Sin embargo no hay dolor que le prohiba a mis dedos fluir y escribir lo que tengan ganas.
Ellos también sienten y sufren, pero a diferencia mía no dudan en exteriorizar sus emociones. Mi medio es el habla, es la boca. Con ella digo y me equivoco. En su caso son los músculos y el impulso de algo que desconozco pero sin duda es mucho más fuerte que yo, y por eso deciden hacerle caso más a el que a mi, aunque sea una mezcla de ambos.
Entra una luz blanca y tenue de la ventana. Una luz nublada y gris. No hay sol. Es un día gris.
Ni muy muy ni tan tan. Pero tiene lo suficiente de "muy" y de "tan" como para inspirarme a escribir esta retahíla de estupideces.
Cada día es distinto y hoy soy lo que ves si me podés ver. No hay truco ni vuelta. Hoy estoy transparente, me tocás de suerte y al azar y si lo lográs sentite Dios.
Mis ojos están confundidos y nublados, igual que todo lo que me rodea. No hay mucho contraste entre cosa y cosa. No es una película a color pero tampoco una blanco y negro. Tampoco sepia.
Es una nueva energía multicolor, que se renueva marzo a marzo. Las emociones se sienten a flor de piel, aunque no estemos en primavera. Es así. Todo está tan transparente que se hace confuso e irreconocible para nuestra perspectiva.
Mi cuerpo está dolorido. Necesito quedarme en la cama mucho tiempo más, pero no tengo sueño.
De dos pisos más abajo, viene un olorcito a café caliente recién hecho.
Como todo en este día, no logro entender bien que es lo que tiene pero si entiendo que me hace recordar a tiempos pretéritos, una suerte de nostalgia otoñal.
Me recuerda a los primeros días de colegio de hace cuatro o cinco años, a el olor a libro nuevo, a el tener que salir de la ducha con el pelo mojadísimo un día de invierno, a hacer la tarea en la cocina con mamá y con las hornallas prendidas porque hace demasiado frío, a las medias, al jogging, al secador de pelo y sin duda me hace acordar al propio olor a café que se sentía cada otoño a las doce de la noche, antes de dormir para al otro día ir al colegio.
Porque a pesar de que hoy todo es transparente, logré tocarlo al azar y ahora lo conozco completo. Una vez que lo toqué le di color y ahora lo pude leer. Me di cuenta de que su propio olor no es más que él, el mismo.
Ya no hay vueltas ni complejidades.
El olor a café es olor a café, y yo sigo siendo yo.
El problema es qué día lo huelas y qué colores colmen tal día.
21 de marzo de 2015, día de tonos grises y blancuzcos, poca saturación y colores fríos.
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