Mientras respiremos, nada está mal

12.2.15

Sin previo aviso

Miro por la ventana y me pregunto cuál será su mágica receta. Cuál será el ingrediente esencial, y me propongo aunque sea saberlo. Todavía.

Hace meses que ya no hablamos ni nos vemos. Supongo que ni nos pensamos. Ni yo a vos ni vos a mi, aunque, aún hoy después de tanto tiempo, dudo de si alguna vez vos me pensaste (y encima te estoy pensando).
Sé que hay algo de vos que habita en mi pero no sé dónde. Estás oculto dentro mío y aunque te busque no te encuentro. Ya no es lo mismo que la primera vez. No te pienses que todavía te amo, que estoy enamorada de tu mirada, o que me encantan tus rulos o tus chistes malos. No pienses que te pienso. Que me voy a dormir con una imagen mental tuya. Ni que cuando me pongo los auriculares a la noche flasheo historias con vos. Que te comparo con todo y todos, te meto en cosas que nada tienen que ver con vos. Ni que hablo de vos con mis amigas. Sos tema cerrado y un innombrable en cualquier charla. Pero a pesar de eso cada vez que escucho tu nombre por alguna parte me acuerdo de vos, de nosotros, aunque sea por un rato.

Si pudiera volver el tiempo atrás cambiaría muchas cosas. Pero sin duda, no cambiaría lo que alguna vez sentí por vos. Porque todo lo que tenía que ver con vos me tenía locamente feliz. Por un tiempo fuiste mi vida entera. Estabas y tenías que ver con todo. Si iba a alguna parte me las buscaba para enterarme de si vos ibas y si así era horas antes empezaba un largo proceso de preparación dedicado solo a vos. Eras mi sonrisa. Mis ojos brillosos. Pero también fuiste mis lágrimas y mis meses de recuperación. Hoy en día sos mi miedo a lo nuevo. Sos mi miedo al amor. Y también hoy no te repetiría. Ya te aprendí y no necesito repasarte.

Y aún así, acá estoy, mirando por la ventana y pensando que tiene ella que yo no tengo. Me siento mal y otra vez por vos. Mal por tu culpa, porque todavía estás en alguna parte de mi y hacés que me cuestione cosas que no quiero cuestionarme. Y no te encuentro, aunque te busque siempre. Quizás algún día decidas irte solo, te des cuenta que no hay más que buscar en mi, porque, no necesito repasarte. Después de todo, entraste sin avisar y quizás así te vayas. Sos mi agradecimiento, porque el día que vino un miedo, vino una advertencia y unos consejos bastante útiles. Pero también sos tormenta en algunos días soleados.

Sé que estás adentro mío y por eso ahora te estoy pensando. Pero también sé que solo te pienso cuando no tengo preocupación, cuando estoy en blanco y ahí es cuando entrás vos a colorear todo. Porque hacía mucho que no te pensaba y hacía mucho que no me ponía en blanco. Porque vos en sí ya no sos importante, sino lo que me dejaste.


Que intentara cambiar lo que alguna vez sentí, significaría que claramente no entendí nada, o que interpreté todo de la peor forma. Ojo, no te digo que ahora de repente va a estar todo bien porque te interpreto perfecto, o te agradezco completamente que hayas entrado en mi vida a enseñarme sobre amor. Sinceramente, duraron más mis días y noches de llanto, que nuestros días felices -o por lo menos yo lo fui-. Pero en parte, aunque no haya sido obra tuya tu aparición, te agradezco algo. Porque fue el destino el que te puso pero vos el que me enamoró. Además, no me evito ninguna tristeza. La vida es eso. Es así. No hay eterna felicidad ni eterna tristeza. Si no eras vos era otro. Quién sabe que hubiera hecho otro, y mejor no averiguarlo.

Sos un fiel interrogante. Una pregunta que no logro responder. Un algo extraño e incierto. Una duda. Un circulo imperfecto, una puerta sin cerrar. No sé hasta cuando va a durar la incertidumbre, pero por ahora prefiero que te quedes así.



No hay comentarios:

Publicar un comentario