Mientras respiremos, nada está mal

18.6.15

Romboi(d)e

Hay días que tienen todo para que mi sonrisa sea sencilla y sincera. No hay nada malo, a pesar de alguna nota o algún bajón inevitable. Sonrío, feliz y boluda-mente.
Hoy es uno de esos días. En los que todo es tan perfecto que hace desconfiar (e imagínense a mi).
Quizás algo tenga toda la pinta de ser hermoso cuando es una mierda, o quizás todo esté bien en serio y yo tengo la necesidad inconsciente de encontrar algo mal porque sí. Pero eso no lo sé y tampoco lo voy a saber, entonces continúo mi día como viene.
Teníamos Lengua y la profesora estaba tardando, pero la preceptora nos había hecho esperar sentados y callados porque los pibes habían hecho quilombo. Sorprendentemente todos obedecieron y el silencio era perpetuo.

Me colgué mirando mi lapicera mientras me balanceaba lentamente en la silla, para no llamar la atención de la preceptora. No sé bien por qué (aunque creo que podría ser por esa rara y "sin quererla" necesidad de encontrar algo qué pueda analizar y exprimir), me acordé de algo que me pasa a veces, una manía, problema, defecto o locura:
A veces, cuando estoy escribiendo, me trabo en alguna letra y tardo unos segundos en poder arrancar, o escribo todo muy prolijo pero en alguna letra algo le pasa a mi mano que se desvía, y hace dicha letra más grande o más chiquita que las otras, o fuera del renglón, o lo que sea.
Tampoco sé bien por qué, pero cuando esto me pasa, considero que hay algo dentro mío que no está bien: algo mal, tan profundo que ni siquiera yo puedo darme cuenta. Y como espejo están las letras y la tinta, que me dicen que hay algo trabado, fuera de su lugar, algo que no está como verdaderamente yo desearía, algo que hay que corregir.
Agarro mi liqui y borro, y con cuidado y mayor atención intento reescribir la letra, intentando que sea igual a las demás y que quede perfecto.

Pero no lo logro y tampoco voy a poder lograrlo más adelante.

La palabra que corrijo "romboide", jamás podrá verse perfectamente escrita, porque ya escribí mal la D.
Porque el liqui se sigue viendo por detrás. Se ve la marca, la huella de que alguien se equivocó e intentó arreglarlo. Y para un don nadie que lee el párrafo y pasa por la palabra "romboide", quizás esté más que perfecto. No hay ningún error ni de ortografía ni en la prolijidad.
Pero para el que mira dónde pisa y no se fía de nada (ni nadie), la cicatriz de la equivocación estará siempre impregnada en la hoja, indeleble, e imposible de arreglar.
Sólo se puede olvidar y seguir escribiendo, aunque a la hora de estudiar, -el que sabe bien dónde pisa- quizás no pase por alto la D corregida.

Entonces una herida se vuelve a abrir.

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