Los cuentos de hadas no existen. Mejor dicho los finales felices no existen. Porque no hay final. Siempre que algo se termina algo se empieza. Y el comienzo gana protagonismo frente al final. El comienzo de algo se hace más importante que el final de otro algo. Porque ese algo que terminó ya terminó. Ya está. Ya fue.
Ya no importa.
El nuevo faro es eso que comenzó. El comienzo.
Y el final de lo otro se ausenta.
El final se hace pasado y el comienzo futuro.
No podemos tener algo para siempre. Todo se va. Muere. Termina.
Pero eso no quita el hecho de que hay que disfrutarlo. No porque algo tenga final vamos a estar tristes.
Nosotros mismos tenemos final cuando morimos. Y no porque algún día vayamos a morir, en el transcurso de nuestra vida vamos a estar tristes por eso. Se aprovecha el presente.
Y el futuro se espera con total normalidad.
¿Y qué esperamos? ¿Cuándo llega el futuro?
El futuro es inalcanzable. Es inexistente en cuánto al tiempo.
El futuro se hace presente.
Que las cosas terminen algún día, no significa que tengamos que estar tristes por ello. Se aprovecha mientras se tiene y cuando se pierde, un nuevo comienzo opaca ese final.
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