Desde otro ángulo, ¿para qué mierda sirve pensar tanto? ¿De qué carajos sirve exprimir hasta lo último, analizar hasta lo más diminuto?
Sinceramente odio decirlo, porque la mayor parte del tiempo me la paso pensando y pensando, pero mi verdad de hoy es esta. Estoy en la cama y pienso que ya no te quiero, que ya no me importás, ideo maneras de cómo tratarte, cómo reaccionar, qué gestos usar con vos para que no pienses que dentro de mis negaciones -aún te quiero-, cómo hablarte, como acercarme, cómo todo. Y lo peor es que a vos probablemente no te importe en lo más mínimo, o quizás pienses que soy tremenda boluda pero solo en el momento que me ves sonrojarme por vos, y despues ya no te importe. Pero igual, lo pensas. Y ese pensamiento se guarda, en alguna parte; dentro tuyo, vos pensás que soy una estúpida y eso me tortura. Me tortura, porque me mato perfeccionando todo el tiempo hasta el quédecir cuando me paro en frente tuyo y NADA, no sirve.
Somos y decimos lo que llevamos en nuestra esencia natural, y lo primero que nuestro cerebro relaciona con la boca es también parte de esa esencia, esa magia que viene junto a nosotros el día que caemos acá; pero por más que yo entienda y razone esto, sigue siendo lo mismo.
Me doy cuenta de todo. Entre confusión y confusión, puedo develar la verdad, por lo menos en mi cabecita y a duras penas, entre una mezcla de este cruel frío y mis manos congeladas, puedo plasmarlo acá, como salga.
Pero diga lo que diga, escriba lo que escriba, sigo siendo la de voz tímida y mejillas coloradas por la verguenza. La que tiene el autoestima por el piso y se guarda bastantes contestaciones, esa, la que consigo misma es distinta a todos pero para el resto una más y espera con ansias aquel día en que todo aquello que la opaca desaparezca, y su nombre brille como una tenue pero tan querida luz en plena oscuridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario