Mientras respiremos, nada está mal

1.6.15

En la lona

Y ahí es cuando elijo (o intento elegir): cuando está destrozado. Con el alma rota y sin exigencias. No pide nada a cambio, solo un hombro donde llorar. No entiende de orgullo o engaño y no es cobarde: es mucho más valiente que el que se guarda todo.
No le veo la reputación, sino sus sobras; y con eso pienso y analizo.
Y ahí sé, distingo. Distingo del boludo/a que decide decir que está todo bien e intentar creérselo para inventarse un mundo inexistente que poco a poco se le va a derrumbar. Entonces elijo: al que me esclarece el alma y me muestra su lado más puro.

Y me doy cuenta que vale la pena.

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