Mientras respiremos, nada está mal

27.12.14

Cuando no arriesgas

Estaban todos en el vip. Sus amigas. Sus amigos.

Él. Ella. Todos.

Desde ahí se veía a la demás gente, que era solo eso. Gente. Demás.
Para ella sólo importaban todos. 
Para ella sólo importaba ese vip. Ese extracto, ese pedacito de una escena oscura, con luces de a ratos, música a todo volumen, que si estabas mal te aturdía pero si estabas bien la bailabas. Aunque ni conocieras la canción. La bailabas. Y ella estaba bien. Sus amigos estaban bien. Sus amigas, la mayoría estaban bien.
La mayoría.
Una estaba mal. O eso decía su cara.
No sabía por qué. Ni ella ni nadie. O nadie se lo quería decir a ella. Pero en ese momento no importaba. En ese momento ella miraba a él. Miraba sus ojos. Claros como el agua.
Los miraba en silencio. En un silencio no tan silencio. Él la percibía. Percibía su mirada.
Sabía que ella lo estaba mirando. En silencio. Un silencio que sólo él y ella entendían.
El y ella. Ellos.

Y ella seguía mirando, fingía que hablaba con sus amigas o que bailaba, pero lo miraba. A él.
Y mientras el hablaba con sus amigos y ella con las suyas " ", se preguntaba en silencio si él la desearía como ella a el, pero no pasaba nada que pudiera responder su duda. Ningún hecho. Y para ella el amor se demuestra con hechos, y no con palabras, porque las palabras, se las lleva el viento.

Los minutos corrían, las canciones sonaban, una atrás de la otra, los tragos se sentían, uno atrás del otro.
Y nada.
Por un momento, una amiga de ella y un amigo de el empezaron a hablar, y los dos grupos se unieron para continuar la charla. Para escucharla y participar.
Estaba segura que todos prestaban atención, y todos participaban. Pero ella no. Ella lo miraba a el. Embobada. Como siempre que lo tenía cerca. Y más si estaba en frente.

Al parecer la charla había terminado. Se iba a ir con sus amigas, aunque no se iban a alejar mucho. Todo era en el vip.
Hasta que escuchó la voz. Su voz. El. Se volvió para ver qué quería. No era raro que la llamara porque dentro de la mentira que ellos mismos crearon -o por lo menos ella- eran amigos. Y los amigos hablan. Y ellos hablaban. El era el. Ella intentaba ser ella. Pero con el no podía. Con el pensaba cada respuesta. En el poco tiempo que tiene para responder en una charla cara a cara, la pensaba. Y contestaba.
Pensaba porque tenía miedo de quedar como una tonta. Quería sonar inteligente. Pero a la vez no quedar como la traga.  Quería sonar viva. Desafiante. Superada. No se quería quedar atrás porque sabía como son los hombres. Sabía que ante la mínima confianza o muestra de amor profundo que les das, te usan.
Y ella lo amaba. Profundamente. Y aunque quisiera fingir, pensar las respuestas y sonar superada, no lo lograba. Ella es ella. Y aunque no quiera, es ella con todo el mundo.

Se miraban y se reían. Ella como una tonta enamorada y el con la misma sonrisa que usa con todas.
Y una canción de esas que te hacen querer bailar aunque no quieras, cambió el panorama. Y el la agarró de la cintura y se puso detrás. Y ella le agarró las manos. Y bailaron.
Bailaron, bailaron, bailaron Siempre el mismo paso. Sus amigas la miraban con ganas de reirse por lo lentos que eran. El mismo paso. Toda la canción. Segundos después, se dio cuenta que la cosa no iba para ningún lado. Se fue quedando quieta, aunque no quería.
Así como muchas veces su instinto la metió en líos, esta vez la estaba salvando. No quería. Pero su instinto la obligó a parar. Y paró. Y lo miró. Y el a ella.
Se miraron. Se rieron de lo que habían hecho. Ninguno había tenido el valor. La voluntad. El valor y la voluntad de avanzar frente a quien se ama y animarse. Lo amaba. Pero sentía que no debía. Que la mujer no debe. Y el era un bebé comparado a ella, era un bebé como para esperar algo grande el, y si de perder el orgullo y besar a una chica frente a medio colegio hablamos, no se podía esperar de el.

Pero así, bebé, inmaduro, ella lo quería. Aunque no tuviera el valor de, después de 5 minutos bailando de la misma manera, después de todas las miradas, las risas, los chistes, sus nervios, sus ojos, sus labios que se deseaban, después de todo, no haberla besado. Pero ninguno había tenido el coraje y el momento ya había pasado. Ya era tarde.
Y como si nada hubiera pasado, cada uno volvió a sus respectivos grupos.

Y aunque no pasó nada, aunque no se cumplió lo que ella quería que era besarlo, para ella era todo.
Para él nada.
Para él era solo apoyarsela a una mas durante una canción de reggaeton. Para el era lo que era.
Para ella era bailar con el amor de su vida una canción de amor, una balada, era tocar sus manos y el su cintura, era tocarlo al otro, al que se ama.

Y mientras ella contaba cada detalle a sus amigas, mientras ella perdía tiempo de esa noche con amigas que podría ser increíble, que se podrían haber vuelto locas de tanto bailar y tomar en vez de haberle entregado todo a un pibe, mientras los minutos corrían y el alcohol le subía, en un momento de distracción, y según sus amigas "todo en menos de 2 minutos", en un momento en que se perdía en su propio relato, en una columna del v.i.p que lo era todo, los labios de el, rozaban otros.

Cuando el miedo te paraliza y no arriesgás. Cuando perdés la oportunidad y por ahí no hay segunda. Cuando no caés que ese es tu momento y lo tenés que aprovechar. Cuando él es uno con una y otro con otra. Cuando vos sos vos aunque no quieras y el es el que quiere con quien quiere. 


Cuando se ama y no es mutuo. 




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