Mientras respiremos, nada está mal

15.6.15

Camaleón x elección

Todos somos diferentes. Pero hay algo en los demás que los hace ser tan uniformes a mi vista, tan iguales. Como si yo fuese de otro planeta totalmente diferente, como si fuese una infiltrada en cualquier sitio.

Aunque si hay algo que los diferencia y es visible: sus pasatiempos, distracciones, etc. Eso que siguen con un ritmo, que deben respetar, que se hace una obligación más. Tienen que cumplir días y horarios, usar una vestimenta determinada, seguir las reglas.

Hay muchos, pero ellos optan por hockey, fútbol, volley, patín, handball, natación, danza, y así. Los años pasan y de a poco se van haciendo expertos en lo que hacen, cada día lo hacen mejor.

Y después estoy yo. La que nunca tuvo ese "pasatiempo" disciplinado que la caracteriza, que la hace distinguirse por un talento distinto al de otros o especialista en algo que, quizás algún día, pueda demostrarles mínimamente. La nada.

En un cruce conmigo misma logro pensar que quizás esto de escribir sea mi distinción, aunque la idea sale medio inconclusa. Es como si no entrase en ese grupo cerrado de "deportistas", y ahí nace la diferencia, que crece en el momento de llamar a ese pasatiempo "distracción". Porque escribir NO ES una distracción, es todo lo contrario. 

Disfrutan hacer eso que los transporta, eso que los hace olvidar de todo lo demás, que los hace sumergirse en un mundo de sólo felicidad.

Cuando meten el gol, cuando la pelota pasa la red, cuando hacen un truco o les sale ese giro que parecía ser imposible. Cuando la música suena, cuando la hinchada se vuelve loca. Cuando las tribunas se ponen de pie para aplaudir ese suceso, esa emoción que tiene esa "distracción" en sí.
Ya sea un gol, un paso difícil que salió o una nota demasiado aguda que sale afinada: ¡es increíble! No pasa tan seguido pero cuando pasa, es merecedor de un reconocimiento exagerado y eufórico.

Acá, a mi, no me pasa eso. No tengo emoción, no hay salto, golpe o remate, por lo menos en este tipo de formato de escritura. Siempre es renglón tras renglón.
Aunque en un relato paralelo a este se me ocurre, ¿y si la gran euforia se produce en el corazón del que lee, en lo más profundo del ser? ¿No es igual de hermoso que gritar un gol, o meterlo?

Tampoco hay distracción. Cada renglón me concentra más en lo que pasó en el día, o en el día anterior, o hace un mes, o hace años.

Cada oración me transporta, me concentra más en mi y en lo que sucede dentro mío.

YO creé mi lugar, mi espacio. Que es variable, adaptable, que cambia constantemente en su totalidad.
YO creo mis reglas -que en realidad no son reglas-. Lo único fijo son mis manos -¡que bailan!- y mi computadora. Lo demás, lo dejo a mi criterio. Puedo escribir en la cama, en el piso, o arriba del techo. Puedo escribir lo que me pasa o puedo inventar. Puedo hacer toda una página sobre un tema o puedo escribir tres renglones. Puedo ser concreta o irme por las ramas de este enorme árbol que es la vida. Pero en fin. ¡puedo!.
YO elijo. ¿Y qué mas lindo que eso? ¡LA LIBERTAD!


POR AHORA me quedo acá. Acá, mientras que los otros eligen esa distracción que los calma, los duerme y aleja de la oscuridad y todos los caretas de este mundo, yo estoy acá: sumergiéndome cada día más en toda esta mierda que suelen llamar humanidad.

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