Mientras respiremos, nada está mal

26.5.15

Sed de Humanidad

      Me fui a dormir y me desperté con una paz tan llana y plena que pocas veces se podría ver, y más que nada en mí. Todo estaba en orden o camino a él, sin contar algunos detalles familiares que siempre están.
      Pero, ¿qué es lo que me prohíbe sonreír? Aunque lo busco y lo busco, por fuera y por dentro, no lo encuentro. Y, fiel a mi estilo, cuando algo se posiciona en mi mente no se va hasta ser develado.
      Entonces como tantas y otras veces, pretendo y espero descifrarlo entre renglones, o que la duda me siga carcomiendo hasta pudrirme con ella.
      ¿Qué era lo que tanto quería cuando lloraba por esto o por lo otro? Hace un par de días, cuando me quedaba llorando sola en un escalón, me dormía rezándole a Dios que me ayude y me despertaba sin ganas de nada, ¿qué pretendía? ¿para qué recé, para qué busqué consuelo? ¿que buscaba que no encontré?
      Siento un vacío, tan llano y pleno como la paz que sentí anoche. Y no logro entender si es un vacío de afecto, o de problemas. Y un nuevo interrogante aparece en busca de una respuesta:
       ¿Con qué me lleno? ¿Qué tengo que comprar para no tener más hambre de sentimientos, para no sentirme así?
        Y ahora que todo parece estar en orden, me siento más desordenada que antes: ¿Quiénes me rodean? ¿Quiénes son, y por qué parecen tan desconocidos? ¿Por qué aparentan estar tan llenos? ¿Cómo hacen? ¿O acaso, se mienten a sí mismos? Y todavía más, ¿eso como se hace?

        Otro par de interrogantes que se suman a la bolsa y mientras yo, con la duda como estandarte y el llano y pleno deseo de no morirme de hambre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario