Mientras respiremos, nada está mal

21.3.15

El Gris

Cinco de la tarde casi seis, espero al médico en la cama, tapada hasta la cabeza y con una media distinta a la otra. Estoy totalmente congestionada, me duele el cuerpo y la cabeza también.
Sin embargo no hay dolor que le prohiba a mis dedos fluir y escribir lo que tengan ganas.

Ellos también sienten y sufren, pero a diferencia mía no dudan en exteriorizar sus emociones. Mi medio es el habla, es la boca. Con ella digo y me equivoco. En su caso son los músculos y el impulso de algo que desconozco pero sin duda es mucho más fuerte que yo, y por eso deciden hacerle caso más a el que a mi, aunque sea una mezcla de ambos.

Entra una luz blanca y tenue de la ventana. Una luz nublada y gris. No hay sol. Es un día gris.
Ni muy muy ni tan tan. Pero tiene lo suficiente de "muy" y de "tan" como para inspirarme a escribir esta retahíla de estupideces. 

Cada día es distinto y hoy soy lo que ves si me podés ver. No hay truco ni vuelta. Hoy estoy transparente, me tocás de suerte y al azar y si lo lográs sentite Dios.
Mis ojos están confundidos y nublados, igual que todo lo que me rodea. No hay mucho contraste entre cosa   y   cosa.  No es una película a color pero tampoco una blanco y negro. Tampoco sepia. 

Es una nueva energía multicolor, que se renueva marzo a marzo. Las emociones se sienten a flor de piel, aunque no estemos en primavera. Es así. Todo está tan transparente que se hace confuso e irreconocible para nuestra perspectiva. 

Mi cuerpo está dolorido. Necesito quedarme en la cama mucho tiempo más, pero no tengo sueño. 
De dos pisos más abajo, viene un olorcito a café caliente recién hecho.

Como todo en este día, no logro entender bien que es lo que tiene pero si entiendo que me hace recordar a tiempos pretéritos, una suerte de nostalgia otoñal. 

Me recuerda a los primeros días de colegio de hace cuatro o cinco años, a el olor a libro nuevo, a el tener que salir de la ducha con el pelo mojadísimo un día de invierno, a hacer la tarea en la cocina con mamá y con las hornallas prendidas porque hace demasiado frío, a las medias, al jogging, al secador de pelo y sin duda me hace acordar al propio olor a café que se sentía cada otoño a las doce de la noche, antes de dormir para al otro día ir al colegio. 

Porque a pesar de que hoy todo es transparente, logré tocarlo al azar y ahora lo conozco completo. Una vez que lo toqué le di color y ahora lo pude leer. Me di cuenta de que su propio olor no es más que él, el mismo. 

Ya no hay vueltas ni complejidades. 

El olor a café es olor a café, y yo sigo siendo yo. 
El problema es qué día lo huelas y qué colores colmen tal día.

21 de marzo de 2015, día de tonos grises y blancuzcos, poca saturación y colores fríos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario