Mientras respiremos, nada está mal

22.2.15

Auriculares enredados

Todos duermen menos yo. Y es lógico, siendo las cinco de la mañana. La computadora ya no me divierte. El  control de la tele quién sabe donde está y levantarme la veo difícil. Mi whatsapp está más muerto que mi vida sentimental. La única e inigualable salida a estas horas cuando el aburrimiento me sobrepasa es la música. Todo parece haber sido estratégicamente hecho para mi dificultad: tengo que buscar los auriculares. Pero para eso si me levanto, obvio. Los encuentro. No podrían estar más enredados. Y la verdad cero ganas de desenredarlos. No quedó otra.

Auriculares enredados y el aleatorio que no ayudan mucho. De repente suena "El mareo", de Cerati. La emoción puesta en esa canción me hace recordar y hasta sentir por mis venas historias pretéritas, algo olvidadas, anécdotas que reviven y salidas perfectamente planeadas.

"Así son las cosas: amargas, borrosas. Son fotos veladas de un tiempo, mejor". Nunca mejor dicho. En mi mente comienza a pasar una vieja cinta algo oxidada. Vieja no por el año en que sucede la historia. Sino vieja porque desde esos tiempos agridulces e inocentes, pasaron por mi vida innumerables cosas, más agridulces aún y menos inocentes. Si contamos la vida en momentos diría que pasó una eternidad desde esos tiempos mejores que ahora inundan mi cabeza, mientras la voz de Cerati me perpleja. Si contamos en meses, son unos 12. Aunque hacía 12 meses eran los últimos tiempos, porque si me pongo a recordar desde el 2006, ufa.

Termina la canción, pero de vez en cuando no está mal recordar y volver a sentir, así que me determino a ponerla de vuelta. Sí. Re gede. O re quema-canciones, pero soy así. Esta vez soy yo la que pone la cinta, no mi conciencia. Ahora soy yo la que cierra los ojos por voluntad propia y decido recordar en forma de película blanco y negro momentos ocurridos hace poco más de un año.
No sé si antes fue mejor o peor que como estoy ahora. Simplemente fue diferente. Creo que estaría mal comparar mi hoy con mi ayer, porque mi ayer fueron cosas, personas, tiempos, entornos totalmente distintos a los de ahora.

Que la pasé bien con esas personas, es indiscutible. Que la paso bien ahora con otras personas, también. Ponele. No puedo mezclarlas. A veces las mezclas no necesitan más ingredientes. Y creo que así es ahora. Lo de ayer, ayer se queda. Y si algo tiene que unirnos, el destino se va a encargar, como lo hizo siempre.

"Ya no me da pena, dejarte un adiós". Las despedidas son quizás más dolorosas que el recuerdo. Es el momento en el que por más que no quieras tenes que aceptar que se tienen que dejar ir, el uno al otro. Porque es ahora o nunca. Sino te despedís ahora, no va a haber otra oportunidad. Y quizás no estés preparado para despedirte. Por ahí todavía no asumís ese adiós. Por ahí no caés, que después de tanto tiempo juntos, tanto tiempo siendo uno, una unidad fuerte e insuperable, tengan que decirse chau, adiós, hasta siempre y buena vida. Porque no querés. ¿Y si no querés por qué tenes que hacerlo? Y si es así. La vida te empuja sola. Te lleva por la corriente y el camino que se le antoja. No podés decidir o cambiarlo. Pero volviendo, las despedidas son de lo más triste que hay, porque son a la fuerza. En algunos casos, decidimos aprovechar ese momento que alguien caracterizó como "despedida", para justamente eso, despedirnos: nos abrazamos, nos besamos, lloramos en el hombro del otro, nos separamos y nos volvemos a abrazar. Pero en realidad, la despedida no es esa. La despedida entre dos o más personas, no es cuando ellos no quieren despedirse e igual tienen que hacerlo porque alguien así lo dispuso. La despedida es cuando asumimos que ya no hay un día a día juntos. Ya no hay rutina que nos una, ni obligaciones que cumplir juntos. No hay trabajos en equipo ni excursiones opcionales. Cuando verdaderamente caes, cuando lo podés razonar. Cuando te das cuenta. Y ese día, no llorás. Porque ya lloraste. Tod...Aia. Se terminó la canción de vuelta. Replay. Quiero recordar de vuelta.


Todavía los quiero. Si. Quiero ese pasado feliz e inocente que algún día fue mi mejor presente. ¿Si lo extraño? Obviamente. Pero sé que solo fue una etapa. Fue la primer etapa de mi vida. Y por ende, la primera despedida, el primer hasta siempre y buena vida, y el primer tener que razonar que las despedidas son cuando asumís que ya no compartís nada con esa o esas persona/s. Para la próxima ya tengo todo esto entendido. Que seguro lloro, seguro lloro. Pero es inevitable el llanto y hace bien. También está bien que nos obliguen a las despedidas. Que prácticamente nos obliguen a llorar en el hombro de una persona que no queremos dejar que se vaya. Aunque sabemos que nos volveremos a encontrar: un encuentro de unas horas nada se parece al día a día. Y está bien, porque si lo pensamos, la muerte tampoco es por elección nuestra. Si fuera por nosotros, que los abuelos sean eternos. Pero lamentablemente, un día dejan de estar junto a nosotros y ese día lloramos porque no estábamos preparados para aquella partida. Y las despedidas son lo mismo. Pero algún día, lo asumís.


Así que llorá lo que tengas que llorar. Abrazá, y queré. Extrañá, pero no dejes de avanzar.  Y por sobre todo, no olvides recordar. Los auriculares enredados y el modo aleatorio por ahora siguen existiendo.
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Me agarra algo de sueño. Pero quiero dormirme viendo esa vieja cinta en blanco y negro que me transmite una sensación agridulce, llena de paz, felicidad y nostalgia.

REPLAY.
El aire me siega, hay vidrio en la arena 
Ya no me da pena, dejarte un adiós 
Así son las cosas, amargas borrosas 
Son fotos veladas de un tiempo mejor-






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