Y de esas veces, ¿cuántas nos habremos atrevido a contestar? A defendernos, poniéndonos del lado contrario a los pobres que comen lo que venga. Yo, pocas.
Y cuando lo hice decía "pero yo no soy pobre y no me gusta".
Suena egoísta, pero en parte, es así. Cuando tenemos tanto nos damos el lujo de despreciar, no aprovechar y no valorar. Y cuando nos falta, bueno, ansiamos con todo tener aunque sea una miga.
Y así como cuando tuve mil opciones en la heladera decidí no escoger ninguna, ahora que no tengo nada quiero todo.
Dame lo que sea, pero dame algo.
Aunque sea una semilla: yo me encargo de sembrarla.
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