Sin embargo el frío, las once y media de un viernes y el no salir, junto con la lógica de buena nena que tuvo siempre la hacen querer desviarse.
"¡Chau a la buena conducta, y a chocar!" piensa en voz baja, a la vez que trama el mejor plan para encontrar cigarrillos en alguna parte.
En la desesperante búsqueda se encuentra a ella, de un aspecto bastante arruinado y enfermo, ojerosa, pálida. También ve que sostiene un cigarrillo. Y seguidamente ve humo; un humo que aumenta y que la deja ciega, confusa.
Duerme. Y sueña con ese reflejo blasfemo, e "imposible".
Despierta. Pero no hace más que escuchar "Un poco de amor francés", acompañada de un cuarto de helado y un libro que ya leyó.
Un rato después las letras góticas y negras de la palabra "Marlboro" exaltan su mente, y un humo de olor mentolado enciende en ella la chispa del amor...
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