Se ven. La primer mirada es tímida, inocente y entregada. Lo besa; en la mejilla. No dice nada. Sus amigas "se van" y quedan solo ellos. Había estado esperando ese momento exactamente hacía un día. Pero no como suena "un día", a lo "poco". UN DÍA, veinticuatro horas literal, cada una con sus sesenta minutitos largos y ansiosos. Las mariposas en el estómago y en la mente algunas historias platónicas, pero esperanzadas de cumplirse; sus mensajes de texto y su demostración de "ansiedad"que la ponían más ansiosa a ella y el aliento de sus amigas: Ese era su día.
No tiene idea de qué hacer ni qué decir, aunque haya "preparado" algunas cosas antes, no cree en la victoria de lo planeado. Simplemente no va. Le saca todo lo natural, torpe y experimental que tienen las "citas". Ella prefiere llamarlo "encuentro", porque va a probar, a ver qué onda. No hace nada más que mirar para otros lados, esperando el primer paso. Que no tarda más de diez segundos en aparecer. La mano de el en la de ella y un seductor empujoncito para el primer y mejor encuentro, que se da en los apasionados labios de ambos. Caminan, van, vienen, pero están juntos. Hace frío. Hablan, se agarran las manos, se abrazan. Pero nada de esto es un decir, no no. Por más omnisciente que me crea hay un dato que me falta y quizás sea fundamental para comprender bien esta historia, y es que no sé si él corresponde a lo que sí sé: la electricidad y la pasión corren por todo el cuerpo, de ella. Su corazón late y suspira, pidiendo a gritos torpes un beso más.
No sabe bien qué es: la necesidad de aires nuevos, simplemente querer sentir algo, o querer sentir algo por alguien que no sea él; pero su alma está exaltada y borracha: entonces no hay timidez o miedos y sus labios pueden más que todo alrededor.
No sabe bien qué es: ¡pero no le importa!
Empieza a gozar del aplicar al fin lo que tanto viene planeando. Aunque no cree en lo preparado, esta vez sí. El carpe diem sale sin preguntar, ya se cansó de esperar el momento. ¡Porque no hay momento! El momento es siempre, todos los días, a toda hora. Y ESE es el momento perfecto.
Frío, pasto, sol y amor. Levanta la vista y lo ve a los ojos; no duda en besarlo de vuelta. 120 minutos y se fue la magia, pero fue eterno dentro de ella.
Ahora solo le queda una única cosa que la puede hacer recordar al punto de sentir esa mera electricidad en todo el cuerpo, y es su perfume, el particular aroma a él, tan dulce y tóxico, que metido entre beso y beso también gustó de ella.
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