Ya se habían hecho las dos y media. El alcohol ALGO, aunque sea un poco, nos había pegado a todos. La condición que había dado la que era dueña de la casa para que fueran los pibes era irse tipo doce. Eran las dos y media. Ya no había música, ningún valiente ponía ninguna canción, ya no había la onda del principio. Había dos parejitas (), una medio que medio con otro, y las que cocinaban. Era momento de que se fueran, y así lo hicieron. Había terminado todo de cualquier forma, pero no estaba en nuestros planes que todo fuera así. Ojo, no habíamos hecho nada malo. Ningún pecado había sido cometido esa noche. Fuimos unas pibas más tomando con unos amigos. De esas banditas hay muchas. La habíamos pasado bastante bien para ser de nuestras primeras noches así. Solamente que medio cualquiera chapar con pibes que recién conoces. Pero un pedo y un poquito de ganas todo lo pueden.
El hambre nos carcomía el estómago a todas y el olor a milanesa flotaba por la casa. Una de las que cocinaba salió disparada de la cocina hacia la habitación sin pronunciar palabra, enojada. O por lo menos a mi. Quedábamos cuatro en el living y una que tenía confianza con la que se había ido a consolarla. Quedamos tres. Dos éramos de las que habían estado con dos de los pibes; la otra era una que estaba cocinando. Se escuchaban gritos entre sollozos, con algunas gotas de alcohol. En el living, la conciencia empezaba a atormentarnos. O por lo menos a mi. La que suele pensar todo intensamente. Que exprime cada aspecto de un problema. Cada posible causa. Y ese era un problema.
Pasaban cinco, o quizás diez minutos y se seguían escuchando gritos. Todo se estaba yendo medio de las ramas. La idea para nada era esa. Ni en el palo le pegaba. La que pensaba todo, necesitaba hacer algo. Yo, necesitaba hacer algo. Quedarse de brazos cruzados nunca.
Y después de muchos intentos por entrar, pude. Ya estábamos las cinco en un mismo cuarto. Ahora había que hablar y arreglar las cosas, nada más.
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T,J,L,M y yo estábamos en el cuarto. T consolando desde la cama de al lado a L, la que llora en una cama donde está ella sola. J, M y yo en la cama donde está T, la de al lado. El problema era con la que piensa todo y necesita resolver sus quilombos: yo. Era un cara a cara con opiniones intermedias a favor y en contra, un debate. Contar parte por parte es largo y en vano. El motivo de la pelea fue que me besé con un pibe al que L le tenía ganas. O ese fue el motivo principal (porque después, eso cambió). Estaba mal lo que había hecho, ponele. Pero qué, ¿te vas a enamorar de un pibe que conociste esa misma noche? Además, ella me había dicho que me lo comiera, que me lo comiera, que estaba buenísimo, y yo no quería; hasta que el pedo me consumo y bueno. Todas estábamos medio idas, incluso yo, la pensativa; y más que todas, L, la que lloraba. Le había pegado medio tarde a diferencia de las demás. Pero la gota de conciencia la teníamos todas en esa habitación, y eso es algo asegurado. Como dije antes, es largo y en vano contar parte por parte la discusión. Parecía todo haber empezado por el pibe, pero con el paso de los minutos y de las cosas que decía, se fue pareciendo más a una descarga. Una mochila que llevaba en la espalda y quería descargar. Un resentimiento, cruel y profundo. Una verdad guardada. Las cosas que me dijo, fueron terribles y la palabra queda chica. Nunca me había sentido así en mi vida. Cada lágrima era un noventa y nueve por ciento sentimiento, y uno por ciento agua. La pelea duró desde las dos y media hasta las seis, cuando todas nos dormimos. Todas ahí presenciamos su descargo. Todas. Pero ninguna, podía sentir la sensación que yo sentía. Era un vacío, gigante. No podía creer lo que escuchaba. Por lo general, yo asocio el vacío con la decepción. No sé por qué. Pero quizás eso sentía: vacío y decepción. Juro que la sensación me invadía el alma completamente. Me sentía tomada. Débil. Frágil. Inmune. Indefensa. Vacía. Decepcionada. Usada. Traicionada. Pelotuda, por haber sido tan buena amiga con alguien así. Yo contestaba, aunque fuera lo último que dijera y lo dijera llorando como nunca antes. Porque soy así. Y contestaba con el alma. Con razón. Con verdad. En sus frases había odio. Y yo lo sentía. Había resentimiento. Odio. Cada cosa era una flecha dentro mío. Cada cosa me debilitaba más y me hacía sentir más vacía.
Quizás para algunos las partes en las que digo que me sentía completamente vacía, con el alma destrozada, y decepcionada, sean solo palabras. Quizás nunca hayan sentido algo así y sienten que exagero. Pero cuando se quiere tanto y después uno se desilusiona así, se siente exactamente eso: el alma rota. No es exageración bajo ningún punto, y el día que se siente es el día que se entiende.
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En un momento, me abrazó. De la nada. Yo la abracé. Aunque hubiera llorado terriblemente, aunque me sintiera de la peor manera. Correspondí ese abrazo. Me tragué todo lo que le podría haber dicho. Me tragué el empujarla y no abrazarla, o por lo menos evitarla. Pero no, seguí fiel a mi estilo. Seguí siendo buena con ella. Pensé estaba en pedo. no pensaba nada de eso de mi. por ahí ahora se duerme y se calma: aunque no me la creía nada, tenía la esperanza prendida, como siempre. Pero un rato mas tarde, seguiría. Otra vez. Yo ya estaba destrozada. No podía estar peor. Hubo un momento que ya ni lloraba. Y es hasta hoy que no lloro. Porque ya no tengo por qué llorar. Porque ya entendí. Porque ya estoy resignada.
Quizás meses antes, le escribía en un testamento por su cumpleaños "Pasamos tantas juntas". Porque cada una de las que pasamos me hizo quererla más. Cada día, mi amistad con ella aumentaba. Porque así soy con todo el mundo. No importan las peleas acá. Soy una persona muy conflictiva, sí, pero se diferenciar entre peleas grandes y peleas chicas. Y ese día, no importaron las muchas que pasamos, No importó todo el tiempo que pasamos juntas. En un día, en un segundo, se podía derrumbar todo. Con una palabra me rompía. Con una sola palabra, me podía destrozar. No solo por lo que decía, sino de quien venía. Es cuando el "forra" o "hija de puta", se siente de verdad. No lo escuchas, lo oís. No mirás, lo ves. Porque no es en joda o de buena manera. Viene del alma.
Sé distinguir entre peleas de las que se sale con charlar un rato cuando se pasa la calentura, y peleas que quién sabe cuando dejan de sentirse en el alma. Porque sé de peleas. Y tanto se distinguirlas, que esta es la primera. Sé diferenciarlas perfectamente, no por que crea que me las se todas, sino porque lo experimenté. Porque experimenté la sensación de una pelea así y por ende, me di cuenta que esa fue la primera vez que me sentí así. Fue la primera vez en mi vida que sentí una pelea irremediable. Y ahora estoy resignada. Estoy rendida. No espero ni busco nada. Hablamos normal. Pero ya no siento ganas de nada. Y es una de las cosas más tristes que dije en mi vida. Pero es así.
Ojo. Semanas después (sí, semanas), me explicó que un par de cosas eran ciertas, que no se acordaba de muchas y que no me odiaba ni nada. Que seguramente había sido en pedo. Le expliqué exactamente cómo me sentía. Quedó todo "ok". En esos días me hablaba, como si estuviera todo bien. Y yo igual. Obviamente no nos decíamos que nos queríamos ni nada, ni tampoco sentía confianza o ganas de hablarle pero igual lo hacía. Soy una persona muy pensativa, y esto de escribir me hace serlo más. Relaciono muchas cosas con frases popularizadas o que se andan diciendo por ahí. O que conozco y cuando leo pienso cuánta razón en una sola oración.
Hay una frase, conocida, que dice que los borrachos, los niños y los locos dicen la verdad. Es subjetiva. No se puede generalizar así tampoco. Encerrar a todos los nenes, locos y borrachos en una misma bolsa. Pero esa vez, me guié más por la frase que por las explicaciones que me pudiera dar ella después. Y no sólo por esa frase; sino también por lo que yo sentía. ¿Y quién no se guía por lo que siente?. Cada palabra sonó tan verdadera y tan salida del alma, que es hasta el día de hoy que sigo guiándome por la frase y por mis sentimientos. Aunque quiera, no puedo creerle. Es triste. Quisiera creerle, pero uno siempre quiere tantas cosas, y pocas se cumplen.
Quizás espero al tiempo pero a la vez no lo espero. Pretendo que algún día vuelva a ser todo como antes. Pero a la vez, me quedaría así con ella para siempre. Como si nunca hubiera pasado por mi vida.
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