Después de aquel 25 de noviembre de 2014, te volví a ver. Volví a verte esos ojos azules que en algún momento me llevaron a lugares que no logro expresar en palabras. Volví a verte a vos, que fuiste llanto y sonrisa en el mismo minuto. Que fuiste mi tormenta en días soleados y mi sol en días de lluvia. Te vi a vos, que eras el único capaz de hacerme cualquier cosa porque me tenía en sus talones.
Y en tres meses y medio de vacaciones, llegué a la conclusión de que ahora quería que fuéramos solo amigos. Porque yo te quería, quería reírme de las boludeces que decías siempre, y quería poder abrazarte y decirte "Te quiero" sin necesidad de ser nada amoroso.
Y mi deseo seguía firme y sigue firme hasta hoy.
Nos habíamos dejado de seguir en Twitter y nunca supe como quedaron las cosas hasta hace un par de días. Sabía que te iba a ver otra vez, y me intrigaba escuchar lo primero que me ibas a decir o si me ibas a saludar.
Fui con todo el optimismo y digamos que se cumplieron mis expectativas.
En esta semana me saludaste, me sonreíste, cruzamos miradas, y me hablaste como si todo estuviera más que bien.
Hoy, me desperté a eso de las seis y a eso de las ocho, en uno de mis vagos pensamientos, vino el de seguirte en Twitter. Tenías el candadito, pero igual no me molestó mandarte para que me apruebes: tenía la fe y esperanza de que como todo estaba bien, podía mandártelo y perder todo el orgullo que tenía, y así poder ser amigos sin rencor ni resentimiento..
Me aceptaste, pero no me seguiste.
Es una boludez pero cuenta. ¿Qué te jode seguirme? ¿Qué te jode seguirme como seguís a todas las boluditas pajeras del curso? Seguís siendo el mismo pibe forro e histérico de siempre, y espero que en estos días te dignes a seguirme en Twitter, bastante que te seguí de vuelta yo, que era la enojada acá.
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