Mientras respiremos, nada está mal

28.12.14

Cuando no arriesgás II

Sufrir cuando se debe disfrutar.
Llorar cuando se debe reír.
Estar quieta cuando se debe bailar.
Estar sobrio cuando se debe estar hebrio.

Estar con el corazón roto, cuando debería estar eufórico

No se animó. No arriesgó. Y perdió. Se sentía culpable. Quería volver atrás. Pero no se puede.

Sentía que había hecho todo mal. Como siempre. Que no habría otro momento para demostrarle amor.
Y dentro de un cóctel de fríos y ásperos sentimientos, estaba la culpa.
Pero, ¿verdaderamente tenía que asumir ella la culpa? ¿tendría que sentirse culpable por no haber avanzado? Acaso, ¿el avanzó? ¿el dio el paso? ¿y por qué entonces ella asumía la culpa? ¿Por qué, además de la tristeza plena, la decepción, el vacío, tenía que sentirse también culpable?

Porque lo amaba. Porque el le importaba, muchísimo más que lo que ella le importaba a el, y eso, había quedado completamente claro, esa misma noche, en ese mismo vip.


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