Mientras respiremos, nada está mal

26.12.14

La trampa

Tenía tan solo 13 años. Poco. Pero su dolor era inmenso. Sería la primera decepción de su vida. 
Aquel día entendería por primera vez que los cuentos de hadas no existen.

Y el príncipe azul tampoco.
Ni la madrina.

Aunque si existían las brujas. Este era su cuento. Sin príncipe azul. Sin madrina. Sin lo bueno.

Su cuento era con un príncipe entre comillas, azul en el momento que lo conoció, y sin color alguno con el correr del tiempo. El engaño.

La trampa.

Y cayó en la suya. Cayó en sus brazos. En La trampa.
Y se dejó llevar por el momento, le dio lo que el quería. 

Pero el no le dio a ella lo que ella quería.


Ella quería amor verdadero. Quería besos sinceros y caricias sinceras. Y sabía que en su príncipe azul no los encontraría. Que no se los daría. O por lo menos no a ella.

Quizás a otra. Pero no a ella.

Pero igual se dejó llevar. Igual siguió. Sabía que él no era. Pero igual seguía.
Besos. Caricias. Abrazos. Cucharita. Música de fondo.
El olor a alcohol en su boca.

Todo. Nada.

Y tuvo lo que quiso, pero no lo tuvo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario