Y uno empieza a creer. Empieza a creer que hay algo más allá, más allá de nosotros, de este pequeño e inmenso mundo tan particular como un bicho extravagante; de nosotros: este numeroso conjunto de personas sencillas y complejas: hay algo más. Quizás aún más complejo, sencillo, extravagante y particular, o menos, o igual, o quien sabe. Empieza a creer que ahí estás.
Y aún siendo desconocido, sabemos(sé) que existís. Que ahí estás, quieto, inmóvil, mirándonos fijo y riéndote de todos nosotros. Planeando qué hacernos para amargarnos la existencia, cuando quizás todo lo "normal" va bien, (por lo menos lo normal de este mundo).
Desagradable para los valientes que se han atrevido a sumergirse aún mas, a investigarte, e igual de desagradable para nosotros, los cagones que con una película tuya ya nos hacemos pis.
Adornos caídos, la tele lluviosa, plantas secas, llamadas que nadie contesta, timbres que parecieran tocarse solos, ruidos extraños, programados por quien sabe qué ser para ser escuchados todas las noches a la misma hora y lo último y más llamativo: sangre. Sangre en las paredes, en la puerta, en un espejo, en un mueble, cortinas, fotos, y aún peor: debajo del ojo de la virgen de un cuadro.
Por suerte nada de esto es en mi propia casa, donde ceno y duermo. Pero si en la que paso todos mis días, mi segundo hogar, donde prácticamente vivo y temo por aquel día en que no pueda decir lo mismo: mis abuelos.
Pero así y todo acá estamos. Ahí están. Leyendo el diario de todos los días en su sillón de almohadones floreados y cocinando ese estofado tan rico como solo ella sabría lograr.
Conviviendo con la duda y los extraños sucesos que los acechan; el llanto y el qué hicieron ellos para merecer esto me carcomen. Por qué ellos, los más débiles, vulnerables, e inocentes, incapaces de hacerle algún mal a alguien como para padecer esta calamidad. Y ahora te pregunto directamente a vos, ser que no conozco pero confío me escucha y lee: ¿Por qué ellos?
Sé poco y dudo mucho, como cualquiera en este lugar que nunca quise fuera mío.
Pero pase lo que pase, seas lo que seas, les hagas lo que les hagas, solo tengo dos cosas firmes conmigo que no quiero perder por nada del mundo (y de tu mundo también): mi familia y un rosario.
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