Mientras respiremos, nada está mal

28.5.15

H

"Las paralelas nunca se cruzan", dice la profesora de matemática sin retorno.

De inmediato mi cabeza exprime la frase y la conlleva al extremo más tocado en mi mente, el de siempre: Vos.

Me estremezco y comparo. NOS comparo. Vos y yo como dos paralelas, iguales pero imposibles de cruzarse. Ni en un punto, ni en un extremo, nunca, jamás: destinadas a no encontrarse, sin círculos ni vueltas.

Fue lindo mientras duró -probablemente más para mi que para vos-, mientras el destino nos permitió ser perpendiculares o permitió alguna recta (H) que nos uniera. Las sonrisas salieron sin preguntar y los besos y abrazos me dieron escalofríos. Pero no puedo evitar convencerme del mismo pensamiento que, junto con vos, sale siempre: Ya pasó.

Y, por supuesto, existe la posibilidad de trazar la recta de vuelta pero, ¿si no pasa nunca? El que borra, el que traza, el que dicta y exige, ¿quién es?

Todo concuerda con los mismos pensamientos de siempre y las paralelas imposibles de unirse ahí siguen, imposibles de unirse.

Hasta que la de matemática las compara con calles y se me da vuelta todo- ¡Un giro de 180 y perdí por goleada!:

Y nos imagino, vos cruzando desde la Av. Belgrano y yo desde Av. Independencia, en la senda peatonal, ese par de líneas blancas que alguien pintó algún día y que une todo con todo, que forma una H tan extraordinaria como tóxica:

-Nos volvemos a encontrar-

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