Mientras respiremos, nada está mal

5.7.15

Frío y medias

El acero caliente por el sol que unas horas antes le pegaba de lleno a la silla, ahora le da calor a ella. Sus pies congelados por el agua que le salpican su hermano y el pequeño amigo, unas meras gotitas que le dan escalofríos. La pileta que rebalsa, la calma de mirar el suave verde que la rodea. Los ojos rojos por el cloro y la cara completamente lavada. El aire de campo, el fiambre, ese jamón crudo enorme que cuelga de esa pequeña granja, un aroma incomparable. ¡Y la noche! Esas noches de centro, de espectáculos, de confitería, de mimos, de arte, de todos los artes. El musical, el plástico, el literario, el artesano (su preferido)... El cielo liso y las calles de pueblo, puertas abiertas y señoras que se sientan a chusmear un rato con otras. ¡Es de otro mundo! Y se pregunta cuántos otros mundos existirán, si serán iguales de distintos que ese al que está acostumbrada a frecuentar, o todavía más... Quisiera saltar de mundo en mundo y encontrar alguno igual a ese que solo visita siete días de trescientos sesenta y cinco, pero que no dure solo siete días... Uno en el que se pueda quedar , para siempre. Quisiera visitarlos, en búsqueda de ese ideal que la hace volar y ser ella. Las trenzas, los vestidos de flores, la piel bronceada, el amor de verano. Esa visión cinéfila que ahora solo puede existir en su mundito mental, mientras hace una composición sobre un libro aburrido, y la ropa, sonidos y olores no son más que uniformados bordó, gritos de peleas cotidianas y aroma a hamburguesa con papas fritas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario