Y acá estoy, acá me pueden ver. Más infiel que nunca a lo que alguna vez fue compromiso, desafío. Más humana que nunca. Sin escribir hace casi dos meses.
Quizás no fue infidelidad, sino tardanza... Fue un abuso de mi libertad, de saber que acá las reglas las ponía yo. Y sigue siendo así. Y acá estoy. De vuelta. Y más distinta que nunca.
Y hablo de mí porque ya es lo único que me queda, y hasta de mí queda poco. No hablo del resto porque ya no sé ni qué decir, porque ya no hay (o quizás ahora no lo sepa ver).
De un día a otro me empezó a importar únicamente poder salir el fin de semana. Cada uno superaba al anterior y cada vez fueron más las ganas de repetir eso y hacerlo mejor. Porque esos viernes y sábados solo lograban ponerme feliz y solo conseguían que viviera buenos ratos, nada más. ¿Entonces qué mas podía importar? Si yo era feliz así. Chocando copas y riéndome a carcajadas con una canción de fondo.
Así fue como un día (hoy) me percaté de que a mis papás les importaba más de lo que yo podía ver, y de que habían encontrado la manera de ponerme un límite. "¿Qué te pensas que tenés, 18 años?". Sí. Y tengo catorce. Pero, ¿y?
No me dejaron salir y obligatoriamente, tuve que quedarme en mi casa. Así me di cuenta que sin salir, no sabía qué hacer, ni con qué divertirme, básicamente qué hacer con mi vida. Y me acordé de que tenía este blog, donde solía adaptar lo que sentía en una entrada, para que alguien más lo leyera y pudiera sentir que lo que yo escribía era lo mismo que él sentía, pensaba, vivía, y experimentara algún tipo de satisfacción que lo llevara a profundizarse entre sus emociones, meterse más, conocerse el alma.
Sí, re profundo lo que acabo de decir. Pero son solo palabras, porque de sentimientos, ya me siento vacía.
Ya no soy la profunda, ni la sentimental, ni la emocional, ni la cursi, ni la enamorada, ni la lastimada, ni la insegura, ni nada.
Ahora soy superficial, dura, fuerte, y fría. Y ya no sé bien cómo describir mis sentimientos en un blog.
Pero bueno che, no se puede todo en la vida... Lo beneficioso en esto fue que al alejarme de escribir me acerqué más a una realidad, a la gente. Y gracias a eso ahora soy esta adolescente, que ya no entiende de sufrimiento por amor, amistad o muerte. De lágrimas, o de decepciones.
Quizás haya entendido lo que otros entendieron a los veinte, a los catorce. Eso puede estar mal, o estar bien. Tampoco me interesa.
Yo soy yo y así me gusto, sabiendo no solo en la teoría sino en la práctica, que todo pasa y que lo que a las 2:25 es una lágrima, a las 2:27 es sexo, drogas y rock & roll (o una buena siesta).
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