Siente esas cosquillas en el estómago, ¿serán las famosas mariposas? No lo sabe, espera que si y a la vez que no. Que si, porque esas cosquillitas la mantienen feliz, joven y brillante. Y que no, porque no quiere lo mismo de vuelta.
Pero ella es de esas que piensan que el que no arriesga no gana, aunque más de la mitad de las veces -en teoría, todas-, haya perdido. Es de las que mantienen feliz y paciente la esperanza de que algún día, llegue el correcto. Por eso aprovecha todos, no se priva de ninguno, por eso, se sube a todos los trenes. Y esta, no es la excepción.
Ya poniendo un pie en el tren, lo mira. El la mira. Una. Dos. Tres. Y así, todavía mas veces.
Como siempre, la mirada es lo primero y fundamental.
Da por finalizado -y obviamente, aprobado- este primer paso. Siente, que la mirada es correspondida. Que el la mira porque siente lo mismo por ella. Porque tiene el mismo cosquilleo y va a saciarlo, igual que ella. Entonces va por el segundo paso, que en realidad, varía en cada caso y con cada posible príncipe. Aunque el fin siempre es el mismo: avanzar, y no importa cómo. Puede ser un roce de pieles "sin querer", o un "-permiso -pasá".
En este caso y con este príncipe, van a hacer la primer parada en una estación de servicio para cenar. Todos bajan, compran y se sientan en una mesa con los suyos. El, con su familia y ella, con la suya. Ya pasó la parte de mirarse pero como no sabe cómo avanzar,continúa extendiendo el primer paso.
Entonces pasa la cena y nada, ella no avanza y el menos. Mirando un poco el paisaje, intentando a la vez calmar las cosquillitas que no la dejan en paz, se le ocurre pensar que quizás el la mira porque ella lo mira. Siendo mas concretos, que el la mira por mirar, como se mira a una persona en la calle; sólo que lo hace más de una vez porque ella lo mira y cuando a uno lo miran lo siente, y el lo siente, y al igual que todos, lo siente al punto de que si está de espaldas sería capaz de darse vuelta y ver quién está clavando sus ojos en el. Y a ella se le ocurre eso; "piensa mal y acertarás" dice el refrán y ella mal-piensa a la perfección. Mientras, mira por la ventanilla ese oscuro paisaje, esa noche que no promete mucho, esa amarga y fría noche.
Piensa, en cómo doce horas se hicieron segundos, en cómo tanto viaje se hizo tan corto y con él, cómo se hicieron tan en vano todos sus intentos por acercarse a ese príncipe negro.
Piensa, en cómo puede ser, que siempre arriesgue y nunca gane.
Dentro de unos minutos los dos bajarán, y cada uno irá por su lado, quizás no se vean nunca más, y por quien sabe que número de vez, tiene que bajar del tren, sin nada, vacía, aunque el cosquilleo siga y las mariposas sigan revoloteando, porque ahora, ahí, es cuando más se siente el "libre de vos, pero no de mi", y ahora, aunque no tenga ganas, aunque ya lo haya hecho incontables veces, tiene que superar sus ojos en los de ella, y los de ella en los de el, aunque no quiera, aunque no pueda.
Cuando probás y probás y parece que nunca acertás.
Cuando te subís a todos los trenes y ninguno conduce a dónde querés ir.
Cuando te cansás de que siempre sea lo mismo.
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