Mientras respiremos, nada está mal

6.4.15

Bumerán

Intento concentrarme. Matemática siempre fue lo mío, pero no sin haber dormido la noche anterior.
Mis ojos se nublan; así que los fuerzo para que se fijen en los tantos números que hay en esa hoja y resuelvan lo que haya para resolver (que no sé qué es).
Pueden ser 10, 40, 100 o 500 números: ni idea. Pero mi cabeza dice que son muchos. Y luego se confunde. Entonces me confundo yo. Me cuelgo. Un punto fijo, frío en las piernas, cabeza arriba de la mesa y lapiceras y resaltadores alrededor mío; tres llamadas perdidas de él y nada de 3g. Lo pienso.
A él, lo pienso, lo miro, lo toco, lo disfruto, lo sonrío y lo quiero.

¿Qué lindo sería no?- Darle muchos besitos de esos seguidos y dormir juntos tapados; abrazados; con las mariposas no solo en el estómago sino cubriéndonos todo el alma. Aunque no seamos gringos ni seamos como los de las fotos de tumblr: qué lindo.

Y por alguna desconocida razón, intento imaginar la misma historia con otro. Pero no siento. No me cuelgo y ahora entiendo todo lo de matemática. Con otro no sirve; con el sí.

Y será porque ya lo hice. Ya me mandé la cagada de pensar y creerme ( d e v u e l t a) que el imagina las mismas historias que yo, conmigo; que esto que se siente y se apodera de mi es mutuo; qué me quiere igual y todavía más.

Y de nuevo, una vez más, la misma piedra pero en diferente camino. ¿Cuál es la enseñanza Destino? Contame, que todavía no la aprendo.


Sonrío.

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