Todo lo que antes era cálido, feliz y reconfortante ahora se hace áspero, crudo y cruel. Se transforma en un diálogo filoso, pero tácito. El rencor de algunas se ve entre líneas, pero no sobre los renglones. El orgullo siempre presente, corre el reloj por si solo y nada avanza: porque ni siquiera se mueve.
Quizás si nuestros sentimientos, pero no los hechos, y mucho menos las palabras.
Hay un no sé qué incómodo que ya se hizo costumbre, que habita en esas conversaciones duras.
Donde todo parece estar bien estando mal.
"Antes que la guerra, prefiero mil veces la paz": esa soy yo. Así. Cortita y al pie. Si querés pelear te peleo, y si querés firmar la paz mundial dame la lapicera ya porque me quedé sin tinta.
Vos decidís, yo respondo. O por lo menos con vos es así.
En vez de exteriorizar tu bronca, te la guardás. Yo por lo menos la escribo, sabiendo que lo vas a leer. Algo es algo.
Sabés que si me mandás un audio de una hora lo voy a escuchar y si me escribís un testamento lo voy a leer más de una vez y te voy a responder con uno el triple de largo. Si hay algo que me falta es desinterés, y mucho menos en las personas que quiero y que alguna vez, tuvieron algo que ver conmigo. Valoro todo lo pasado, aunque nuestro presente sea bastante mediocre. El visto no existe en estos casos, porque me importa más de lo que pensás.
En vez de orgullosas diría que somos cobardes, un poco más vos que yo (no pretendas que te tire flores, se supone que está todo mal che). Nos escondemos en letras, pero hacemos que está todo bien hablando dos palabras cuál nuevas vecinas cordiales. No sé si pasa algo, la verdad se tornó todo demasiado confuso y perplejo para mi razonamiento. No sé si estás enojada, la verdad que no lo sé. Pero conociéndote algo, entiendo que algo te pasa.
Te hiciste desconocida, y creo que yo igual para vos. Sabés -y sino lo sabés te lo digo ahora- que yo sigo siendo la misma. Soy y seré siempre la misma. Como escuché una vez, la naturaleza con la que nacemos se conserva hasta que morimos. Nacemos, somos y morimos siendo uno.
Los altibajos y los cambios en la vida o en la personalidad de uno son comunes. Pero vas a seguir siendo siempre el mismo, porque los cambios en uno los ven los otros pero vos te conocés completo.
Maduré, y también me adelanté a algunas cosas. Corrí en un sendero sin trazar. O sin terminar de trazar. El camino terminó y en vez de parar yo me lancé al precipicio; y en el aire caí. Pero algo aprendí y acá estoy, fluyendo.
No estoy para peleas, o para comentarios sarcásticos. Mucho menos para mensajes tácitos escondidos en letras -aunque yo lo haga a veces-. Y menos que menos, antes de dormirme que mañana tengo un día largo. Piedad.
Si me tenés que decir algo decimelo. No encuentro otra forma de pedírtelo, todavía me queda orgullo. Perdón.
Siento muchas cosas pero no siento la necesidad de decírtelas yo primero, porque son todas respuestas a preguntas que me tenés que hacer vos. Estoy dispuesta a meter todo en una bolsa y encajonarla en alguna parte de mi ser, si vos querés la paz.
Acordate: lo desconocido se puede conocer.
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