Mientras respiremos, nada está mal

13.4.15

Asesino

Tengo frío. Miro la ventana, y me encierro las rodillas con los brazos, como si me abrazara. Este es el momento en el que más débil y vulnerable me siento. Y no sé qué hacer, ni a dónde ir. No hay nadie más que yo en casa, y no logro entender, si para este estado en el que me encuentro, eso corre como ventaja o desventaja. Aparece en mi cabeza la idea de que no hay escapatoria y eso, dentro de mi mundito, logra exaltarme, aunque me encuentre inmóvil como una roca.

Quieta. Fijamente miro la ventana, aunque las cortinas casi ni me permiten ver el paisaje. No es que me pase nada en especial, solo que... Suena el celular. Un mensaje, de él. "Sos una re mina, y quiero ver qué onda, no te quiero perder, ¿por qué me tratás así? ¿Hice algo mal?". Sonrío y divago, como siempre. Pienso en un nosotros, que me eriza la piel. Pero mi lado de "prohibido enamorarse" sale a la luz,y no me dan ganas de contestarle; entonces decido ni siquiera abrir su chat, para no clavarle el visto: raramente, todavía me queda algo de sensibilidad.

Pero después de un rato todo eso desaparece: "Te voy a hablar cuando tenga ganas, chau". Muy hija de puta, pero es lo que hay. Hay veces que me agarra un no-sé-qué, y la sinceridad me atrapa en todos mis extremos; lo peor: no viene acompañada de sensibilidad.

Cruda, sólida, cobarde. Una vez una amiga me dijo que le dijeron que "si no te enamorás porque sabés que se va a terminar o vas a salir lastimada, es como no respirar porque igual te vas a morir".
Raramente, me la acuerdo. Pero ahora me corrijo; no es raro: si algo me acuerdo, es porque es importante en serio. Y eso, en mi, no es raro.

Como muchas cosas en este momento, no distingo bien si ese mensaje lo mandé por cobardía, o porque simplemente no lo quiero. Pero de ambas formas, arriesgarse nunca está mal. Y claro; pienso eso, pero a él le mando un mensaje diciendo todo lo contrario. Ay Florcita florcita, ni vos te entendés. Aunque eso es obvio, hace ya varias entradas, ¿no?-


El, me hizo conocer el amor. También me hizo caer de lo mierda que puede ser a veces, y me atrapó creyendo en los cuentos de hadas: el peor momento. No sé si "me hizo más fuerte", como muchas chicas suelen decir- porque siempre las lastimadas somos las chicas, obvio-. Pero si sé que sigo siendo la misma chica de esas noches de esperanzas y sueños rotos, de almohadas negras por el maquillaje, de ojeras fundidas y príncipes azules ya inexistentes. La misma, con el corazón roto en mil pedazos, sólo que ahora intento disimularlo, disfrazarlo entre sonrisa y sonrisa.

Pero ojo: de vez en cuando me olvido, y me creo que mi alma está igual de sana que antes de que todo comenzara, y sonrío como si el mundo fuera bueno (¿pero esto me beneficia o perjudica? ¿es, acaso, mejor, sonreír y que nada importe, y estar vulnerable frente a todo, antes que vestir sonrisas que ocultan dolor, pero que están enteradas de la basura del mundo?)

Aparece un don nadie, diciéndome que me quiere y que soy una re mina, y me encuentro sonriendo, frente al celular. De vuelta. Las mismas cosas que me decía Él, y yo sonrío, como una nenita que se cree que los cuentos de hadas existen; yo, me creo esa sarta de boludeces, que detrás pueden estar llenas de amor, pero en los pibes de hoy, son solo copiar y pegar, acompañados de chamuyo al 100%, es decir, 0% de sentimiento verdadero. Y eso me hierve la sangre: ¿por qué son todos iguales?
  Pero ahora, enserio empiezo a sentir como me hierve la sangre, y el calor en mi cara, provocado por la bronca que me asecha, me está sofocando: "¿Por qué me creo las cosas que me dice? ¿Qué aprendí? ¿Para qué prometí  alguna vez no engancharme con nadie, si ahora eso estoy haciendo? ¿Tan débil soy? ¿Tan poco duré?"

Entones agarro mi celular, con los brazos temblorosos y las pocas lágrimas que recorren ahora mi cara, y que solamente por orgullosa dejo salir habiendo todo un océano dentro mío. Pero después de unos segundos limpiándome esas escasas gotas, no hago más que eso: secarme las lágrimas que como estúpida dejé salir, y nada más. Ni siquiera eso: no logro escribirle más nada. No encuentro respuesta. No sé que hacer, aunque siempre pensé que el dejarse llevar era la respuesta a todo: NADA es a TODO.

Me prometí, alguna vez, cerrar la puerta del amor, aunque sea por un tiempo. Pero las noticias, la tele, el diario, y la radio me enseñaron desde chiquita que los asesinos siempre encuentran la manera de abrirlas, y ante eso yo no puedo hacer nada.

Siento un extraño ruido. Como si alguien quisiera entrar a mi casa. Golpes, patadas, boom. La puerta abajo. Llamo a la policía, pero nadie contesta. ¿Qué se hace? ¿Qué se hace cuando los demás parecieran no existir?-

Me alarmo frente a la posible opción de que sea un asesino. Me asomo. Lo veo a él. De vuelta. Irrumpiendo en mi hogar, en mi espacio, en mi mundito cerrado. Donde sólo entra quien yo quiero que entre, dónde todo es multicolor. Pero a este tipo nadie lo dejó pasar, y entra tan campante como si fuera el dueño.

Y sí. Porque eso fuiste y eso sos: un asesino. Y peor todavía. Porque no me mataste a mi sino a mi alma. Me dejaste muerta en vida, y se sabe, que eso es aún mil veces peor que estarlo en serio.

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