Mientras respiremos, nada está mal

8.6.15

Abrazame un rato más

Desde que se saludaron hasta que se despidieron ella no pudo dejar de mirarlo, insinuadora, esperando quizás lo mismo o más de la otra parte. Lo deseaba, lo quería, lo extrañaba. No sabe bien qué fue lo que la conquistó; pero tenía que ser lo suficientemente fuerte y poderoso como para resistir al tiempo que había pasado y más que nada, a la distancia. ¿Qué era eso que la tenía tan pendiente de él, tan "arreglarse el pelo todo el tiempo y mirarse en cualquier vidrio que la reflejara"? ¿Y por qué no lo sabía?
Habían pasado tanto tiempo juntos que ya eran años. Literal y metafóricamente, habían pasado años entre ellos y el sentimiento que había, quizás algunas veces más apagado y frío, y otras más fugaz y caliente, persistía aún hasta ese momento.
Ahora no era cálido o frío, apagado o fugaz: era una mezcla de ambos, una cosa inentendible para los dos.
Sabía que no era el típico pibe al que todas le dan sin dudar, ni por casualidad. Sabía que ella era de las pocas a las que le podría atraer físicamente, pero eso no le importaba tanto, sólo a veces...: Su sonrisa podía más que cualquier quédirán
La tarde transcurrió normal entre risas y recuerdos, como cada vez que visitaban su anterior colegio. No estaban solos, así que a veces se distraía. Definitivamente, esa no había sido la mejor visita al colegio: a pesar de que se distrajera, él estaba fijado en la mente de ella, firme y decidido a quedarse allí.
Por un momento decidieron ir al aula, donde jugando con marcadores, el fabuloso marco de polvo de tiza- pizarrón- oscuridad- ningún nene corriendo, creó una atmósfera tan nostálgica como frenética dentro de ella.
Nadie sabe cuánto daría ella por saber si el sentía lo mismo, por lo menos en ese momento. A lo largo de todos los años que habían pasado juntos, se habían dado situaciones así de noviecitos entre ellos, se ve que desde el primer instante había existido esa inapalabrable sensación entre ambos y quizás el correr del tiempo la había hecho tan resistente.

Pero después de todo un año sin verse, en el que cada uno había hecho la suya independientemente del otro, en el que ella había sentido otros no sé qué por otro, ¿por qué al verlo aún sentía por el? ¿Tan fuerte sería su amor? ¿Y si así era por qué no estaban juntos, entonces? 

Cuando llegó la hora de irse, en grupito de dos y dos (entre ellos, él), la acompañaron a su casa, que era a pocas cuadras de la escuela. Era la hora de despedirse y aceptar que no sabrían cuándo se volverían a ver. Era un chau hasta no sé cuando, pero espero que pronto.

O por lo menos así era de parte de ella, que al abrazarlo, sentía y disfrutaba sus manos en su cintura y su cabeza por sobre su hombro, y la de ella sobre su pecho, como un bebé en el pecho de su mamá, contenida, querida, protegida de todo mal y vulnerable únicamente a él, el único capaz de hacerle algún daño, y sin miedo a que nada le pase, porque por el se la jugaría como un loco desquiciado por la quiniela y se lanzaría como un ciego a una pileta sin saber si está llena o vacía, porque por el era todo o nada y nada más importaba que ella dentro de él, al mismo tiempo que sus brazos entrelazados y su corazón frenético, eufórico, con esa sensación de no sé qué tan hermosa y plena que solo duraría unos segundos, y que más tarde recordaría entre sueño y sueño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario