Mi consuelo, mi confianza y mi poder.
Querida piedrita, con tan solo una pasada, podes hacer magia. Chispas y estrellas fugaces en el aire, ruidos que rozan lo insoportable, estruendos, ka-boom.
Y con un dedo mío sobre vos aunque sea un miligramo de segundo, con la nada misma, me hacés todo.
Basta con tocarte, para florecer de vuelta, como una flor en primavera, con todos sus colores y sus olores respectivos, atrayente para cualquiera que pase al lado de ella.
Basta con sentirte cerca mío para confiar en vos -aún mas que en mi misma- y creer que me podés hacer sobrevivir a cualquier situación que yo considere inquietante. Fea. Mala.
Gracias. Gracias de parte mía y de todo el mundo. Y no solo a vos, mi pequeñita turmalina. Sino un eterno agradecimiento a todos: a las estampitas, a las pulseras, a los anillos, a la remera, a la bincha, al color, y a las monedas de la suerte, a la cábala. Y a todas las piedritas que ya son tu familia. Gracias, porque gracias a ustedes y a algunos que no logro recordar (y pido disculpas), algunos le damos más sentido a la vida. Gracias, por lanzarse a todos nosotros, inmensas almas desahuciadas, vacías y pobres.
Por hacernos creer en algo, por ser nuestra mera sonrisa. Por darnos todo siendo nada. Siendo una miniminiminimiiini-partícula en este enorme universo.
Por ser la mano que saluda, el abrazo que contiene y el hombro donde llorar.
Y por ser más humana que los humanos mismos: Gracias TOTALES.
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