Es indescriptible -no solo para ella sino para cualquiera- lo que sentía en ese momento. No lo sabía con exactitud, ni en ese momento, ni tampoco ahora. No estaba segura -como de nada de lo que hacía-, pero sentía una cierta seguridad en algún punto, de que si era un cóctel, un combo de sentimientos; y por su puesto, todos estaban relacionados con la tristeza, la decepción.
El vacío no tan vacío.
En ese momento, cuando ni siquiera podía explicar, ni en su propio yo y mucho menos con palabras lo que sentía, la idea que le pareció más acertada fue IRSE.
Sí. Irse. Escapar.
Escapar de aquel dolor, de aquella imagen, escapar de él, que hacía un rato era suyo y ahora era de otra.
Escapar de ese entorno que hacía un rato lo era todo y ahora era la nada.
Que hacía un rato era un sueño cumplido y ahora una pesadilla cumplida.
"Cobarde". "Boluda". "Pelotuda".
Eran un par de definiciones que le daban sus amigas si decidía irse.
¿Entonces qué hacer? ¿Qué decisión puede tomarse cuando uno no sabe ni cómo se siente? ¿Qué decisión podría tomar ella, que ni siquiera sabiendo como se siente puede tomar una decisión?
Qué hacer, la pregunta en cuestión.
Y, la idea acertada para ese instante fue seguir los no muy convincentes consejos de sus amigas.
Pero igual, no sabía qué hacer, que importaba si sus consejos eran convincentes o no, los iba a seguir, y al pie de la letra.
Entonces un "hacele lo mismo" fue la mejor respuesta.
La mejor respuesta e idea que iba a seguir al pie de la letra, tal y cómo había dicho.
"Resentida" decían ahora, las que son aún más indecisas que ella.
¿Y?
Si no hacía eso, ¿qué hacer? ¿quedarse mirándolos mientras ellos estaban cual pareja de tortolitos y ella como una solterona de cuarenta años?
Lo último que iba a hacer.
Pero si hacía lo que le habían dicho entonces era resentida. Y quedarse, ja.
Por eso, se repite
"¿Y?"
Entonces optaría lo que consideraba mejor elección.
Ahora, de repente, estaba más segura que nunca.
Era la mujer más firme de todo el mundo.
Hacer lo mismo. La clave. La respuesta. La solución. La mejor opción esa noche.
Y la llevaría a cabo como la mejor, como un asesino profesional, como un capo di tutti capi.
Como la mejor.
Entonces lo hizo.
Y mientras el la miraba en silencio a ella y mientras la miraba gritando a la otra -gritando no tan gritando-, en el v.i.p que antes lo era todo, luego nada y ahora lo sería todo de nuevo, ella, como un capo di tutti capi, buscaría su presa, su ¿víctima?, su arma mortal.
Y la encontró. Era perfecta. Hasta era parecido a el.
Entonces una amiga de ella se acercó, la mostró a ella, y al verla, tan espléndida y brillante como el sol, como las estrellas, como la luna, no dudo en besarla.
Y en el mejor ángulo, en la mejor posición para que ÉL la viera, la mirara, esta vez en silencio, gritando, esta vez, en silencio y gritando porque quería que la mirara, en todo sentido, en todo ángulo, con toda furia, amor, con todo.
Pero que la mirara.
Y si.
"¡Eureka!" pensaba mientras besaba otros labios. Labios que en realidad no deseaba, no quería, que no amaba.
¿Eureka?
Estaba haciendo lo mismo que, con una profunda seguridad, creía que el hacía con ella.
Estaba haciendo lo que no le gustaba que le hicieran.
Y pensaba gritando, "eureka".
Dentro de su yo coherente sabía que estaba mal, pero en ese momento lo gozaba, como la mejor, como el propio capo di tutti capi que lleva a cabo su ejecución, que mata y goza de un salpicón de sangre, que lo disfruta.
En ese momento, no le importó.
Simplemente como eso, no importar.
Y eso era lo que el sentía con ella cuando la besaba. Y eso a ella la dolía. Porque lo amaba.
El no pensaba en ella.
Y ella, en ese momento no pensaba en el, ni tampoco en su arma.
Solo en su venganza.
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Lo estaba llevando a cabo tan bien, que rozaba lo perfecto. Y terminó con su primer arma, y continuó con la segunda, y luego con una tercera.
Cada arma era más linda que la otra, más perfecta que la otra, y eso hacía cada vez más perfecta su ejecución. Y le encantaba.
La mejor parte eran sus ojos en ella, con otro, otro que no era el.
Y también los ojos de la otra, de sus amigas, de sus amigos, de los desconocidos que miraban solo porque todos miraban.
Era una telenovela, la mejor telenovela, la suya.
La parte en la que la venganza se lleva a cabo, y no importa si eso es bueno o malo, pero lo hacés y te sentís satisfecha con vos misma.
Y eso sentía ahora ella. Satisfacción.
Y con aquel sentimiento, venía la libertad.
Sí.
Se sentía libre, libre de su venganza, de un objetivo, un tanto espontáneo, pero cumplido, y eso la hacía sentir bien. Al fin.
Ahora era una adolescente libre, feliz, transparente, sin problemas, que solo le importan sus amigos, y que quiere disfrutarlos.
Y con la mirada de el v.i.p que lo era todo y nada a la vez, con la mirada de todos ellos, con el sentimiento de libertad y felicidad junto, con la satisfacción dentro de ella, con el pensamiento en todas las mentes ahí presentes de saber que ella se estaba vengando, y de el, estaba feliz.
Y ahora, el vacío había durado sólo un rato, para dejar de existir, ahora quizás el vacío lo tenía el, porque ella, ahora sentía plena felicidad, como la que tiene un niño cuando se le da un chupetín.
Cuando hacés lo que no te gusta que te hagan pero igual sonreís.
Cuando uno es tan incoherente, cuando nada te importa, y así sos más feliz.
Aunque quien sabe, estando coherente, que sentiría después, una vez, que esa atípica noche, al fin terminara.
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