Mientras respiremos, nada está mal

23.1.15

Matices con coma

Subís. Bajás. No te gusta ese cambio de ánimo repentino pero te la bancás porque ya te acostumbraste. Ya te acostumbraste a ese brusco altibajo que tanto te encanta cuando todo es gris y tanto odias cuando todo es rosa. Pero bueno. Es inevitable en vos. Porque esa sos vos y vos sos así. Intentar cambiarte siendo una es intentar ser dos. Ser otro número. Ser otra. Y vos ya tenés tu número. Y así está bien, así lo tenés que aceptar: cómo es, COMO SOS. Porque lo liso no existe. Lo igual.
Cuando todo es liso, cuando todo es perfecto, ya no es.
Cuando estás en el hospital y si escucha el piiiiii largo, aparece una línea larga, lisa, sinfín, que ya no puede subir, ni bajar. Ya no tiene nada. Ni todo.

Entonces no importa el defecto. La vida es un color con matices constantes, un número decimal.
Vos, también lo sos.

Lo perfecto no existe, no es. Y los colores sin matices o los numeros redondos tampoco.
Y sí, a veces es feo, es insoportable para nuestro cuerpo y para nuestro alma tener ese brusco cambio de ánimo, hasta es intolerable.

Pero no podés hacer nada que lo cambie completamente, podés reducirlo, pero estar va a estar. Y es mejor que sea así. Después de todo le da un poco más de emoción y espontaneidad a tu vida y mucho color rosa cuando la cosa se pone gris -o mucho color gris cuando todo está rosa-.

No hay comentarios:

Publicar un comentario