchos. Y luego se confunde. Entonces me confundo yo. Me cuelgo. Un punto fijo, frío en las piernas, cabeza arriba de la mesa y lapiceras y resaltadores alrededor mío; tres llamadas perdidas de él y nada de 3g. Lo pienso.
A él, lo pienso, lo miro, lo toco, lo disfruto, lo sonrío y lo quiero.

¿Qué lindo sería no?- Darle muchos besitos de esos seguidos y dormir juntos tapados; abrazados; con las mariposas no solo en el estómago sino cubriéndonos todo el alma. Aunque no seamos gringos ni seamos como los de las fotos de tumblr: qué lindo.

Y por alguna desconocida razón, intento imaginar la misma historia con otro. Pero no siento. No me cuelgo y ahora entiendo todo lo de matemática. Con otro no sirve; con el sí.

Y será porque ya lo hice. Ya me mandé la cagada de pensar y creerme ( d e v u e l t a) que el imagina las mismas historias que yo, conmigo; que esto que se siente y se apodera de mi es mutuo; qué me quiere igual y todavía más.

Y de nuevo, una vez más, la misma piedra pero en diferente camino. ¿Cuál es la enseñanza Destino? Contame, que todavía no la aprendo.


Sonrío.

5.4.15

Entrá si querés, salí si podés

Me creo tantas cosas que en vez de creerlas terminan siendo. Me manijeo tanto, al punto de sonreir pensando en algo imaginario, cuando en realidad sólo es eso: algo imaginario.

Es un mundito que queda hermoso en mi cabeza- Que me divierte y me distrae cuando algo está mal, que me hace creer que siempre hay esperanza: mi mundo.

Me encantaría poder vivirlo, sentirlo en mi piel como algo real. Aunque a veces tengo miedo a la decepción: soy demasiado idealista, demasiado.

Y quizás eso me haga desilusionar como por ahí no. Quizás supere mis expectativas (aunque en este mundo, dudo que eso pase). Quizás. Ciertamente no lo sé.

Pero si pienso y sonrío por vos porque yo así lo decido, si me creo lo que me creo porque se me canta creerlo, ¿por qué cuando se me canta sacarte u olvidarte no puedo? ¿quién es el dictador, que irrumpe en mi mundo multicolor y se cree dueño de poner y sacar personas de mi vida?

Eso no se hace, F.

4.4.15

Voces

Algo le dice que lo tiene que dejar ir: no sabe qué. Algo le dice a gritos que tenga cuidado, que con algunas cosas es mejor prevenir.
Siente que lo pierde. Su conversación se hace cortante, agria e incómoda. "Chau.", simple, concreto. 
Le devuelve el saludo. Sale de whatsapp, pero se queda mirando la pantalla.
Los ojos negros confusos, perplejos, colgados; piensan, divagan. Frunce el ceño, intenta escribirle algo- Pero no se le ocurre nada y el "chau.", la está carcomiendo.
Fue decisión de ella. Minutos después, el arrepentimiento se esparce por su alma. ¿Qué hizo mal?
               Le duele. 
Y como frases a tinta multicolor, en su mente aparecen escritos y distintas voces en off los leen en alto, para que ella escuche.

Su otro yo:"¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? Ahora te arrepentís como una boluda".

K:"0 códigos".

Su otro yo:"Hablale".

K:"Malísimo flaca, no me vengas a hablar de códigos a mi".

Su otro yo:"Pedile perdón, y que esté todo bien entre ustedes".

K:"Prefiero que te lo comas, a que te lo chamuyes".

Mel: "No estás haciendo nada mal Flor, lo de ella fue peor. No es nadie para enojarse por algo que ella también hizo, y muchísimo peor".

K:"Me jodio que no me lo hayas dicho vos"

Giu:"Dale boba, abrite al amor".

EL: "Te quiero".

Pero otra voz en off, más grave e intimidante interrumpe este monólogo de voces y su mente se marea: EL MIEDO. 

Teme. No quiere escuchar lo que tiene para decir, pero lamentablemente no es algo que pueda decidir. 
Lo escucha. Cierra los ojos, los apreta, los frunce, sangran. 

Todas las voces se quedan afónicas, y la tinta multicolor se gasta. Este es su momento, y no hay voz capaz de opacarla. 

Tiene miedo, de vuelta. Sabe que haga lo que haga, alguien sale lastimado. Sino es ella es una amiga, y sino otra. Pero intenta llevar a la práctica lo que alguna vez alguien le dijo: a veces hay que pensar en uno mismo. Nunca le gustaron las decisiones entre la espada y la pared, no son su especialidad. Es equivocarse o equivocarse. Caer o caer. Pero sabe que entre caída y caída se aprende. Quiere aprender, como siempre. Pero no sufrir, aunque sabe que es imposible. Entonces si es imposible, si es en vano alejarlo, ¿por qué lo escapa?. 

Se arriesga. Se tira de cabeza, sin saber si la pileta tiene agua, o si caerá de panza. Pero hace lo mejor que puede y espera a la suerte.

Mientras tanto, una voz en off algo conocida, le dice

 "¿nos dan un poco de amor y nos enamoramos? me parece que nos tocó el alma. vení, seguimecorré".